Doctor HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO, Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”

VIENEN…En segunda instancia, la Controversia de Cambridge hace un llamado a construir una nueva teoría que permita estudiar procesos dinámicos como la acumulación, los cuales resultan fundamentales para entender problemas de distribución. La discusión en cuestión demostró que el análisis de estática comparativa neoclásico es insuficiente para comprender el proceso de acumulación. La función de producción neoclásica es incapaz de distinguir entre comparaciones de equilibrios y el tránsito de un equilibrio a otro. Por lo tanto, no es posible estudiar a partir de ella cuestiones como la formación de riqueza, la concentración del ingreso o la determinación del ahorro de una economía.

Paralelamente, economistas de ambos bandos-entre ellos Paul Samuelson-reconocieron que la tasa de rendimiento del capital no puede ser correctamente determinada bajo el análisis neoclásico a causa de la heterogeneidad de los bienes de capital, de manera que no hay forma de establecer la participación de los dueños del capital en el ingreso y, por consiguiente, de los asalariados.

Adicionalmente, la “reversión de capital”[1]-cuando técnicas menos intensivas en capital pueden estar asociadas con valores menores de la tasa de retorno[2]-y el “reswitching[3] -cuando una técnica de producción es óptima para altas o bajas tasas de interés, pero no para todo el rango-implican que las curvas de demanda de capital pueden tener pendiente alternantemente positiva. Estos fenómenos han invalidado la idea neoclásica de que las remuneraciones de los factores están dadas por su producto marginal, lo cual derrumba la explicación de la distribución del ingreso por medio del equilibrio entre la oferta y la demanda de los factores productivos (Jiménez, 2012[4]). Así, según Garegnani (1972), el salario representa una incógnita de la misma forma que la tasa de ganancia; por lo tanto, ya no tiene ningún significado en la determinación de las ganancias como excedente. Cualquiera sea la unidad en términos de la cual se mide el valor de los bienes de capital, dicho valor no cumplirá la condición de ser independiente de los cambios de la distribución; cambiará ese valor cuando lo hagan la tasa de salarios y la tasa de ganancia, permaneciendo constante todo lo demás.

Por su parte, Carlo Benetti también argumenta que la noción de productividad marginal no se puede usar en una teoría de la distribución del ingreso basada en la relación funcional entre productividad marginal de un factor y la cantidad utilizada de este factor, ceteris paribus (Benetti, 1974). Uno de los aspectos que sostiene lo anterior es el hecho de que sólo se puede obtener una curva funcional bajo la hipótesis de factores homogéneos. Esto es consecuencia de que, si todas las cantidades empleadas son iguales, la productividad marginal de una unidad adicional no dependerá de la calidad de la unidad sino de la cantidad total empleada del factor. Lo anterior resulta problemático considerando que en la realidad factores de producción como la tierra, el trabajo y, más aún, el capital se caracterizan por ser heterogéneos. 

En consecuencia, la teoría de distribución según la cual cada factor es remunerado acorde a su productividad marginal y escasez relativa queda desacreditada. Por ende, la controversia apunta a que se requieren teorías que permitan entender las “leyes de movimiento” de los sistemas económicos para verdaderamente abordar los problemas de distribución. Así, Harcourt[5] y Sardoni[6] (1976) afirman que la Controversia de Cambridge constituye un llamado a ubicar los modelos teóricos dentro de un contexto histórico que considere relaciones de poder y otros factores sociológicos en el análisis de los mercados de factores. Por ejemplo, Robinson (1946) argumenta que, en tanto los individuos dependen del mercado para sus vidas diarias, las clases sociales-es decir, su posición en la división del trabajo-se vuelven una unidad fundamental de análisis. De esta manera, afirma que las tasas de retorno potenciales surgen de las distintas relaciones sociales y de poder inmersas en el proceso productivo.

Ahora bien, si la controversia logró demostrar la existencia de inconsistencias en la manera como se estudia la economía, ¿por qué no se han construido modelos que respondan a estos problemas? En la actualidad, la crítica inicial de Robinson y Sraffa suele mencionarse únicamente en los pies de página de las explicaciones de los libros de economía. Esto, porque los economistas se escaparon rápidamente de la controversia a través de argumentos teóricos y empíricos débiles. Por un lado, una vez Samuelson anuncia que el problema radica en el reswitching del capital, los teóricos llegan al consenso de que este es un fenómeno que ocurre esporádicamente en las empresas, por lo que la controversia del capital sólo debe ser una preocupación en contados casos. También, se ha propuesto la alternativa de pensar la economía desde un sólo bien de capital o suponer capital homogéneo, lo cual es un supuesto difícil de cumplir y evade la controversia (Silva et al., 2011).

Por otro lado, diversos economistas aseveran que se continúa utilizando el modelo de la teoría neoclásica porque sus predicciones son acordes con la realidad. Esto se puede ver a través de la función Cobb-Douglas, la cual supone retornos constantes a escala de los factores de producción y en la que el proceso de distribución depende de la participación relativa de cada factor en la producción; todo esto, basado en la teoría neoclásica, en la que se remuneran los factores según su productividad marginal (Silva et al., 2011). De hecho, la persistencia de la participación de los factores en la economía parece ajustarse perfectamente a la función Cobb Douglas. No obstante, en la práctica se ha criticado la efectividad de esta función para explicar la tecnología detrás de la economía; parecería más bien que dicha forma funcional refleja con rigurosidad las cuentas del ingreso nacional, más que las dinámicas económicas subyacentes. Por tanto, la distribución de los factores no se deriva en una función Cobb-Douglas[7], sino que los datos se ajustan a esta (Menon, 2017). Como se puede ver, la predicción correcta resulta más importante en el análisis neoclásico que la consistencia interna del modelo.

Otro ejemplo de la importancia de resultados empíricos correctos para evadir la controversia del capital son los modelos RBC o DSGE[8] que efectivamente incorporan al capital como un bien homogéneo. Dichos modelos no recurren a la suma de las unidades de capital sino a la suma de su valor, generalmente tomando el valor de los activos no corrientes, con lo cual es posible obtener una buena aproximación del capital como insumo. Si bien la homogeneización de los factores de producción es algo a lo que se le debería encontrar solución, en modelos tan simplificados como los RBC podría ser más importante cuestionar la capacidad predictiva de los supuestos empleados para construir el modelo. En este sentido, tener un capital homogéneo no fue un problema porque, sin necesidad de un modelo muy complejo, los RBC han logrado replicar considerablemente bien los datos. De esta forma, se decidió obviar el problema de la homogeneización, encontrando una salida rápida con la cual las conclusiones de los modelos siguen siendo válidas.

A partir de lo anterior se puede evidenciar que la controversia ha sido ignorada y la relevancia de predicciones empíricas cercanas a la realidad ha sopesado la consistencia de un modelo que explique la distribución del ingreso en la economía, que exigen Robinson y Sraffa. Las funciones de producción Cobb-Douglas y los modelos RBC y DSGE son ejemplos de la importancia de los datos y resultados sobre la controversia teórica del capital. Por consiguiente, resulta necesario retomar la controversia de Cambridge-que se ha evadido desde que Robinson y Sraffa formularon la crítica-puesto que, como se ha discutido a lo largo del presente trabajo, suponer la homogeneidad del capital genera grandes inconsistencias y obstáculos para llevar a cabo un correcto análisis económico. Por lo tanto, se debe buscar reestructurar la teoría del producto marginal y de la distribución del ingreso para así hacer frente a las inconsistencias que se derivan de la inadecuada agregación del capital.

…………………………………………………………………………………………………….VAN


[1] Una parada repentina (sudden stop) se produce cuando los flujos de capital se agotan en forma abrupta. El aforismo del banquero: “Lo que mata no es la velocidad, sino el frenazo”.

[2] En finanzas, la tasa de retorno es un indicador que mide la rentabilidad de una inversión. Comprende cualquier cambio en el valor de la inversión y/o en el flujo de caja que el inversor recibe de su inversión, como los pagos de interés o dividendo. Wikipedia

[3] El cambio de técnicas y sus implicaciones epistemológicas.

[4] Félix Jiménez Profesor Principal del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

[5] Geoffrey Colin Harcourt es un economista académico australiano que es un miembro destacado de la escuela poskeynesiana . Estudió en la Universidad de Melbourne y luego en King’s College, Cambridge .

[6] Claudio Sardoni es Doctor en Economía y profesor de la Universitá de la Sapienza en Roma.

[7] La función de producción Cobb-Douglas es quizás la función de producción más utilizada en economía, basando su popularidad en su fácil manejo y el cumplimiento de las propiedades básicas que los economistas consideran deseables. Es la función de producción neoclásica por excelencia y se debe su existencia a Paul Douglas y su amigo matemático Charles Cobb, pero en realidad, el primero en usar estas funciones fue Knut Wicksell, economista sueco que estudió filosofía y matemáticas en la Universidad de Upsala trabajando después en Austria,  Alemania y el Reino Unido. Desarrolló una teoría marginalista de la distribución y se le considera el fundador de la llamada Escuela Sueca o Escandinava. Su teoría del interés y del nivel general de precios ha tenido una gran  influencia en la teoría monetaria.

[8] La teoría RBC mantiene el enfoque de Walras (equilibrio general) en una competencia perfecta (precios flexibles) donde todos los agentes son precio aceptantes y existe un continuo de equilibrio de mercado, información simétrica, mercados completos y ausencia de fricciones, Por Percy huaman Palomino Economista y Administrador de Negocios; estudios: Economía Avanzada en Banco Central de Reserva del Perú – BCRP, Derecho Económico en Escuela Nacional de la Competencia y Propiedad Intelectual INDECOPI, ambos cursos de extensiones universitarias y la Licenciatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal.


[1] http://revistasupuestos.com/otros/2020/9/28/el-renacer-de-la-controversia-de-cambridge.

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