Por: SEGISFREDO INFANTE

            “Lo que da empuje a nuestra civilización, lo que hace progresar al ser humano son, ante todo, las grandes ideas. ¿Se ha detenido usted, alguna vez, a pensar en lo fascinante que resulta ser la trayectoria de una idea desde el instante de su concepción hasta su plena madurez? La idea es como una semilla, en sí un milagro de creación; plantada y cuidada debidamente, florece y da frutos. Pero las ideas no se conciben sin esfuerzo; es indispensable el afán de investigar y explorar, así como el de superar dificultades.”

            El texto anterior me lo encontré en un libro casi desconocido, de un escritor sueco cuyo nombre me resulta difícil identificar. Lo que sí queda claro es que el libro trata de exaltar la imagen de un pequeño país escandinavo: Suecia (dos veces el tamaño de Honduras), que para entrar en la modernidad tuvo que sortear toda clase de problemas, incluyendo las hambrunas, las migraciones masivas y las exploraciones: primero las de su propio territorio, y más tarde las de diversos países, incluyendo América Central. Ignoro si acaso el autor era un filósofo o un devoto de la filosofía antigua. Pero cuando menos sentía un enorme respeto hacia las grandes ideas. No sólo al simple acto de fabricar cosas por fabricarlas. En tanto que hoy en día, según mi juicio, se hacen y se venden mercancías sofisticadas sin contenido duradero, que muy poco satisfacen las necesidades vitales de las sociedades, como la salud de sus propios pueblos.  

            No se trata, evidentemente, de ideas coyunturales. Sino de grandes ideas estratégicas en direcciones claves. Ya sea en el estricto plano de la producción de pensamiento sobrio trascendente; o en la construcción de un país con capacidad para autosostenerse. En donde a su vez entran en juego varios factores concomitantes de orden vital, como la seguridad agroalimentaria; el desarrollo concreto de las ciencias; la industrialización prudente; el empleo seguro; la cultura (nacional y universal) de las nuevas generaciones; y la estabilidad de los adultos mayores, tan desdeñados en nuestros días hipermodernos.

            Honduras se encuentra localizada en la cintura de América Central. Este detalle contiene ventajas y desventajas comparativas. Un gran prócer suramericano imaginó, en tiempos de la Independencia, que algún día la capital del mundo entero podría localizarse sobre esta angosta tierra ístmica. Aquí en nuestro patio el pensador José Cecilio del Valle propuso, por su lado, que la Federación de Centroamérica podría alcanzar un nivel superior al de Europa; o por encima de Europa. Esto se llama poseer grandes ideas, aun cuando sólo sean posibles en el largo plazo.

            Por otra parte, en la historia de los hechos económicos, encontraremos que las economías reales, autosostenibles, se fundan desde abajo. Es decir, desde las entrañas del pueblo. En ausencia de esta información histórica clave, en Honduras ha habido mucha dispersión de ideas que se han marchitado en el camino. Ha habido, desde luego, cierto consenso verbal en la importancia de fortalecer a los microemprendedores y a los “micronegociantes”, tanto en las áreas urbanas como en los suburbios. Pero tal consenso pareciera más teórico (me refiero a teoría sin contenido), en tanto que en los últimos treinta años hemos venido hablando de lo mismo sin resolver el problema de fondo, el cual tiene que ver con la producción agraria en el sentido de convertir en algo cultivable, o tal vez competitivo, cada pedacito de tierra que exista en nuestro territorio. Nuestros campesinos con tierra o sin tierra, raras veces se atreven a cultivar repollo, tomates, cebollas, aguacates, trigo ni mucho menos uvas. Saben que se toparán con los intermediarios inmisericordes que les harán quebrar sus productos. Algunos grandes terratenientes por su lado, se contentan con exhibir  “sus propiedades” y sus vacas flacas garrapatosas. Así que las tierras más o menos fértiles de Honduras quedan como abandonadas, a merced de los incendios forestales, provocados por manos delictuosas.  

            Frente a la quiebra económica que el mundo entero experimentará en los próximos meses y años, por causa de la pandemia, los hondureños más cerebrales y menos quejosos deben ponerse de acuerdo sobre los grandes capítulos nacionales. Habría que reanalizar el  funcionamiento de las cooperativas agroindustriales. Recuerdo que en algún momento abordamos el tema de la cooperativa “Acuafinca”, dedicada a la producción y exportación de tilapia. Incluso llegamos a proponer el cultivo de la tilapia como una alternativa real para sortear el hambre y salir de la pobreza nacional. Esto sin olvidar el factor puramente técnico industrial.

            Estabilizar a los “micronegociantes” debe convertirse en una primera prioridad nacional. Apoyar una agricultura científica diversificada debe ser parte de la primera prioridad. Me parece que en este punto debe subrayarse que en Suecia uno de los principales partidos políticos es el “Partido Agrario” o “Partido del Centro”, ello sólo como a guisa de ejemplo contemporáneo, actualísimo.   

            Tegucigalpa, MDC, 29 de marzo del año 2020. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el jueves 02 de abril del 2020, Pág. Cinco). (También se reproduce en el diario digital “En Alta Voz”).  

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