Por: SEGISFREDO INFANTE

En la séptima reimpresión de la “Breve historia de Guatemala” de José Daniel Contreras R. (2006), a pesar de todas las imprecisiones, saltos, injusticias y vaguedades historiográficas que entran en conflicto con el rigor científico imparcial, se puede rescatar un dato interesantísimo relacionado con la primera imprenta y el primer periódico que circuló en América Central. En este caso se aplica aquella deliciosa sugerencia borgeana que por muy malo que sea un libro siempre hay algo rescatable en el mismo.

Para los verdaderos historiadores guatemaltecos estos detalles podrían ser redundantes y hasta innecesarios. Pero para el resto de los centroamericanos es importante conocer en qué momento comenzó a operar la primera imprenta y en qué fecha circuló el primer periódico ístmico. Tal detalle cobra mayor relieve en una circunstancia en que se ha vuelto a subrayar, por enésima vez, la importancia de la libertad de prensa y la libertad de expresión, como piedras angulares de cualquier edificio democrático real en el continente americano y en el resto del mundo.

Veamos: Según Daniel Contreras la primera imprenta comenzó a funcionar allá por el año 1660 (hace más de tres siglos), bajo la dirección de fray Enrique de Rivera, siendo el primer tipógrafo José de Pineda Ibarra. Este apellido “Ibarra” lo veremos subsistir en una época periodística posterior, en vísperas de la “Independencia”. Pero lo más interesante de todo es que el primer periódico que se imprimió y circuló en Centroamérica tiene fecha de noviembre de 1729 (hace casi tres siglos). Tal periódico se llamaba “Gaceta de Goathemala”, escrito con tal grafía y pronunciación.  

Sería esclarecedor averiguar quiénes fueron los primeros redactores de dicho periódico. Lo único que sabemos, por ahora, es que varias décadas más tarde publicaron sus artículos en la mencionada “Gaceta” los intelectuales, jóvenes y maduros, Antonio de Liendo y Goicochea, Simón Bergaño, José Cecilio del Valle y Pedro Molina Mazariegos, personajes centrales del pensamiento ilustrado, dentro del laberíntico proceso de emancipación política, científica y cultural, quienes a la vez eran oriundos de diversas provincias del llamado “Reyno de Guatemala”, es decir, Centroamérica.

Más tarde circularon “El Editor Constitucional” dirigido por Pedro Molina, y, por otro lado, “El Amigo de la Patria” y “El Redactor General” dirigidos por José Cecilio del Valle, durante los años anticipatorios de la “Independencia” y en el proceso de configuración de la República Federal de América Central. En 1833, José Francisco Barrundia puso en circulación el semanario “El Centroamericano”, posiblemente morazanista. Décadas después (1880) circuló en Guatemala el “Diario de Centro América”, considerado el decano de los periódicos del “Istmo”, en el cual me parece que publicó sus artículos Medardo Mejía, mientras se encontraba en el exilio guatemalteco.

Respecto de “Catrachilandia”, realizaron un trabajo de búsqueda bibliográfica, relacionado con las imprentas, revistas y periódicos lugareños, los escritores Rafael Heliodoro Valle y Miguel Ángel García. De tal forma que el “Hecatónquiro de América” (es decir Heliodoro Valle) encontró en la “Biblioteca del Congreso” de Estados Unidos, el primer libro publicado en una imprenta hondureña, creo que a mediados de la década del treinta del siglo diecinueve. Se trata de un texto sobre los “Primeros rudimentos de aritmética” del profesor y presbítero Domingo Dárdano.

Mucha gente mira con desprecio o con indiferencia las páginas amarillentas de los periódicos y revistas que ya circularon en el pasado. Pero Ramón Oquelí, un investigador cronologista por encima de la media estadística, frecuentaba la “Hemeroteca Nacional” en Tegucigalpa casi todos los días, con el fin de consultar datos olvidados en medio de toneladas de periódicos destartalados y arrinconados en las esquinas. De tales investigaciones aparecieron los libros “1862” y “El primer año de Bográn” (para sólo mencionar dos títulos atractivos). Por otro lado se cuenta que Miguel de Cervantes Saavedra recogía del suelo pedazos de periódicos que los demás habían desechado. Tal era su afán de información y conocimientos. Para Guillermo Hegel era como un milagro que los diarios aparecieran cada mañana en la puerta de su casa. Mi abuela materna (María López) también leía las páginas de periódicos que habían servido en las pulperías y almacenes como envolturas de mercancías. Todo esto contradice la opinión de aquellos “expertos” que sugieren evitar la consulta de periódicos y revistas al momento de realizar investigaciones científicas o de redactar un libro. Puede ser que la información “de un día” nos guste o nos enfade. En todo caso queda impresa para uso de los historiadores y cronologistas objetivos y subjetivos del futuro. Al final de la tarde lo que a nosotros nos importa es que los jóvenes periodistas, con ansias de saber, conozcan que el primer periódico de América Central se llamaba “Gaceta de Goathemala”, y que comenzó a circular bajo un agradable clima de finales de noviembre de 1729. ¡!Sea!!.

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