El miedo paraliza y obliga a los asustados a ver hacia otro lado. O a silbar para darse valor. Aparentemente, es lo que estamos haciendo ante la crisis que explotara en Nicaragua desde el 19 de abril recién pasado. Desde entonces, el régimen –que parecía el más consolidado, que ponían como ejemplo por sus relaciones con la empresa privada– ha entrado en un proceso de ilegitimidad expresada en la falta de control sobre las ciudades más importantes, y por el bloque involuntario que la inestabilidad ha creado. El comercio internacional desde Guatemala, Honduras y el Salvador no puede circular por las carreteras de ese país. Y los productos de y hasta Managua, tampoco se pueden mover. Igual cosa ocurre con los productos que vienen de Panamá y Costa Rica hacia Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y México.

Sin embargo, los hondureños volvemos los ojos hacia otro lado. Silbamos una canción de moda y seguimos caminando como si nada ocurriera y, además, estamos convencidos que lo que pasa en Nicaragua no nos afectará. Creemos que las campanas que suenan allá no lo están haciendo también para nosotros. Ningún medio ha mandado a sus reporteros a cubrir la guerra civil iniciada en la tierra de los lagos. Y ni siquiera los empresarios centroamericanos se han reunido para presionar a los gobiernos a buscar soluciones porque cada día que pasa la crisis va en aumento y los daños económicos se vuelven incalculables.

Hasta hace muy poco, creía que el mejor socio comercial de Honduras, después de Estados Unidos, era El Salvador. Guillermo Matamoros, economista distinguido, expresidente del Colegio Hondureño de Economistas, y profesor de economía en la Unah, me ha sacado del error. Me convenció con cifras puntuales que el aliado comercial natural de Honduras es Nicaragua, por lo que lo que ocurre allá, nos afecta en primer lugar, a nosotros. Al fin y al cabo, es de los pocos países con los que mantenemos una balanza comercial favorable. Matamoros calcula que en este momento Honduras está perdiendo, solo en impuestos, un millón de dólares diarios. Ante esto, el presidente del Cohep no ha realizado, hasta donde sabemos, ninguna gestión con sus homólogos de la región para acercarse a los gobiernos –al de Nicaragua en primer lugar, por supuesto– para buscar una solución, en que el conflicto político se aparte de la paralización económica que tiene sometida a toda Centroamerica actualmente.

Esta no es la primera crisis que tenemos en la región. En 1969, con ocasión de la guerra entre Honduras y El Salvador, se paralizó el tráfico centroamericano, en la medida en que, Honduras no permitía la circulación de mercancías por sus carreteras.

Diez años después, en 1979, Nicaragua enfrentó la crisis política de la caída de la familia Somoza. Y en el año 2000, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, se pusieron de acuerdo, para no usar la carretera Panamericana buscando aislar a Honduras. Incluso entonces –como ahora lo hacen algunos tímidamente– quisieron usar la vía marítima para evitar el paso por Honduras.

Los problemas políticos se resuelven políticamente. Pero cuando estos se tardan, como ocurre actualmente, los afectados económicamente tienen que presionar a los políticos para que produzcan alguna solución que encamine a la normalidad en el menor tiempo posible. Los empresarios deben usar sus cúpulas empresariales para exigirle a los Gobiernos de la región que se aproximen a Nicaragua en la búsqueda de una solución civilizada, y en la que, si hay que sacrificar algo, hay que hacerlo en favor de la paz y la estabilidad de la región. Incluso, pueden urgir al Sica que se ha llamado igualmente al silencio, sin que sepamos qué está pensando su secretario general el expresidente de Guatemala, Vinicio Cerezo Arévalo.

En definitiva, no podemos ver hacia otro lado queriendo imaginar que con taparnos la cara las dificultades en Nicaragua desaparecen. Todo lo contrario, se puede producir un efecto dominó en la región en que, Dios nos guarde, la caída del Gobierno de Nicaragua empuje la inestabilidad en Honduras, provoque sobresaltos en El Salvador y descuadre la frágil paz de Guatemala. Algo hay que hacer inmediatamente.”

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