Por: Lourdes Ramírez

Son 25 jóvenes, vienen de diferentes comunidades, sus edades oscilan entre los 17 y los 29 años. Algunos tienen miedo de reunirse con personas extrañas y compartir sus experiencias con la migración. “No tengan miedo” les dice la mujer que coordina el encuentro, “ésta reunión es para que ustedes puedan expresarse y contar sus historias, digan todo lo que piensan, éstas personas que quieren escucharlos son representantes de gobiernos amigos, que quieren invertir fondos en Honduras, hablen sin miedo, confíen” les dice la representante de una Fundación, tratando de ganarse la confianza de la juventud presente.

Poco a poco, comienzan a presentarse, dicen su nombre y la comunidad donde viven, unos se expresan con más libertad que otros, les cuesta vencer la timidez. El tiempo de la reunión se extiende por más de dos horas y no pueden salir muy tarde porque regresar de día a sus casas es más seguro para todos.

Se formulan varias preguntas, las que van contestando de acuerdo a como se sienten identificados; ¿han pensado en migrar del país?, ¿por qué?, ¿conocen otras personas, familiares, amigos o vecinos que lo han hecho?, ¿cuál ha sido la experiencia de ellos?, ¿cuáles creen que son las causas de la migración?, ¿qué haría que no pensarán en migrar?

Los asistentes, tanto los varones como las mujeres, comentan que no encuentran empleo, que les piden experiencia y en ningún lugar les dan una primera oportunidad para adquirir esa experiencia. También argumentan que los ingresos que les ofrecen son bajos y no pueden cubrir sus necesidades y las de sus familias, con un salario mínimo o en algunos casos por debajo del salario mínimo.

“Estamos cansados de salir a buscar trabajo, voy a ferias de empleo y no hay suficientes oportunidades para todos, tengo que pagar por imprimir el currículo y si gasto en eso no tengo para pagar el transporte para ir a dejarlo” comparte José de 19 años.

Actualmente, el salario mínimo aprobado para el 2020 oscila entre 6,762.70 lempiras ($270) a 12,357.84 lempiras ($498) de acuerdo al rubro o actividad de la empresa. Algunos rubros pagan salarios inferiores, como parte de acuerdos o “incentivos” al sector privado para la generación de empleo.

Los salarios se calculan según el costo de vida, con base a la canasta básica familiar, que solo incluye los alimentos, sin considerar los costos de pago de energía eléctrica, transporte, salud, educación y vivienda., entre otros.

Mario, un joven que ha intentado migrar dos veces, asegura que la exclusión y discriminación por el lugar donde vive evita que pueda conseguir un trabajo, que a todos los jóvenes que viven en su comunidad los ven como criminales, solo porque algunos muchachos se han involucrado en grupos organizados y han cometido delitos, por lo que algunos de sus vecinos han sido capturados por la policía.

“vivir en un lugar, a mí no me define como persona”, expresa Suyapa, una joven de 21 años que no logra conseguir empleo, a pesar de ser una maestra de educación primaria y saber inglés. Su mamá migró cuando ella tenía ocho años, dejándola a ella y a su hermano menor con su padre. “Yo nunca quiero ser extranjera en ningún país” dijo.

Su madre es una migrante que trabaja en los Estados Unidos, ella no quiere que Suyapa migre, porque ella ha sufrido mucho lejos de la familia y no quiere que pase por las mismas dificultades, según la historia compartida por la joven. Tiene más de 14 años de no ver a su mamá, no quiere irse porque sus estudios “no son válidos allá” y aquí está en su país, su madre siempre ha tenido miedo de ser deportada y ella no quiere vivir con el mismo temor.  

Suyapa, asegura que asiste a varias ferias de empleo y siempre le dicen que la llamarán, pero ella sabe que no será así, porque es la misma historia, que se repite, una y otra vez. La juventud presente coincide, al escuchar a Suyapa, en que el estigma por el lugar donde viven evita que les den una oportunidad de empleo.

Manuel es otro de los jóvenes que intentó migrar tres veces, estuvo a punto de morir asfixiado en el maletero de un bus en México, “éramos como 20, escondidos detrás de las maletas en la parte de abajo del bus, el chofer nos dio un teléfono y nos llamaba cada media hora, para saber si todavía respirábamos, en otra oportunidad me metieron en la cajuela de un taxi, fueron tres intentos, tres pesadillas, pude ver como unos amigos míos estuvieron a punto de morir”, compartió Manuel, reservándose los detalles más dramáticos de las experiencias vividas, porque no se siente seguro con las personas a su alrededor.

Juan, otro de los presentes, expresa que; “uno piensa en migrar, pero por la violencia que se vive en el recorrido e incluso en los Estados Unidos, por eso no quiero migrar”, estoy tratando de conseguir trabajo en un “call center” gracias a una Fundación estoy aprendiendo inglés desde hace seis meses”.

Claudia, otra joven que estaba decidida a migrar sin importar los riesgos, al escuchar a los demás, reflexiona y dice “perdí el interés, porque los problemas que pasan durante el viaje son muchos y prefiero seguir aquí, estoy estudiando y capacitándome para lograr conseguir un trabajo y ayudar a mi mamá, ella se pone triste cuando le digo que me iré “mojada”.

Para evitar contribuir a la estigmatización de las comunidades donde viven los jóvenes que participaron en esta reunión no mencionaremos los nombres de los barrios y colonias. Son jóvenes de la zona norte de Honduras. Es la misma historia, hablamos con ellos en Atlántida, Zona Central, Zona Norte y Zona Sur de Honduras y se repiten sus mensajes, “nos discriminan por el lugar donde vivimos, nos piden experiencia para darnos un empleo y nadie nos quiere ofrecer una oportunidad para adquirir esa experiencia”.

Las historias que comparten algunos de los jóvenes que han intentado migrar sin éxito sorprende a quienes hasta ahora no lo intentan. Están convencidos de los riesgos que existen al migrar y prefieren seguir buscando oportunidades en Honduras, a pesar de las dificultades que enfrentan.

Ante la falta de oportunidades de empleo, algunas organizaciones promueven los emprendimientos para la juventud. Y a través de donaciones de insumos, que gestionan con el sector privado, así como la formación técnica en producción de alimentos, algunos jóvenes, tanto hombres como mujeres se han beneficiado y logrado iniciar sus pequeños negocios para su sustento y el de sus familias. Estos esfuerzos son válidos, pero no son suficientes para la cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan en todo el país.

Opiniones de la juventud:

“Nunca he tenido la intención de irme por los riesgos que se corren, tengo familia allá, pero sufrieron mucho durante el viaje, el coyote los abandonó, un vecino estuvo secuestrado por grupos criminales y la familia tuvo que sacar préstamos para poder rescatarlo”.

“Yo pienso que migrar es para los valientes y yo no tengo ese valor, prefiero seguirme preparando para lograr seguir adelante, no arriesgarme. A un amigo lo quisieron obligar a integrar una banda de secuestradores de migrantes, pero se escapó en la primera oportunidad, sufrió mucho maltrato”.

Resumen de lo planteado por los jóvenes:

Los jóvenes en su mayoría, expresaron su preocupación por la falta de oportunidades que existen en Honduras y los riesgos que enfrentan en sus comunidades, aunque para algunos; “la violencia no representa una razón para migrar”.

El problema del estigma que existe, por el lugar de residencia, fue expuesto de forma generalizada por todos los presentes, como uno de los principales obstáculos para obtener empleo.  La mayoría de ellos no cree que la situación del país vaya mejorar a corto plazo.

Esperan que se les den las oportunidades a través de las Fundaciones que los están capacitando como; FUNADEH, CASM, PROJOVEN, VISIÓN MUNDIAL, CADERH, entre otras.

La mayoría de ellos viene de hogares desintegrados por la violencia y la migración de sus padres. Algunos le dan gracias a Dios por no haber ingresado a pandillas, porque “ya estarían muertos o en la cárcel”.

Los migrantes retornados ya no quieren volver a experimentar los riesgos de la migración a pesar de que cuentan con respaldo de sus familiares en Estados Unidos, dispuestos a pagar a los “coyotes”.

Motivaciones que necesitan para quedarse en el país

  1. Empleo digno
  2. Salarios justos
  3. Educación de calidad
  4. No discriminación
  5. Mayor seguridad
  6. Reducción de la violencia

Factores principales para migrar:

  1. Falta de Oportunidades
  2. Discriminación
  3. Estigma por lugar de residencia
  4. Inseguridad
  5. Influencia familiar
  6. Si se queda en Honduras le dará a su hijo una vida mediocre
  7. Ha visto el éxito de familiares que han migrado

Factores para quedarse:

  1. La familia
  2. Miedo a los riesgos (más peligroso el viaje por el trato que recibieron, por las dificultades que pasaron)
  3. Alternativas en la generación de oportunidades
  4. Respaldo a la juventud con talentos para el arte o el deporte
  5. Veo normal la violencia, no es un factor para que yo migre

Experiencias de los que migraron y retornaron:

  1. Aguantaron hambre
  2. Durmieron escondidos en el monte
  3. En los taxis los metían en los baúles
  4. En los buses los metían en los maleteros
  5. Tenían miedo de todo lo que habían escuchado que le pasaba a los migrantes
  6. Fueron capturados por migración en la frontera
  7. Intentaron hasta tres veces sin éxito

Solicitud de la juventud:

  1. Seguimiento a los programas educativos
  2. Formación técnica y educación formal
  3. Opciones de estudio a corto plazo
  4. Educación de calidad
  5. Construcción de espacios recreativos
  6. Oportunidades de empleo rompiendo el estigma que existe contra ellos

Otras razones:

Las historias son dramáticas e interminables. Carmen, una mujer de 53 años residente en Cortés, se sorprendió un día en que su hija Martha de 25 no apareció y fue por medio de otras personas que se enteró que se había ido con otras vecinas rumbo a los Estados Unidos. Después de 45 días de no saber nada de su hija, recibió una llamada desde México, le exigían 15 mil dólares para mantener con vida a Martha. Le dieron instrucciones sobre cómo y a quién enviar el dinero. Las exigencias siguieron y después de reunir más de 25 mil dólares recibió otra llamada desde una oficina de migración en la frontera con los Estados Unidos, donde le avisaban que Martha estaba en un centro de detención. Carmen fue estafada, engañada por delincuentes que habían asegurado a Martha que eran solidarios con ella y que le avisarían a su madre que se encontraba bien y ella les compartió confiada el número de teléfono.

Martha no abandonó su país por falta de oportunidades, ella tenía un negocio y su familia es solvente económicamente, sin embargo, fue amenazada, por no permitir la distribución de marihuana en su local, donde se vendían alimentos.

Datos recientes:

Solo en los primeros 40 días del año 2020, más de 10,000 hondureños han sido deportados. Los hondureños retornados, forman parte de las dos primeras caravanas migrantes que salieron rumbo a los Estados Unidos a inicios del año, según el Observatorio Consular y Migratorio de Honduras. Los mismos datos de (CONMIGHO) establecen que, en enero de 2020, tanto de México, Estados Unidos y países de Centroamérica retornaron 8,193 hondureños. En cambio, en enero de 2019, tan solo 4,711 connacionales fueron deportados.

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