César Indiano

El Congreso Cachureco – a raíz de la siniestra consigna del “voto en línea” en las fraudulentas elecciones del 26 de noviembre del 2017 – se ha reforzado con una nueva camarilla de inútiles, ignorantes y chiflados. Por obra del fraude sincronizado y descarado, los cachurecos dejaron de ser una bancada y ahora son simplemente una caterva de escorpiones azulados. Así que una de las primeras tareas patrióticas que se les asignado a esta nueva cuadrilla de bandidos, es redactar el “ante proyecto de la Ley Peppa Pig”.

¿Qué es la ley Peppa Pig? Es un plan macabro para suprimir la libertad de expresión en las redes sociales y para censurar sitios, páginas y blog de todos aquellos youtuberos e influencers que publican contenido sin filtros. La idea de fondo de la Ley Peppa Pig es tomar el control total de los pocos contenidos libres que todavía circulan por las redes sociales y obligarnos a todos a tragar – únicamente – los canales de TV vendidos al régimen (todos), las frecuencias radiales compradas por la dictadura y los 4 periodicuchos burdos y obsoletos que viven de la ENORME factura estatal.

Sabíamos que esto venía, lo que no sabíamos es que la Ley Mordaza para el pensamiento libre de las redes sociales iba ser redactada por un clan de vampiros sedientos. Peppa Pig – quien está al frente de esta criminal maniobra legislativa – es un corrupto neófito que no más llegar a la cámara mostró sus manos acuchilladas a lo Freddy Krueger. Un bandido sin experiencia al que Toño Mascota le ha pedido una “prueba de sangre” para ver si encaja y acumula méritos en la nueva secta de malhechores que se acaba de robar el Congreso Nacional de una nación despedazada.

Desde luego, la ley Peppa Pig, tanto en sus consideraciones como en sus motivaciones, es un bodrio además de una ofensa pública descomunal. Esta ley sinvergüenza plantea que el gobierno se reserva “el derecho de admisión” sobre contenidos libres en las redes sociales y que las autoridades deben vigilar (quiso decir matar) a todo aquel que no agache la cabeza ante las noticias – léase falsedades – cocinadas por los “manipuladores mediáticos acreditados por el régimen”.

La ley Peppa Pig dice que el gobierno – a través de sus cancerberos – le podrá cortar las manos a todo aquel crítico que toque un teclado para escribir calumnias y le podrá trozar la lengua a todo cantor que recite coplas en las esquinas: media vez demostrado que dichas coplas son ofensivas al mandamás. La Ley Peppa Pig calificará como “odio” toda letra que no elogie al déspota, como “calumnia” toda literatura que no venere al tirano y como “infamia” toda página web, blog o sitio de red que no reverencie la espantosa maldad de este gobierno usurpador.

Esta ley deja claramente establecido que no habrá piedad ni perdón al momento de cortar cabezas, atar manos y amarrar piernas. La Ley Peppa Pig es apenas el comienzo de una larga noche de oscuridad dictatorial. Poco a poco, la Ley Peppa Pig irá apagando los últimos candiles de este pobre país gobernado por malhechores, dementes y matones.

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