Por: SEGISFREDO INFANTE

            Se han escrito muchas cosas sobre teoría de la historia. Y algunas se le adjudican a Guillermo Hegel, a veces adulterándolo. Eso me inspira para citar un postulado del filósofo alemán clásico tal como él lo redactó. No como se le recita según las conveniencias de cada momento. Hegel dice: “Pero lo que la experiencia y la historia enseñan es que jamás pueblo ni gobierno alguno aprenden de la historia ni han actuado según doctrinas sacadas de la historia. Cada pueblo vive en un estado tan individual, que debe resolver y resolverá siempre por sí mismo; y, justamente, el gran carácter es el que aquí sabe hallar lo recto. Cada pueblo se halla en la situación tan singular, que las anteriores relaciones no son congruentes nunca con las posteriores, ya que las circunstancias resultan completamente distintas. En la premura y presión de los acontecimientos del mundo, no sirve de nada un principio general, un recuerdo de circunstancias semejantes, porque un recuerdo desmedrado no tiene poder ninguno en la tormenta del presente, no tiene fuerza ninguna en la vivacidad y libertad del presente.”

            Aquí conviene aclarar que una cosa es la visión universal de Hegel respecto de la “Historia”, y otra cosa son las puntualizaciones que el filósofo mismo realiza sobre las historias particulares, nacionales o subregionales. Debo recordar que en mi ensayo “Fermentación conceptual en Hegel” de noviembre del año 2011, escribí lo siguiente: “Queda evidenciado que el discurso de Hegel suele ser harto riquísimo, como pocos en el mundo del pensar riguroso. Pero también es pertinente determinar que algunas de sus conclusiones tienden a ser bastante pobres; quizás por la pobreza de algunos universos institucionales; por sus meros prejuicios pangermanistas; por el “espíritu del siglo” peculiar de aquellos días; o porque en su época era evidente la ausencia de historiadores verdaderamente científicos, que le hubieran servido de respaldo.” En realidad que los grandes arqueólogos e historiadores científicos o imparciales aparecieron después del fallecimiento de Guillermo Hegel y del mismo Karl Marx. Creo que ambos autores jamás oyeron hablar de las civilizaciones sumerias.

            Dado lo anterior lo que me interesa, por ahora, es la visión universal filosófica de Hegel, matizada con los conocimientos historiográficos que el pensador poseía en una época embrionaria de la ciencia histórica. Más especialmente me interesa la parte universal, que las historias particulares, en tanto que en las especificidades nacionales y regionales (a veces continentales) se imponen las pasiones de los hombres y mujeres muy por encima de la “Razón” universal. Frente al mundo de las legalidades convencionales Hegel prefiere, siguiendo a Platón, el mundo de las moralidades reales, desde la base familiar y estatal de cada sociedad, en cuyo encuentro saltan de pronto las contradicciones insustanciales que socavan el pensamiento y le producen (aunque el filósofo alemán prefiera mantenerse imperturbable), un “absoluto desgarramiento interior”.

            Un buen amigo me decía hace pocos días que a los políticos actuales no les interesan mis artículos, “y ni siquiera los leen”. Tal cosa confirmaría, de ser cierta, el postulado histórico-filosófico del viejo Hegel en nuestro primer párrafo. En tal caso retengo, hasta cierto punto, la propuesta de Platón en “La República”, en el sentido que más bien la tarea es formar a los nuevos gobernantes y guardianes desde niños, enseñándoles gimnasia para la salud de sus cuerpos, y buena música con el fin de suavizarles la hostilidad instintiva, con la condición moral que sepan recibir los mejores conocimientos filosóficos plurales. En virtud que los verdaderos filósofos siempre han sido muy escasos, como lo advertía el mismo Platón en la Antigua Grecia, la clave es enseñarles a los futuros gobernantes algo sustancial de la gran “Filosofía”. No para que sean filósofos. Sino para que aprendan a gobernar con algo de sabiduría y prudencia.  

            Cuando escribo artículos cargados de filosofía con giros políticos, no estoy pensando, por regla general, casi en ningún momento, en los políticos hondureños o extranjeros actuales. Estoy pensando en la política “en sí misma”, así como Platón pensaba en “lo justo”, en “lo bello” y en “lo bueno”, haciendo caso omiso de los tribunales, de los jueces, de los acusadores y de los litigantes. Porque en el plano personal soy consciente de mis defectos, mis pecados y mis limitaciones circunstanciales, inherentes o impuestas. Decía Platón que “la maldad nunca será capaz de conocerse a sí misma.” Esto de algún modo significa, siguiendo al griego, que la maldad es incapaz de pensar racionalmente, amorosamente, así como los taimados y narcisistas son incapaces de percibir su propias dobleces y deslealtades cíclicas. Sin conciencia primaria y sobre todo sin autoconciencia, el mal es incapaz de pensar por sí mismo, y sin pensamiento, sugiere Hegel, es imposible que exista objetividad nacional y universal.

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