Por: SEGISFREDO INFANTE

            Las sociedades geográfica y lingüísticamente cercanas, tienden a influirse unas a otras, ya sea en el plano positivo o en el negativo. Como siempre me han gustado las películas, sobre todo las más viejitas, de Mario Moreno, más conocido como “Cantinflas”, he terminado por reconocer que las formas de hablar de este personaje han influido mucho sobre las clases medias urbanas de Honduras. Inclusive sobre el léxico de los obreros que han trabajado en la proximidad de las ciudades. No tanto por los extensos galimatías o enredos deliberados de Cantinflas, ni tampoco por las formas pronominales y los tiempos verbales, sino por muchas palabras sueltas que improvisaba o distorsionaba el gran actor mexicano en sus películas.  

            Desde que estaba cursando los estudios secundarios, reparé en varios vocablos que creía que eran hondureñismos, regionalismos o jergas estudiantiles. Pero con el paso de las décadas he descubierto que son palabras extraídas de las películas de Cantinflas, que las aprendieron nuestros padres y se las transfirieron a los hijos. Habría que comenzar por una revisión de la película “Ahí está el detalle”, una de las más ricas en juegos verbales del cómico que nos ocupa. Años más tarde, Porfirio Montoya, jefe del taller de la vieja Editorial Universitaria de la UNAH, le gustaba saludar y despedirse con palabras propias de las películas de Cantinflas. Nunca supe si mi querido amigo Montoya utilizaba ese léxico en forma inconsciente o deliberada. Recuerdo que en Olanchito, la ciudad cívica, se hablaba de un borracho que caminaba por un calle repitiendo la frase: “!Eso me es inverosímil”. Nosotros la replicábamos en forma de broma. Pero el caso final es que se trataba de una frase de Cantinflas, como muchas otras que hoy se escuchan en las cafeterías rápidas y en los círculos políticos de Tegucigalpa.

            El caso del cómico Leopoldo Fernández o “Tres Patines”, merece especial atención. Ignoro si acaso el actor cubano copiaba a Cantinflas. O si Cantinflas copiaba a Tres Patines, en tanto que ambos eran contemporáneos. Sin embargo, vale la pena señalar que las equivocaciones del lenguaje de Tres Patines resultaban a veces demasiado forzadas, con el ingrediente que “El Tremendo Juez” lo corregía constantemente. Pero la atención que merece el actor cubano, sobre todo en los programas grabados en México, es que los hondureños que teníamos radiorreceptores y televisores en los años sesentas y setentas, disfrutábamos tales programas todas las semanas. De tal forma que había más acceso a Tres Patines que a Cantinflas.

            Dentro de la larga serie “La Tremenda Corte”, me llamaba la atención un personaje que insertaron en varios programas. Me refiero al “Che” Patagonio Tucumán y Bandoneón. Tan disparatado como Tres Patines. Pero más folclórico y arrogante que el actor cubano. Los juegos pronominales eran divertidos. Tres Patines tuteando a medio mundo, incluyendo al juez. Patagonio voceando al juez tratándolo de “Che viejo”, y a todos aquellos que se le pusieran enfrente. El juez multándolos por tutearlo y vocearlo en tanto que él les exigía, a ambos cómicos, que lo trataran de “usted”. Tres Patines le respondía al señor juez lo siguiente: “Oye chico, pero si yo siempre te he tratado de usted, ¡cómo tú quieres que te trate!”. Y así sucesivamente. Pero lo más divertido, o enojoso, era cuando Tres Patines intentaba vocear a Patagonio. No le salía por ningún lado, en tanto que para los españoles, mexicanos, cubanos y otros pueblos, el “vos” es una contracción institucional del plural “vosotros”. Por eso muchos hondureños repiten, consciente o inconscientemente, las frases de la programación de Tres Patines. Y algunos escritores latinoamericanos han utilizado la agilidad de los nombres extraños para los personajes de sus cuentos y novelas que son propios de los libretos y de las improvisaciones de Tres Patines y de la “Tremenda Corte”. Recuerdo que un compañero de trabajo utilizaba constantemente la jerga “Serapiosilva”, en vez de decir “Será posible”. Eso, Tres Patines lo repetía en varias de sus apariciones.

            Una tercera influencia verbal y emocional en Honduras han sido las rancheras mexicanas, especialmente en las zonas rurales. También los corridos y algunos boleros inolvidables. Nuestros campesinos y campeños visitadores de expendios de aguardiente y de cantinas en general, han gustado de las rancheras durante muchos decenios. Y han expresado sus sentimientos a las mujeres con las letras de tales canciones. Lo mismo que la exhibición de machismo cuando se ha tratado de reyertas peligrosas e insustanciales, a veces por una supuesta mala mirada o por disputarse una muchacha guapa en una fiesta bailable. Debo reconocer, en este punto, que hay rancheras con letras muy bonitas, como “Los Ojos de Pancha” que interpretaban “Los Alegres De Terán”. Desgraciadamente las rancheras han sido sustituidas por los horribles narco-corridos. Pues bien. Abandono por ahora este tema con el objeto que lo estudien los lingüistas.

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