DOCTOR HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO

Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”

El 6 de febrero de 2022 se cumplirán el 155 aniversario de su paso a la inmortalidad Felipe Rubén Darío Sarmiento, conocido como “Rubén Darío”,  el “Príncipe de la Letras Castellanas” o “El Niño Poeta”, el propósito de este artículo es señalar los altos méritos literarios del fundador del Modernismo, renovador de la poesía y la prosa en idioma español: [1]Importancia de “Los Raros” de Darío Pese a la importancia que este libro tiene en el conjunto de la obra dariana y su enorme influencia en los años iniciales de la renovación modernista, los raros es una de las obras de Rubén menos estudiada por los críticos. Su difusión no puede compararse a la de Azul… Prosas Profanas y Cantos de Vida y Esperanza. En vida de Darío sólo se publicaron dos ediciones (1896 y 1905). Los estudiosos darianos aseguran que hasta la fecha no pasan de una docena las ediciones que ha tenido este libro memorable.

Y sin embargo, se trata de un libro de gran significación. Enrique Anderson Imbert esgrime cuatro razones para otorgar a Los raros la categoría de libro clave: “La primera -no la mayor- porque nos deja ver a Darío en el acto de levantar un mapa en relieve de la cultura tal como la exploró entre 1893 y 1896. La segunda razón por la que Los Raros es libro capital está en los méritos de su prosa artística. La tercera razón es que gracias a sus juicios y citas podemos correlacionar estas páginas con los poemas coetáneos y hasta localizar algunas fuentes precisas. Y la cuarta razón -no la menor- es que en Los Raros encontramos, implícita, indirecta, la teoría estética de Darío.”

El libro está compuesto por 19 capítulos que corresponden, en su mayoría, a artículos publicados por Rubén en La Nación de Buenos Aires entre 1893, año de su arribo a Buenos Aires, y 1896. El propio Darío dice en el prólogo que fueron extraídos por Ángel de Estrada y Miguel Escalada “del bosque espeso de “La Nación”. Dice Rubén: “Hay en estas páginas mucho entusiasmo, admiración sincera, mucha lectura y no poca buena intención. En la evolución natural de mi pensamiento, el fondo ha quedado siempre el mismo.

Confesaré, no obstante, que me he acercado a algunos de mis ídolos de antaño y he reconocido más de un engaño de mi manera de pensar”.

La lista de “raros” incluidos en la Edición Príncipe es la siguiente:

  1. Leconte de Lisle.
  2. Paul Verlaine.
  3. El Conde Matías Augusto de Villiers de L’Isle Adam.
  4. León Bloy.
  5. Jean Richepin.
  6. Jean Moreas.
  7. Rachilde.
  8. Teodoro Hannon.
  9. El Conde de Lautréamont.
  10. Max Nordau.
  11. George D’Esparbes.
  12. Augusto de Armas.
  13.  Laurent Tailhade.
  14. Fra Domenico Cavalca.
  15. Edouard Dufus.
  16. Edgard Allan Poe.
  17. Ibsen.
  18. José Martí.
  19. Eugenio de Castro.

Varias veces, el propio Darío, explicó el concepto de “raro” que utilizó para seleccionar a los autores incluidos en su libro y decidir la exclusión de otros que aspiraban a figurar en él, o que podían haber encontrado sitio en la nómina definitiva de sus “raros”.

Si bien sus amigos Estrada y Escalada recopilaron los artículos destinados a aparecer en el libro, la selección final la hizo el propio Darío, desde luego que no se trataba de publicar una simple recopilación de artículos. La obra forma parte importante del proyecto literario que Rubén se propuso y, por lo mismo, debía tener un sentido y una coherencia, que sólo Darío podía dársela. La primera explicación sobre el criterio de su selección la ofreció

Darío en su artículo “Los colores del estandarte”, réplica a la crítica de Paul Groussac a Los Raros. Y es que su famosa galería de “raros” motivó varias críticas por la aparente falta de homogeneidad entre los autores incluidos. ¿Qué afinidad o similitud, se preguntaban los críticos, podía hacer, por ejemplo, entre el loco Lautréamont y José Martí? Rubén creyó oportuno explicarse: “Los Raros son presentaciones de diversos tipos, inconfundibles, anormales; un hierofante olímpico, o un endemoniado, o un monstruo, o simplemente un escritor como D’Esparbes, que da una nota sobresaliente y original…” “Elegí los que me gustaron para el alambique”…

De Prosas Profanas y Los Raros puede decirse, con Juan Loveluck, que son “obras claves en la historia de la evolución estética” de Darío. Los Raros es el antecedente obligado, el preámbulo indispensable de Prosas Profanas, el otro gran libro modernista de Rubén. Gracias a ellos Rubén se convirtió en el portaestandarte y jefe indiscutible del más original movimiento literario que ha tenido lugar en las letras españolas.

 “Prosas Profanas”: el libro modernista por excelencia de Darío: La publicación del nuevo libro de Rubén fue costeada por su amigo Carlos Vega Belgrano, nieto del prócer argentino general Manuel Belgrano, Presidente de “El Ateneo” de Buenos Aires y director del periódico “El Tiempo”.

Los treinta y tres poemas de la primera edición ocupan 176 páginas, nítidamente impresas. La segunda edición apareció en París, en 1901, publicada por la Librería de la Vda. de C. Bouret, con un agregado de 21 poesías distribuidas en tres nuevas secciones: Cosas del Cid, Dezires, Layes y Canciones, y Las ánforas de Epicuro.

La segunda edición lleva como introducción el estupendo estudio escrito por José Enrique Rodó, pero sin la firma del autor por una imperdonable omisión del editor, error enmendado después en la tercera edición hecha por el mismo impresor.

Pero, mientras la primera edición de Los Raros se agotó en quince días, Prosas Profanas no fue un éxito editorial inmediato: los quinientos ejemplares de la primera edición tardaron años en venderse.

El título del libro desconcertó a muchos, incluso a algunos críticos academizantes que lo consideraron una antífrasis inadmisible. ¿Por qué llamar Prosas a una colección de poemas? ¿Capricho del autor? ¿Afán de llamar la atención? Estos comentarios hacían sonreír a Rubén, seguro de su hallazgo. En su Autobiografía Rubén nos dice que quienes se escandalizaron por el título se olvidaron de las prosas latinas de la Iglesia, algo que si advirtió el gran crítico uruguayo José Enrique Rodó, quien celebró el acierto de Darío.

[2]“Retrato de Rubén Darío” de Julio Martínez Castillo. Técnica: lápiz grafito sobre papel de acuarela.

[3]LO FATAL

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura, porque esa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

 ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror…

Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por

 lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos,

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

y no saber adónde vamos,

¡ni de dónde venimos…!

RUBÉN DARÍO Cantos de vida y esperanza

Este poema forma parte de Cantos de vida y esperanza, un libro de poesía escrito por Rubén Darío y publicado en 1905. Se distingue como uno de los tres poemarios básicos del autor nicaragüense y supuso una evolución del autor desde un Modernismo esteticista, caracterizado por imágenes exóticas y por una métrica muy musical y brillante, hacia una poesía intimista y reflexiva, en la que el autor planteó temas más trascendentes.

En las Palabras Liminares del poemario Darío nos dio la clave del nombre “Yo he dicho, en la misa rosa de mi juventud, mis antífonas, mis secuencias, mis prosas profanas”. Pertenecen a Prosas Profanas varias de las más celebradas poesías de Rubén, como “Era un aire suave”, “Sonatina”, “Blasón”, “Margarita”, “Ite missa est”, “Coloquio de los Centauros”, “Año Nuevo”, “Responso”, (Verlaine) y “Yo persigo una forma”. No es el propósito de este artículo analizar las composiciones incluidas en este breviario modernista. Nuestro propósito es, más bien, subrayar la importancia que Prosas Profanas tiene en

La renovación de la poesía castellana llevada a cabo por Darío es de tal magnitud que Pedro Henríquez Ureña afirma: “De cualquier poema escrito en español puede decirse con precisión si se escribió antes o después de Rubén Darío”. “Cuando un poeta como Darío

ha pasado por una literatura, todo en ella cambia”, nos enseña Jorge Luis Borges. “Todo lo renovó Darío: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado y no cesará; quienes alguna vez lo combatimos, comprendemos hoy que lo continuamos.

Lo podemos llamar el Libertador”. “Ser o no ser como él, precisa Octavio Paz. De ambas maneras Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos. Es el fundador”. “Darío es ese, señala nuestro Pablo Antonio Cuadra, que pone en pie el castellano para una segunda salida -aún mejor que la primera- como el Quijote. El mismo sirve de guía, de capitán: es el renovador”.

Excelso “Maestro del idioma”, Darío nos lega una lección de sinceridad, de autenticidad (“Sé tú mismo: esa es la regla”), de dedicación tenaz e inteligente a la labor creadora; un escritor que inauguró el profesionalismo en la ardua tarea de las letras y el periodismo; que se formó por su propio esfuerzo autodidacta y que, a pesar de su vida viajera y su tendencia a la bohemia, fue capaz de consagrarse seriamente a las tareas de investigación y creación artísticas; que ejerció consciente y responsablemente un magisterio estético, cultural e incluso político a nivel continental y que dejó, como su mejor lección, una lección modestia y honestidad intelectual en su búsqueda constante de la belleza y el ritmo.

Si el fenómeno de la globalización es hoy día el más dominante en las relaciones entre las naciones, Darío fue un abanderado del cosmopolitismo, que para él estaba indisolublemente ligado a la modernidad. Pero esta apertura hacia lo universal, y he aquí la lección perdurable de Darío que debería iluminar nuestra incorporación en los complejos procesos de globalización y de mercados abiertos, jamás debe hacerse a expensas de nuestra identidad y de nuestros valores. Rubén concilia su prédica del cosmopolitismo con la necesidad de afirmarnos en nuestra propia cultura y, desde ella, abrirnos a la cultura universal, única manera de no ser arrasados por las culturas de los centros hegemónicos promovidas por los medios masivos transnacionales de comunicación.

Darío se dejó influenciar por la literatura francesa pero conservó siempre su honda raíz hispanoamericana. “Toda una naturaleza tropical y todo un pasado indio se despertaron en la lengua de Cervantes y de Góngora cuando la voz del nicaragüense Rubén Darío, en esta lengua soberbia, se puso a cantar, nos dice [4]Jean Cassou. Y en lo referente a su propio país, Nicaragua, [5]José Coronel Urtecho nos dice: “La más alta manifestación de la universalidad nicaragüense es, por supuesto, Rubén Darío. Él es el paradigma de nuestra universalidad en su más pura forma”.

Pese a su rico ropaje formal, que para algunos pudiera esconder una superficialidad anímica, la verdad es que los críticos reconocen que su musicalidad verbal y el virtuosismo de su técnica no nos impiden oír los latidos de su corazón, especialmente cuando desnuda su alma y nos revela sus angustias y pesadumbres, como en sus célebres “Nocturnos” y en “Lo fatal”, poemas en los que se pueden palpar sus más íntimas vivencias e inquietudes, que hoy pesan sobre el alma del hombre postmoderno.

No hay metro, experimento poético, (verso librismo, prosaísmo, exteriorismo, etc.), innovación en prosa, tendencia literaria contemporánea, que no encuentre un precedente valioso en la obra dariana, inclusive el intertexto, tan presente hoy día en la nueva literatura latinoamericana, recurso que culmina en la obra de los más grandes autores de nuestro tiempo (Borges, Cortázar, Neruda, Paz y García Márquez). Sin duda, Darío es hoy día un clásico de la literatura hispanoamericana y universal. Es esa dimensión humana la que confiere más perennidad a la poesía de Darío, y la carga vital, según Giuseppe Bellini[6], que ha conducido a la poesía española a la realización de un nuevo Siglo de Oro”.


[1] Apuntes sobre la Vida y Obra de Rubén Darío Carlos Tünnermann Bernheim es un escritor, ensayista, abogado, ex político y ex diplomático nicaragüense. Wikipedia

[2] Apuntes sobre la Vida y Obra de Rubén Darío Carlos Tünnermann Bernheim es un escritor, ensayista, abogado, ex político y ex diplomático nicaragüense. Wikipedia

[3] http://laliteraturamodernista.blogspot.com/2014/06/lo-fatal.html

[4] Jean Cassou fue un escritor, crítico de arte, hispanista francés y primer director del Museo Nacional de Arte Moderno de Francia. Wikipedia

[5] Poeta, traductor, ensayista, crítico, narrador, dramaturgo, historiador y diplomático nicaragüense.

[6] Giuseppe Bellini fue uno de los principales hispanistas italianos, catedrático de literatura hispanoamericana en la Universidad de Milán y fundador de los estudios de literatura hispanoamericana en Italia. Wikipedia

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