Por: SEGISFREDO INFANTE

            Varios amigos y colegas me han preguntado acerca de cuál sería la mejor manera de acercarse a la gran Filosofía. Uno de los amigos que me ha interrogado sobre este intrincado tema, es el doctor en psiquiatría Dagoberto Espinoza Murra. Siempre que me preguntan me quedo como en suspenso; como queriendo encontrar una rama de sauce flexible y firme a la cual asirme, en medio del torrentoso río del conocimiento. No tengo respuestas inmediatas, sino aproximativas, según sea el interlocutor con el cual estoy hablando en el momento oportuno de que se trate. Aparte de esto, ya lo he dicho en algún artículo o ensayo, mi cerebro funciona muy lentamente.

             A veces les converso sobre mis experiencias particulares. Aparte de haber leído la Biblia, a los nueve años de edad, sin ningún criterio histórico-hermenéutico, tuve malas experiencias con mis primeras lecturas “filosóficas” de estudiante de secundaria, porque estaban amarradas a un dogmatismo esquemático y facilón. En algún momento le comenté a Matías Funes h. (después de un programa de televisión) que uno de los libros que mayor daño intelectual me ocasionó a los quince o dieciséis años de edad, fue “Principios elementales y fundamentales de filosofía” de Georges Politzer. Creo que también les ocasionó mucho daño intangible a otros estudiantes que llegaban a la pequeña biblioteca del Instituto Central, a quienes les recomendé aquel manualito cargado de simplezas seudofilosóficas. Expresándolo en pocas palabras, aquel libro de Georges Politzer estaba recargado de “materialismo vulgar”, para utilizar una frase que le gustaba estilar a Vladimir Ilich Lenin, al referirse a los textos de sus mismos camaradas bolcheviques.

            En caso de anhelar un camino didáctico especial y abierto para aproximarse a la gran Filosofía, es recomendable estudiar a los presocráticos, a los cuales he rebautizado, con más propiedad, como los “preplatónicos”. Para este cometido preliminar existe un trabajo exhaustivo de Rodolfo Mondolfo, titulado “Guía bibliográfica de la filosofía antigua”, de unas ciento cincuenta páginas, más o menos accesibles para un lector iniciado que apenas tiene acceso a algunos textos de bibliotecas lugareñas muy pobres. 

Con este trabajo del filósofo e historiador italiano Mondolfo, caeremos en la cuenta que los textos de filosofía antigua están desestructurados por múltiples fragmentos y algunas obras completas que se salvaron de la destrucción o del olvido. Es llamativo y doloroso que Teofastro haya redactado la primera historia completa, mediante dieciocho libros, de la filosofía antigua, bajo el título de “Opiniones de los filósofos naturalistas”. Tal historia completa de la filosofía antigua se perdió para siempre, con la sobrevivencia de algunos pequeños fragmentos. La importancia de Teofastro es singular, por haber sido alumno de Platón, y heredero de la obra y del Liceo de Aristóteles, su maestro supremo.

Otro camino diferente para comenzar con la Filosofía, pero harto más difícil, es intentar penetrar en un sistema filosófico. Podría ser sugerible el sistema filosófico cerrado de Guillermo Hegel, tal como fue mi experiencia a los diecinueve años de edad. Pero ocurre que Hegel es excesivamente complicado para las personas que comienzan a deletrear seriamente la Filosofía. En tal sentido, es más aconsejable agarrarse con el sistema de Aristóteles, con la aclaración preliminar que según Rodolfo Mondolfo los libros publicados por este filósofo griego para consumo de los lectores atenienses, se perdieron y nunca han sido encontrados. Los libros de Aristóteles que se salvaron para la posteridad, son aquellos que él utilizaba únicamente para enseñar a sus discípulos y alumnos más cercanos, que fueron rescatados por Sila y publicados por Andrónico. Sería casi imposible comprender la historia del pensamiento humano y de varias civilizaciones, en ausencia de los libros de Aristóteles que fueron rescatados, antologados y publicados. Es tan importante este asunto que el ya fallecido semiótico italiano Umberto Eco, escribió una novela histórica extraordinaria, basándose en la supuesta existencia de la segunda parte de la “Poética” del mencionado Aristóteles. Creo que es una de las mejores novelas del siglo veinte.

La dedicación a la gran Filosofía exige una especie de desasimiento de las cosas pedestres que ocurren estrepitosamente casi todos los días. El filósofo genuino es una especie de humilde sacerdote, sui generis, que se aparta un poco del ágora confrontativa y que en consecuencia rehúye, como Platón y Aristóteles, de los escenarios escandalosos en donde abundan el “parloteo” y las “habladurías” anti-socráticas. No estoy seguro todavía que se trate de una tabla de salvación para enfrentar o alejarse de los problemas cotidianos, incluidos “los miedos” de los cuales habla el pensador francés Luc Ferry, en tanto que hasta los filósofos, los poetas y los santos necesitan masticar alimentos y beber agua. Mientras tanto recomiendo, para los iniciados, conocer esta “Guía bibliográfica de la filosofía antigua” de Rodolfo Mondolfo, y otras “Guías” sobre las cuales hablaré después. También recomiendo, con respeto, alejarse de las frases bonitas pero descontextualizadas.

Tegucigalpa, MDC, 08 de septiembre del año 2019. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 15 de septiembre de 2019, Pág. Siete).            

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