En La Vegona, el uso de la mascarilla no es una obligación, los pobladores la utilizan de manera esporádica cuando tienen alguna visita foránea.

Redacción En Alta Voz

La quietud se impone en la única calle de acceso a la aldea La Vegona, en el occidente hondureño. Es un pequeño poblado de 80 familias donde parece que el tiempo se hubiera detenido. Allí las familias, no es que se han resguardado para protegerse del Coronavirus o Covid-19. La razón es que después de cierta hora la actividad se paraliza, no hay lugares para visitar y a los vecinos tampoco les interesa.

 Lo que nunca disminuyó a pesar de la pandemia, fue la venta de los pequeños negocios que suplen las necesidades básicas de los habitantes del pacífico poblado, donde sólo el canto de los gallos o el ladrido de algún perro rompen el normal silencio.

Entre los pobladores no existe la preocupación de usar cubre bocas por temor a contagiarse de Covid-19. En ese lugar de irregular topografía, con casas dispersas en una cañada, no hay aglomeraciones de personas ni siquiera en el único sitio público del lugar, una cancha de fútbol que ha sido tradicional punto de encuentro de jóvenes y adultos.

Jorge Villanueva, es minero artesanal y agricultor de la zona. “Nosotros no necesitamos usar mascarillas porque no visitamos a nadie, ni tampoco vienen a nuestras casas, no nos juntamos con ninguna persona que no sea de nuestra familia o con nuestros compañeros de trabajo”, relató en una improvisada charla que mantuvo con el equipo de En Alta Voz.


Para “Jona”, el uso del cubre boca no es una prioridad a menos que salga de mi comunidad, dice.

El día amanece pesado con una sensación térmica de 40 grados que hace resentir nuestros cuerpos, pero estos hombres de campo son fuertes y para ellos no pasa de ser un “calorcito” normal y revitalizador. “Este clima es bueno para quemar cualquier virus”, dice, en alusión al Covid-19.  Para nosotros hay mucho por hacer durante las siguientes horas. El grupo de jóvenes, liderado por Joel de Jesús Tejeda Ramírez, conocido como “Jona”, se toma un respiro, se sienta y descansa antes de retomar su actividad habitual de siembra y de recolección de leña.

“Si tenemos que viajar a Sula, a Macuelizo o a San Pedro Sula sí vamos cubiertos con mascarilla, tratamos de mantener la distancia, pero a veces es difícil sobre todo cuando se debe ir en bus, al regresar a mi casa, me quito la ropa para lavarla, me baño y desinfecto lo que traigo, pero aquí en La Vegona ni en otras aldeas cercanas no nos cubrimos la boca porque consideramos que no hay necesidad”, expresa “Jona”.

Y hasta el momento, esas prácticas de mediana protección ante el Covid-19 cuando se desplazan a otros sitios, les ha funcionado a los pobladores de esa comunidad pues en 18 meses de pandemia no se ha reportado ningún caso de Coronavirus. En otros municipios del departamento la situación es diferente y se reportan hasta 30 casos diarios de personas positivas por Covid.

Pero hay quienes aún no se toman en serio las medidas sanitarias, sobre todo algunos hombres, por lo cual aún pudimos observar en otras comunidades, grupos pequeños reunidos en una esquina o fuera de una pulpería tomando refrescos y cervezas. Otros, sin embargo, continúan en las calles por los requerimientos de llevar el sustento a sus familias. “Los ingresos nuestros han bajado en un 50 por ciento, pero debemos reconocer que, por la naturaleza de nuestra labor, de por sí, estamos aislados”, agrega “Jona”.


En la comunidad del occidente hondureño habitan 80 familias a quienes lo que menos les preocupa es el Covid-19.

¿Qué dice el Estado?

La doctora Karla Pavón, jefa de la Unidad de Vigilancia de Salud, le pidió a la población de áreas tanto urbanas como rurales que no se confíen y mantengan las medidas básicas de seguridad para frenar la propagación del virus. “El 90 por ciento de pacientes con Covid ingresados en centros hospitalarios no están vacunados contra la enfermedad por eso es importante que la población se acerque a los centros de inmunización hasta completar su esquema”, dijo. Es vital que las personas tomen en cuenta que la vacuna es el medio de prevención para no llegar a niveles de gravedad extremos.

De acuerdo a cifras oficiales, Honduras ya tiene más de 365 mil 259 casos positivos de Coronavirus y más de 9,755 decesos por esa causa.


La irregular topografía dificulta el acceso por la Vegona.

Situación actual

Lo cotidiano de pequeñas comunidades alejadas de las grandes ciudades no ensombrece la percepción de la realidad. A pesar de la contingencia vivida en meses críticos de encierro en 2020, varios negocios continuaron abiertos y los dueños se acoplaron a su nueva realidad al incorporar geles antibacteriales y alcohol a sus líneas de productos.

En otra aldea conocida como “El Chorizo” y en “Ojo de Agua”, el tráfico de vehículos y personas es moderado. Sobre la calle principal hay una venta de churros y refrescos, además de máquinas de juegos que son un distractor sobre todo para los niños y adolescentes que culminaron su faena en la tierra. En ese lugar la práctica de las mascarillas tampoco es frecuente. “Mientras no venga más gente estaremos bien”, agregaron dos vecinos que salieron prácticamente corriendo cuando les preguntamos sus nombres.

Un punto coincidente es que las brigadas de vacunación no se han acercado a esos lugares y al gobierno central poco o nada le importa lo que pase con esa población que sobrevive a la deriva. “Sino trabajamos no comemos, aquí lo que tenemos nos cuesta a nosotros”, agrega Jorge Villanueva.


La única vía de acceso a la Vegona es un dolor de cabeza en tiempo de invierno.

Parado a un lado de la estrecha vía, un caballero identificado como Domingo Pérez, dice que desde el comienzo de la pandemia se quedó sin trabajo en una planta maquiladora de Naco, Santa Bárbara. “Me dediqué a hacer viajes en un carrito que tengo y así subsisto”, manifiesta. El tampoco usa cubre boca y afirma haberse vacunado con las dos dosis de la Moderna.

En general, los vecinos de algunas comunidades en Santa Bárbara, se cuidan a su manera, aunque hay otros que no logran dimensionar la problemática de una Pandemia que tiene al mundo de cabeza.

Para nosotros, un día más finalizó en la Vegona. En la cálida aldea, los hombres, mujeres y niños, sueñan en voz alta y sonríen felices, allí donde el aire aún es puro, alejados de la inseguridad y de una realidad que agobia a Honduras con triajes colapsados y hospitales saturados de enfermos por Coronavirus.


Bosques de pinares circundan el caserío santabarbarense.

“Todavía vivimos bien, puntualizaron “Jona” y Jorge, sin políticos que sólo se acercan cuando quieren conseguir votos y Dios permita que así sigamos, alejados de esa gente y de ese Virus que sigue haciendo estragos en otras ciudades”. Estas personas que encontramos en nuestro camino son las constructoras de su propia realidad…y siempre lo han sido… más allá del Covid-19.

Esta publicación fue realizada con el apoyo del Fondo de Respuesta Rápida para América Latina y el Caribe organizado por Internews, Chicas Poderosas, Consejo de Redacción y Fundamedios. Los contenidos de los trabajos periodísticos que aquí se publican son responsabilidad exclusiva de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de las organizaciones.

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