Por: SEGISFREDO INFANTE

 

            El doctor Jorge Ramón Hernández Alcerro me invitó a participar en la inauguración de la “Casa Santos Guardiola”, en la ciudad de Comayagua, el jueves 16 de mayo del año que discurre. De inmediato acepté viajar para asistir a un evento histórico y museográfico singular desde todo punto de vista, por razones y motivos que apenas esbozaremos en este artículo. El evento se vio engalanado con la presencia de distintas personalidades, incluyendo algunas autoridades del gobierno central y de la municipalidad; distinguidos representantes de la ciudadanía comayagüense; de su clase media; profesores y periodistas; parientes y amigos del recordado periodista Leonardo Letona (QEPD); y un hermoso coro de niñas de educación primaria, que cantaron con devoción el “Himno Nacional de Honduras” y otras lindas composiciones. De tal forma que, con sus voces infantiles cargadas de emoción inocente, bien podríamos recuperar nuestra fe en Honduras. Tomaron la palabra el alcalde don Carlos Miranda, quien expresó entre otras cosas que éramos bien recibidos en “la ciudad de los museos”. Lo mismo que el ministro Mario Pineda. El representante del Instituto Hondureño de Antropología, don Héctor Portillo Machuca. Un humilde sacerdote con apariencia de santo (ojalá que interiormente lo sea); el autor de estos renglones y el embajador, amigo y estadista Hernández Alcerro, quien se expresó con atinados juicios sobre la historia republicana específica de Honduras en los mediados del siglo diecinueve, y sobre los individuos de la época de Santos Guardiola, exteriorizando al mismo tiempo los mejores conceptos sobre mi aislada persona, de una manera tan precisa y elogiosa que era por demás inesperada. Y por inesperada, realmente conmovedora.

            Mi participación en el evento fue muy condensada. Reproduciré, en consecuencia,  algunas de mis palabras de ocasión: “Una nueva aproximación historiográfica imparcial, vendría a instalar al presidente hondureño Santos Guardiola, como un auténtico héroe nacional y centroamericano, habida cuenta que a mediados del siglo diecinueve, en el periodo de su administración gubernamental, se logró crear y agrupar al “Ejército Aliado Centroamericano”, con el fin de expulsar de todo el territorio regional a la soldadesca filibustera comandada por Mr. William Walker, asentada en Nicaragua y parte de Costa Rica, con algunas incursiones sobre la ciudad-puerto de Trujillo. Las fuerzas militares regionales fueron comandadas por un valeroso general hondureño llamado Florencio Xatruch Villagra, en cuyas hazañas espectaculares se destacaron principalmente los aguerridos soldados hondureños, quienes propinaron duros golpes militares y políticos al filibusterismo invasor. En este punto conviene subrayar, una vez más, que el gentilicio coloquial de catrachos proviene de una deformación del apellido “Xatruch”. Es decir, los soldados “xatruches”, “xatrachos” o “catrachos”. (…) “Es curioso que una buena parte de la historiografía hondureña presenta a don Santos Guardiola como un “incendiario de pueblos”, y luego como un político “archiconservador”. Sin embargo, en la vida real, observando las dos caras de la moneda y según investigaciones históricas más o menos recientes de Esteban Guardiola, de Ramón Oquelí Garay y de Porfirio Pérez Chávez, el general de brigada Guardiola también exhibió actuaciones “liberales” en materia de cultos religiosos y en el capítulo centroamericanista. Parejamente podríamos realizar, con el auxilio cronologista de Ramón Oquelí (QEPD) un rastreo pormenorizado de los sucesos ocurriros durante “1862”, año en que fue asesinado en la puerta de su residencia de Comayagua por Cesario Aparicio, un fusilero anónimo oriundo de El Salvador, bajo la manipulación de hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y otros extranjeros, entre ellos el ex–vicepresidente de su mismo grupo de gobierno, el señor José María Lazo Guillén.” (…) Se trató, pues, de una conjura internacional quizás envidiosa contra el liderazgo de un hombre que se movía entre el “conservadurismo”, la “anarquía” y el “liberalismo” de aquella brumosa época. Derivaremos, entonces, “algunas claves rastreables encaminadas a un replanteamiento histórico en torno de la personalidad enigmática del presidente Santos Guardiola. Que conste, nunca se llamó a sí mismo “José”, según su sobrino Esteban Guardiola. (…) “En consecuencia, no podemos ni debemos pasar con indiferencia frente a la memoria de un personaje que logró inspirar, en el terreno de los hechos, aunque fuera transitoriamente, la reunificación de Honduras y de la misma América Central.” Etc. Etc.

            Un amigo periodista que nos acompañaba, hizo la observación oportuna que mientras en la antañona Comayagua se restauraban monumentos históricos importantes, en Tegucigalpa actuábamos al revés. Porque aquí, en la actual capital de Honduras, se incendian patrimonios arquitectónicos y archivísticos, con propósitos luciferinos, que atentan contra el pueblo hondureño. Felicitamos la iniciativa del Dr. Hernández Alcerro, del alcalde Carlos Miranda y de todos aquellos que hicieron posible la reconstrucción de este hermoso edificio histórico en donde vivió Santos Guardiola. ¡¡Sea!!

 

            Tegucigalpa, MDC, 19 de mayo del año 2019. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 26 de mayo del año 2019).

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