Ruth Bonilla – En Alta Voz

El gobierno de Honduras intenta proyectar una imagen de eficiencia mediante el anuncio de una licitación pública de 100 millones de lempiras para el abastecimiento de fármacos. Sin embargo, detrás de la técnica del viceministro de Salud, Eduardo Midence, sobre una supuesta “entrega eficiente”, se esconde una crisis de gestión que cuestiona las prioridades reales del Ejecutivo: ¿De qué sirven los estantes llenos si el personal que receta y cura está trabajando sin recibir salario en tiempo y forma?

El discurso del “abastecimiento” frente a la parálisis administrativa

Mientras el oficialismo celebra la logística de los almacenes regionales, omite un dato sistémico: la salud no se sostiene solo con químicos. Más de 3,500 médicos contratados bajo modalidades temporales atraviesan el tercer mes de impago. La advertencia de Samuel Santos, representante del gremio, es lapidaria: si no hay solución antes de Semana Santa, el Estado habrá acumulado cuatro meses de deuda con quienes sostuvieron el sistema durante las crisis más agudas.

“Ya estamos ante la autoridad máxima, el presidente, y aún así los pagos no llegan”, cuestionó Santos, evidenciando un vacío de poder o, peor aún, una negligencia deliberada en la agilización de las planillas.

Celebrar la compra de medicamentos mientras se le niega el salario al médico es una desconexión con la realidad y, en el peor de los casos, una estrategia cosmética de salud pública. La gestión actual parece más enfocada en los procesos de licitación históricamente opacos que en garantizar la dignidad laboral de quienes sostienen el sistema de salud.

El gobierno ha evadido la ausencia de un liderazgo claro. La decisión del Ejecutivo de no designar un Ministro de Salud con plenas facultades para agilizar procesos burocráticos sugiere una centralización ineficiente. Esta acefalía administrativa no solo afecta a los hospitales, sino que se extiende a instituciones como COPECO, centros penitenciarios y los ministerios de Educación y Trabajo.

Si el gobierno no resuelve la mora salarial, los 100 millones en medicinas terminarán venciendo en los estantes de hospitales vacíos de personal, pero llenos de indignación.

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