Por: SEGISFREDO INFANTE

            El tema de la experiencia ha sido trabajado sistemáticamente por el filósofo alemán Immanuel Kant, y por otros pensadores de manera aproximativa. De tal suerte que es muy poco lo que nosotros podríamos añadir a lo teóricamente conocido, desde nuestra propia experiencia personal y lugareña. Tal vez Kant nunca imaginó, en forma anticipatoria, la cantidad gigantesca de distorsiones que circularían hoy en día en algunas redes sociales regionales y planetarias. Porque ciertos individuos se entregan a una tarea, casi a tiempo completo, encaminada a calumniar a la mitad del mundo. E incluso algunos difaman la personalidad aislada, recia y autónoma, del pensador alemán aludido. Frente al gran desafío de leer y comprender el enorme edificio arquitectónico del pensamiento kantiano y otros autores, prefieren (los posibles envidiosos y difamadores) reducir al absurdo la figura de personajes como Immanuel Kant, ya sea “escarbando la tierra en busca de gusanos”; o imaginando enfermedades incurables y otros supuestos defectos de orden personal. Es más, los errores intrínsecos de los difamadores, los proyectan sobre otras personas. Y es que frente a la reciedumbre mental o política de un prójimo “equis”, algunos autores prefieren atacar a la persona humana. Siempre ha sido así a lo largo y ancho de la “Historia”, pero mucho más en los tiempos actuales, en que se recurre a métodos más o menos “gansteriles” con el fin de enlodar la imagen de los adversarios, sean reales o ficticios.

            La experiencia es una serie de sucesos registrados en tiempos históricos pero también en los prehistóricos, en que los hombres andaban con lanzas y taparrabos. Pero la abstracción razonadora, relacionada con hechos concretos, es un fenómeno eminentemente histórico, propio de algunas civilizaciones y culturas. De unas más que otras. Así que resultaría bien afirmar que la “Razón” (con “R” mayúscula) crítica y conciliadora, nació con la “Historia” misma, y que el árbol frondoso de la gran Filosofía es producto de sociedades más o menos maduras, en tanto que, como decía Guillermo Hegel en su etapa de completa madurez biológica y mental, y con un toque de desencanto, que “la filosofía siempre llega a los pueblos de todas maneras demasiado tarde.” Los grandes filósofos griegos sistemáticos, por ejemplo, surgieron en un momento en que la simbólica Atenas estaba en un proceso de declive, decaimiento o desintegración. Me refiero a Sócrates, Platón y Aristóteles. Habría que revisar la historia del pensamiento en otras sociedades.

            Sin embargo, he observado que en los oscuros tiempos actuales, muchas personas (incluyendo a las que exhiben “altos” niveles académicos), han renunciado a la experiencia en general; y a la experiencia abstracta razonadora en particular. Es extraño que nunca nos hayamos detenido a estudiar la tremenda subsistencia histórica frente a la “peste negra” o “bubónica” a mediados del siglo catorce, que duró cinco años consecutivos (1347-1352) en toda Europa y parte de Asia, con algunas repercusiones posteriores. Habría que preguntarse a fondo, cómo hicieron aquellas sociedades para sobrevivir a tan terrible experiencia, casi inédita en el “Mundo Occidental”, como inédita es la pandemia virológica actual.

            Ciertos individuos han llegado al colmo, en las redes sociales, de negar la existencia del nuevo virus. Otros desean que imitemos mecánicamente a Suecia, en donde el Estado de bienestar sigue siendo fuerte, con un sistema sanitario poderoso y con gente bien alimentada. Mientras que en Honduras nuestro Estado es débil, con gente desnutrida y el sistema sanitario vulnerable, y con algunos “políticos” e individuos prehistóricos que irrespetan las más elementales reglas de bioseguridad individual y colectiva. Olvidan que los países que están superando relativamente la pandemia, corren el riesgo de los rebrotes virológicos, tal como sucede en la ciudad de “Guján”, para sólo mencionar un caso.

            El concepto de abstracción tiene que ver con algunas visiones cosmogónicas de trascendencia universal, como el monoteísmo. Con las ciencias “duras”, tales como la matemática y la física. Pero, sobre todo, con la Filosofía rigurosa y la sub-disciplina de la “Lógica”, sistematizadas por Aristóteles. No está de más repetir, por enésima vez, que bajo el hermoso árbol de la gran Filosofía, se desarrollaron las ciencias particulares, como las arriba mencionadas. Exceptuando la medicina, que surgió y se desarrolló con mucha anticipación en el Antiguo Egipto.

            La pregunta abstracta especial de este momento histórico crucial, es acerca de cómo vamos a coexistir después de esta pandemia. Me refiero a las personas que de acuerdo con el Dios misericordioso y la medicina, logren sobrevivir. En todo caso de algo podemos estar seguros, que mientras evitemos extraer experiencias positivas del pasado histórico correremos, por analogía, el grave riesgo de caer en abismos tenebrosos de mayor profundidad que el actual. Los Estados, los gobiernos, los partidos políticos, los empresarios, los medios de comunicación masiva y el mismo pueblo, adquieren una responsabilidad conciliatoria oxigenante de primer orden, nacional y mundial.

            Tegucigalpa, MDC, 17 de mayo del año 2020. (Publicado en diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el jueves 21 de mayo de 2020, Pág. Cinco). (También se reproduce en el diario digital hondureño “En Alta Voz”).

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