Por: SEGISFREDO INFANTE

            El miércoles 11 de diciembre del año próximo pasado, Sergio Membreño Cedillo mi invitó a participar en el debate pluralista del “Informe Mundial sobre Desarrollo Humano”, correspondiente al año 2019. Acepté la invitación por nuestra vieja amistad, y porque el amigo me comunicó en forma personal que el pequeño grupo de asistentes estaría integrado por intelectuales y analistas políticos y económicos. También le pregunté si acaso podía llevar a dicha reunión a David, mi hijo menor. Sergio estuvo abierto a todas mis inquietudes, incluyendo en este asunto el concepto o  “principio de esperanza”, que ambos compartimos para Honduras, aunque sea desde ángulos distintos de observación.

            No recuerdo los nombres de todos los asistentes. Pero sí recuerdo el de los amigos y el de algunos analistas, entre ellos Moisés Starkman; Luis Cosenza Jiménez; Miguel Cálix Martínez; Luz Ernestina Mejía; Ricardo Puerta; Olban Valladares; Efraín Díaz Arrivillaga; Oscar Lanza Rosales;  Edmundo Orellana; Ana Elsy Mendoza; Mario R. Argueta y otros. La reunión estuvo presidida y animada por el señor Richard Barathe (representante residente del PNUD) y por Sergio Membreño Cedillo. De  hecho el “Informe Mundial” había sido presentado, globalmente, dos días antes en Colombia, el lunes nueve de diciembre del año 2019. Y dos días después en Tegucigalpa. Valga esta repetición.

            De entrada me impresionaron dos cosas: La primera de todas fue el concepto fraseológico de “Pobreza Multidimensional” en sociedades en desarrollo, que fue aplicado en ciento setenta (170) países estudiados, con otros territorios o sociedades concomitantes que en algún momento valdrá la pena mencionar. No sólo se trata de Honduras, o de Haití, como les fascina a aquellos hondureños que practican el autoflagelo continuo, con bajísimo nivel de autoestima individual y nacional, olvidando el resto del mundo. El segundo punto que me llamó la atención fue una especie de autocrítica institucional del PNUD, en el sentido que se deben refinar los procedimientos de medición de la riqueza, de la desigualdad y de la pobreza en los países estudiados o por estudiarse, habida cuenta que el modelo económico, financiero y tecnológico actual ha agrandado la brecha de la desigualdad social y económica en diversas regiones del mundo, sobre todo en países tan vulnerables como Honduras y otras sociedades latinoamericanas y subsahareanas. Esto último desde un punto de vista personal, puntualizado en varios de mis artículos.

            En verdad (Dios mediante y con el auxilio de Sergio) me encontraba preparado para leer minuciosamente el actual “Informe sobre Desarrollo Humano 2019”, en tanto que había leído con anticipación el libro “La Globalización de la Desigualdad” (2012, 2017), del escritor Francois Bourguignon, un profesor canadiense de origen francés, quien se ha desempeñado como economista en jefe y vicepresidente del Banco Mundial. Bourguignon acepta paladina e indirectamente, los desajustes sociales provocados, en parte, por el actual modelo neomonetarista desregulatorio. Consecuentemente el PNUD ha utilizado en su “Informe” algunos conceptos claves de la propuesta del viejo funcionario del Banco Mundial, con la pequeña diferencia que el escritor francés prefiere el concepto de “Desigualdad de Riqueza”, como para matizar las cosas. Desde luego que el actual documento del PNUD recoge algunos de los postulados teóricos y técnicos del mencionado profesor francés-canadiense. De igual modo el “Informe” que aquí nos ocupa, retoma las conceptualizaciones del economista-humanista, “hindú”, Mr. Amartya Sen, cuya obra también hemos abordado, desde hace tantos años, en nuestros artículos de opinión. Así que el documento presentado por nuestro amigo Membreño ha resultado bastante familiar.

            La tercera cosa que deseo subrayar es que la aceptación del fenómeno creciente de la desigualdad social incluso en países desarrollados, muy poco tiene que ver con las censuras de segmentos de la ultraizquierda y de los neopopulistas de diversos pelajes de los tiempos actuales. Se trata, más bien, del reconocimiento, quizás tardío, de un fenómeno mundial por parte de un equipo multidisciplinario de economistas y cientistas sociales de diversas partes del planeta, preocupados por las viejas desigualdades todavía subsistentes, y sobre todo por las nuevas desigualdades acumuladas que van más allá de lo económico, expresándose en temas de salubridad, de educación y de posesión de teléfonos móviles, con énfasis en el esquema de las capacidades profesionales de los individuos de cada país.

            Pero es mejor que leamos lo que dicen los mismos técnicos y autores del documento: “En todos los países hay muchas personas con escasas perspectivas de vivir un futuro mejor.” (…). Y es que “las desigualdades se profundizarán y se consolidará el poder y el dominio político en manos de unos pocos.” (…). Hay “600 millones de personas que continúan viviendo en situación de pobreza extrema; una cifra que se eleva hasta los 1,300 millones cuando se mide a través del Índice de Pobreza Multidimensional.” (…) Sin embargo, reafirman, “más allá de cualquier receta mágica”, “no hay nada inevitable.”  

            Tegucigalpa, MDC, 23 de febrero del año 2020. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el jueves 27 de febrero de 2020, Pág. Cinco). (Se reproduce también en el diario digital “En Alta Voz”).

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