Por: SEGISFREDO INFANTE

            Este es el tema filosófico por excelencia. O por antonomasia. Pero suelen presentarse confusiones de toda clase por las diversas maneras de aproximarnos a esta cuestión, a veces con escaso conocimiento, consciente, sobre la cosa que pretendemos utilizar, ajenos a la rigurosidad del concepto o a la carga semántica del vocablo. Según mi modo de ver existen, cuando menos, cuatro caminos para el abordaje del “Ser” (así escrito con mayúscula) en los contextos cronológicos de la modernidad. El primero de todos es el camino filosófico de la “metafísica”, y más tarde “ontología”. El segundo es el sendero teológico, con sus ingredientes religiosos, cuyos derechos de propiedad son también indiscutibles. Una tercera vía es aquella que se desprende del campo diverso, rico y florido de la poesía y de la literatura en general, en donde se utiliza constantemente el vocablo de “Ser” con propiedad y con ambigüedad. A veces con negligencia. Finalmente, los físicos teóricos y de partículas del siglo veinte y parte del veintiuno, también se han encaminado con aproximaciones interesantes relacionadas con la masa constitutiva del ser material y energético sin más. 

            Con lo arriba expuesto se puede inferir que es casi imposible rehuir del tema del “Ser”, por más ariscos, deterministas o frívolos que se muestren algunos autores respecto de la gran Filosofía y de la Teología. En consecuencia conviene recordar que este enorme capítulo filosófico se remonta a los tiempos clásicos antiguos, esto es, a la “Filosofía primera” aludida y trabajada por Aristóteles, sin olvidar jamás que el primer pensador que escribió un corpus filosófico en verso, más o menos completo sobre el “Ser”, fue justamente Parménides. No se puede ni se debe hablar de “metafísicas” o de “ontologías” sin reconocer la introducción compleja y enigmática de Parménides. Después conviene trasladarse hacia algunos de los “Diálogos” socráticos de Platón. Sin embargo, para hablar en términos rigurosos de filosofía sistemática y de teología relacionadas con el “Ser”, es indispensable estudiar la obra magna de Aristóteles. Ninguna modernidad o posmodernidad honestas, pueden prescindir de los servicios milenarios de este filósofo peripatético. Por eso es frecuente que se caiga en redundancias indebidas o que algunos autores ligerísimos “descubran” conceptos “novedosos” que fueron elaborados hace miles de años. A mi modo de ver, lo he publicado varias veces, en ausencia de Aristóteles es casi imposible el desarrollo del pensamiento filosófico occidental, y occidentalizado, el cual ha sobrevivido por lo menos a tres civilizaciones o culturas diferenciadas, a pesar de los abusos excesivos de ciertos profesores escolásticos.

            Después de Parménides y Aristóteles, es indispensable la obra metafísica, altamente especulativa, de René Descartes (o Renatus Cartesius). Presupongo, a renglón seguido, que algunos de los lectores conocen que en la esfera de la filosofía moderna y contemporánea existen, o se han escuchado, cuando menos los nombres de Immanuel Kant, Guillermo Hegel, Arthur Schopenhauer, Ortega y Gasset, Martin Heidegger, Jean Paul Sartre, Xavier Zubiri y Julián Marías, quienes han abordado el tema del “Ser” en general, y el del “Ser” en particular, desde una perspectiva eminentemente filosófica. Con M. Heidegger hemos aprendido incluso que hay una cierta diferencia entre el concepto de “ente” y el concepto de “ser”, como algo enteramente novedoso en el discurrir filosófico. Con J.P. Sartre sospechamos que “la nada”  nos rodea por todas partes, o que “infesta al ser”. Nosotros, personalmente, hemos publicado un librito de filosofía especulativa titulado “Fotoevidencia del Sujeto Pensante” (años 2013 y 2014), y otros ensayos y artículos dispersos. 

            En el sendero teológico (o teológico-filosófico) los autores son variados, según se trate de la época y de la conexión religiosa particular. En el Mundo Occidental tenemos, entre otros, a grandes pensadores como el obispo Agustín de Hipona, el sefardita talmudista Moshé Maimónides, el aristotélico Tomás de Aquino y el místico “San Juan de la Cruz”, todos buscando el amoroso “Ser de Dios”. En la esfera de influencia musulmana, dentro de la línea mística del sufismo, es indispensable mencionar el nombre de Ibn Arabí, con su “Tratado del Amor”, aludido en uno de mis poemas extensos. 

            Hace varios meses me pasó una cosa divertida: En un puesto de libros usados atalayé un grueso volumen titulado “En Busca del Ser”. De inmediato lo compré creyendo que se trataba de un libro de filosofía ontológica. Cuando en mi casa comencé a hojearlo me enteré que el autor es Manuel Joaquín de Carvalho Jr., y que se trata de un libro de muy buena teología. En todo caso me siento satisfecho de haberlo adquirido.

            En la vía fértil de la literatura hay de todo. Hay poetas y novelistas que conocen bastante de filosofía. Hay otros que predominantemente nada. Pero que utilizan el vocablo de “Ser” por pura intuición poética. Y a veces por la mera manía de usar las palabras que parecen atractivas. Pues “de todo hay en la viña del Señor”.

            Tegucigalpa, MDC, 15 de septiembre del año 2019. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 22 de septiembre de 2019, Pág. Siete).    

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