Doctor HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO, Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”}

[1]El Príncipe de la Poesía nació en Honduras, vivió en Guatemala y murió en El Salvador, citas geográficas que deben ampliarse con datos para una geografía de la flo1, el clima, los ríos, los volcanes, las mariposas, los mitos os mitos aborígenes, las fumarolas de suelos siempre en trance de formación a orillas de majestuosos lagos, los pinos en los que el verde silente de la tierra habla con el azul silente de Dios, todo lo que en fin, es Centro América. aborígenes, las fumarolas de suelos siempre en trance de formación a orillas de majestuosos lagos, los pinos en los que el verde silente de la tierra habla con el azul silente de Dios, todo lo que en fin, es Centro América.

Su vida se extinguió súbita y prematuramente un atardecer del 2 de noviembre de 1908 en la ciudad de San Salvador, murió del corazón decía el parte médico, debido a los excesos de alcohol y morfina, Pero cuánto más justo sería decir que el poeta moría exilado, en aquella sociedad materialista en la que los seres que consagran la vida al espíritu, no valen nada. Juan Ramón Molina, el poeta gemelo de Rubén, es casi desconocido en Suramérica. No figura en los textos de preceptiva literaria, no se ven sus poemas menudamente publicados, ni se oye que sazonen sus acentos los menús líricos de los que dicen versos. Piadoso olvido en el que paradójicamente lo quisieron dejar, por ser singularmente pobre lo que se escribe de los poetas en los textos escolares, más triste cuando sus nombres se usan para llenar vacíos tipográficos en revistas de dudosa publicidad y a desesperar si el que recita destroza los poemas.

Recordado por nosotros ya no volverá al olvido. Eso sería la condición que antes debemos establecer. Que salga Juan Ramón Molina del olvido, que vuelva a estar presente su cepa tierna, aérea, vegetal, del trópico. Rubén Darío y Juan Ramón Molina son también parte de esa geografía caprichosa, poetas gemelos saturados del sentido poético de la tierra centroamericana, donde la naturaleza toma la. metáfora y la hace carne de reflejo, el caimán antoja el esqueleto de un verso ancestral y el Monótono, padre de una familia de volcanes, se alza “lírico y soberano”.

Señor de las alturas, emperador del agua,

a sus pies el divino Lago de Managua,

con islas todas luz y canción

Darío y Juan Ramón Molina no hubieran podido manejar la luz como la manejan, como circula en sus poemas, si no hubieran nacido en Centro América, porque, ¿qué puede darse de más poético, que este mundo oculto y presente en la luz, de lo que no es sino sol, de- vuelto en reflejo por una superficie luminosa?; ¿qué puede ser más carne de poesía que la realidad en que se vive en esa luz irreal, fantasmagórica, propia para gente que sueña con los ojos abiertos?

La imaginación y talento del irrepetible Mario Zamora Alcántara del Porta Lira Juan Ramón Molina en el Parque La Libertad de Comayagüela

La influencia de los simbolistas franceses, tan notorio en Darío y en Juan Ramón Molina, musicalidad verbal en la que se confunden, en ademán de verso libre, colores y perfumes, tenía en ellos un antecedente americano, ajeno por completo a Europa, en sus abuelos los rápsodas, en sus abuelos los Netzahualcóyotl, en sus abuelos que fraccionaban en símbolos poéticos el mundo para hablar de los dioses, la tierra y la mujer. Esta afirmación de los orígenes simbolistas de poetas, tan hermanos en la correspondencia fulgurante, les devuelve toda su personalidad americana, enriquecida, como bien se entiende, por la culturaoccidental, elevada en categoría por los aditamentos de la lítica europea, pero explicable sin ésta, perfectamente explicable dentro del propio corazón del suelo, en que el sentido pagano de la vida subsiste másque en ningún otro sitio porque circula entre los elementos caudaloso

En Río de Janeiro los dos poetas se encuentran en 1906, como delegados al Congreso Panamericano, y al separarse ya el destino los ha marcado: a Rubén lo escogen los hados para el gran mundo y a Molina para la intimidad del álbum. ¡Sin embargo, qué universales

en sus concepciones, qué completos en sus realizaciones líricas, qué humanos! Juan Ramón Molina en su “Salutación a los Poetas B1asileros”, evidencia lo que habría sido capaz de realizar de haber vivido más allá de los 33 años:

Con una gran fanfarria de roncos olifantes,

con versos que imitasen un trote de elefantes

 en una vasta selva de la India ecuatorial,

quisiera saludaros —hermanos en el duelo—

en las exploraciones por la tierra y el cielo,

en el martirologio de los circos del mal.

Mi Pegaso conoce los azules espacios.

Su cola es un cometa, sus ojos son topacios,

el rubio Apolo y Marte cabalgarían en él;

relinchará en los céspedes de vuestro bosque umbrío,

se abrevará en las aguas de vuestro sacro río,

 y dormirá a la sombra de vuestro gran laurel!

La obra del poeta hondureño fue reunida no sin muchas dificultades, por Froylán Turcios, quien la publicó en 1913 bajo el título de “Tierras, Mares y Cielos”. Una nueva edición valiosamente enriquecida se hizo después en la “Colección de Clásicos del Istmo Centro- americano”, que realizó el gobierno de Guatemala, por personal empeño del entonces presidente Juan José Arévalo.

No obstante [2]el sábado 16 de noviembre de 2013 a las 3:00 p.m. en Librería Metronova, se llevará a cabo: La presentación de la segunda edición del libro “Tierras, Mares y Cielos”, obra póstuma del aeda hondureño, Juan Ramón Molina, edición que ha realizado con sumo cuidado y dedicación, el Poeta y Bibliógrafo hondureño Rolando Kattán. La presentación estará acompañada de una conferencia y tertulia para celebrar este centenario.

La primera edición de este libro se llevó a cabo en Tegucigalpa en 1911 y no se volvió a repartir en su estado original por todo ese tiempo, a pesar que de la misma obra, se han publicado decenas de ediciones, pero ninguna de ellas completa. Es por ello que se presenta como la segunda edición del texto original. Este acto tendrá una peculiaridad: a los asistentes se les obsequiará una edición del mencionado libro, el cual ha sido ilustrado por el maestro Armando Lara, quien elaboró 30 carboncillos originales para la edición príncipe y que han sido distribuidos en de forma aleatoria en los subsiguientes ejemplares.

La edición fue posible gracias a los auspicios de la Secretaría Técnica de Planificación y del maestro Armando Lara quien donó los dibujos.


[1] Miguel Ángel Asturias (guatemalteco) Premio Nobel de Literatura en 1967

[2] https://m.facebook.com/events/394623287306663/

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