Honduras

En 2014, un habitante de Cofradía, un municipio de San Pedro Sula, departamento de Cortés, se acercó a miembros de la prensa y expresó; “El Chapo viene a Cofradía con frecuencia y quince días antes de su llegada podemos ver a su avanzada colocándose en sitios estratégicos, nos da miedo”, dijo don Samuel.

Se le formuló al jefe de las fuerzas armadas la consulta sobre el tema y no parecía sorprendido, aseguró que realizarían las investigaciones pertinentes y que cualquier persona que tuviese información podría denunciar ante las autoridades.

Los señalamientos contra Honduras por el tráfico de droga y supuestos vínculos con el cartel de Sinaloa no son nuevos, la reconocida revista de investigación Proceso de México realizó una profunda investigación sobre el tema, información que en su momento negó el exministro de Seguridad Oscar Álvarez, acusando a la revista de ser “un pasquín de chismes”. A continuación, reproducimos el contenido de la investigación y en enlace que se encuentra disponible en línea.

HONDURAS: UN PARAÍSO DE IMPUNIDAD PARA EL CHAPO

Autor: Revista Proceso de México

Los ríos de cocaína que fluyen de Colombia hasta México antes de saltar la frontera norte tienen un punto intermedio, geográficamente ideal: Honduras.

Este país, convertido en la mayor pista clandestina para las avionetas del narcotráfico, ha prohijado pequeñas mafias y ha corrompido a las autoridades. Se ha vuelto un paraíso de impunidad para los grandes capos, entre ellos El Chapo Guzmán, de quien se afirma que está instalado ahí, en el departamento de Copán, cerca de la frontera con Guatemala. SANTA ROSA DE COPÁN, HONDURAS (Proceso).

 En El Paraíso, departamento de Copán, el Palacio Municipal es, en efecto, un palacio: 20 columnas romanas adornan su fachada y sus costados; sus dos plantas tienen arcos de medio punto con ventanales… y en su azotea hay un helipuerto. Es una especie de Capitolio barroco. Hasta 2005 El Paraíso –municipio hondureño de 20 mil habitantes, fronterizo con Guatemala– era un pueblo polvoriento; entonces un ex arriero que sólo llegó a tercer grado de primaria, Alexander Ardón, se convirtió en alcalde. Ahora el ayuntamiento de El Paraíso se asienta en un inmueble de 900 mil dólares y cuenta con un mercado municipal de un millón. Además, 60 de sus calles están pavimentadas y 40 pequeños poblados del municipio ya tienen electricidad. Así lo presumió el propio Ardón el pasado 17 de noviembre cuando asistió al municipio vecino de La Florida, donde tuvo lugar el cierre de campaña de su partido, el Nacional, el cual ganó de nuevo la Presidencia de la República y la mayoría en el Congreso (unicameral) el pasado 24 de noviembre.

Ardón apareció públicamente por vez primera en cuatro años para apoyar a la candidata opositora en ese municipio, Rebeca Santos. “Si Rebeca gana las elecciones, la parte financiera de La Florida se la voy a administrar yo un año; y en un año vamos a construir un mercado como el de El Paraíso y les vamos a demostrar cómo se administran los fondos”, aseveró.

En entrevista publicada el 9 de septiembre de 2013 en el diario hondureño La Prensa, Ardón aseguró que su riqueza y la de su pueblo provienen de la venta de leche y del comercio trasfronterizo, algo difícil de creer en Copán, uno de los departamentos más pobres del país, donde las milpas, cafetales y pastizales conviven con los sembradíos de mariguana.

A Ardón se le señala como uno de los principales mafiosos locales. De origen humilde, empezó traficando ganado y café hacia Guatemala, luego fue mula en el transporte de droga por la frontera para finalmente dirigir desde hace una década una de las dos organizaciones que trasiegan estupefacientes por tierra hacia el norte. El otro grupo delincuencial está dirigido por la familia Valle, sus vecinos de La Florida, quienes también pasaron súbitamente de arrieros a traficantes a finales de los ochenta.

Ambas organizaciones crecieron al mismo tiempo que lo hizo Mario Ponce, jefe del cártel del departamento guatemalteco de Izabal, fronterizo con los municipios hondureños de El Paraíso y La Florida. Ponce fue capturado en Honduras en 2011 y extraditado a Estados Unidos donde cumple condena por ser operador del Cártel de Sinaloa en Guatemala y querer ampliar sus dominios a Honduras. Al mando de Ponce crecieron otras dos familias hondureñas asentadas en Guatemala, los León y los Berganza. Ambas, originarias de El Paraíso, habrían impulsado a Ardón en el negocio del trasiego de cocaína para hacer contrapeso con los Valle, explica un reportero local que pide el anonimato. A partir de que en 1999 Estados Unidos impulsó el Plan Colombia y endureció en 2001 las medidas de control para evitar la llegada de droga por la ruta del Caribe, el narcotráfico se desplazó hacia los países de Centroamérica y México. Por aquí pasa 95% de la cocaína que llega al norte, según el reporte Estrategia Internacional de Control de Narcóticos 2012, difundido el 7 de marzo de ese año por el Departamento de Estado de Estados Unidos. Según ese documento, de la cocaína que pasa por Centroamérica en su ruta a México, 75% llega en avionetas a Honduras.

Aquí hay cerca de 200 pistas clandestinas, dice a Proceso el viceministro hondureño de Defensa, Carlos Roberto Funes. La mayoría de estas pistas están en La Mosquitia, región selvática a la cual no llega la precaria infraestructura del Estado. Desde ahí, grupos de hondureños conectados con cárteles trasnacionales mueven la droga en lanchas por cayos despoblados e islas caribeñas hasta el Golfo de México o la suben por tierra hacia Tocoa y Trujillo, de ahí a La Ceiba, a San Pedro Sula y finalmente a Copán, en territorio hondureño. “En cada lugar el paquete va derramando droga, dinero y violencia”, confiesa a este semanario Carlos Vallecillo, portavoz de la Fiscalía Hondureña Antidrogas. Refugio en Copán Honduras es el país más vulnerable de Centroamérica y el crimen organizado ya penetró sus instituciones. Además, su posición geográfica es propicia para el tráfico de drogas: a mitad de camino entre Colombia y México, con salidas al mar por el Pacífico y el Caribe y frontera con tres países: Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Es la escala ideal de los proveedores sudamericanos y los cárteles mexicanos y tierra fértil para el florecimiento de organizaciones locales. “Las estructuras de estas organizaciones son similares en todos los países; lo que varía es el tamaño o el poder. Las hondureñas están directamente relacionadas con los cárteles de Guatemala porque son parte del negocio del transporte de la droga hacia el norte. Hay conexiones con los proveedores sudamericanos y vinculación con las mafias mexicanas. Son socios en esta área de la ruta”, explica Funes. Reconoce: “En los enfrentamientos hemos encontrado a mexicanos, colombianos y delincuentes de otras nacionalidades que tal vez radican en una parte alejada del país como Copán o Mosquitia, así como pilotos extranjeros que transportan las avionetas de droga”. –¿El Chapo Guzmán está por aquí? –se le pregunta. –Sí. Podría ser. Podría ser que esté acá en el área –responde. Lo que admite el viceministro Funes es un secreto a voces en el departamento de Copán. Ahí funcionarios y pobladores afirman que han visto al Chapo con miembros de la familia Valle en El Espíritu, pueblo de 3 mil habitantes, pero con lujosas mansiones en cuyas entradas hay cámaras de vigilancia. “Sí. Ha estado o está por aquí. Tiene vinculación con esta gente”, acepta un funcionario público de la capital departamental. “En Copán hay dos núcleos, los Valle y el Cártel del Paraíso, y muchas ramas, que son las que luego generan la violencia”, agrega. “El paso del Chapo por el sector no es nada nuevo. Ha utilizado el lugar como un refugio. Por decir, hoy llega y se va porque tiene la característica de no permanecer mucho en la zona, por el temor a ser detenido. Espíritu y El Paraíso son los dos lugares (a donde llegaría) porque ahí hay puntos ciegos donde pasa la gente y la droga y nadie dice nada”, cuenta una periodista hondureña especializada en narcotráfico. –¿Cómo se explica que haya dos organizaciones en un mismo territorio y no estén en guerra? –Han sabido manejar el número de mercancía y el control del territorio, aunque al final son lo mismo pues están ligados a Mario Ponce. Es la misma rueda –dice la periodista. Sin embargo, apunta: “Hay una peculiaridad en ambos: los Valle se caracterizan por ser sanguinarios, por tener una manera muy dura para tratar a la gente y no son tan bondadosos. En cambio, tú pregunta por el alcalde de El Paraíso y todo mundo lo quiere porque el hombre ayuda. La gente del lugar siente que desde que él es alcalde, el pueblo ha mejorado. Y es cierto. Ardón va a ser alcalde hasta que se muera”, concluye la periodista, en entrevista en San Pedro Sula, capital industrial de Honduras. Aunque la reunión de la periodista con este semanario tiene lugar a pocas cuadras del diario donde trabaja, va y regresa con un chofer de su confianza. Tuvo que dejar Copán debido a que recibió amenazas. No es la única. La prensa regional ya no habla de narcotráfico ni de crimen organizado. Los periodistas que lo hacen o lo intentan son amenazados de muerte. Autoridades coludidas Copán es una región de niños descalzos, casas de adobe y hombres con maltrechos sombreros de doble ala. El paso de la droga ha hecho florecer algunos negocios y centros comerciales, pero la derrama económica también ha provocado violencia: la tasa de homicidios es de 104 por cada 100 mil habitantes, el doble que la media de El Salvador y la tercera más alta de Honduras, que en 2012 fue de 85.5 por cada 100 mil habitantes o 20 asesinatos diarios. “En dos años han matado a 40 personas en mi municipio y casi todas con saña: les destruyeron la cara y el cuerpo, los quemaron o los descuartizaron. Si alguien habla de más le cortan la lengua para que se sepa que fue por bocón”, relata otro alcalde de un municipio fronterizo de sólo 5 mil habitantes quien también pidió reservar su nombre. “Aquí la mayoría de las muertes no las relacionan con el narco. Nadie dice nada. Las investigaciones nunca llegan a nada, pero si esa gente habla más de la cuenta, ya sabe”, añade. “Si comparamos la presencia del narcotráfico con un mapa de mortalidad y criminalidad violenta es casi lo mismo. Estas organizaciones que tienen tanta capacidad de generar recursos también terminan siendo los grandes generadores de la violencia y dejan a su paso una estela de muerte”, considera desde Tegucigalpa Arabeska Sánchez, coordinadora de seguridad del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Y de acuerdo con todas las fuentes consultadas sobre este tema, las autoridades están coludidas con el crimen organizado. “Ahora los fiscales ya se involucraron en el delito, los jueces también, la policía lo mismo; el Ejército, peor”, subraya Jari Dixon, fiscal de Copán entre 1998 y 2002. A los Valle se les relaciona con una estructura más grande que opera en el resto del país: Los Cachiros, el cártel local que controla 90% del narcotráfico en el país. El pasado septiembre la policía hondureña, con respaldo de la DEA, incautó a Los Cachiros más de 500 millones de dólares en propiedades, hoteles y hasta un zoológico. La operación, bautizada Neptuno, incluyó la intervención de 71 cuentas bancarias, las cuales se encontraban en ese momento sin fondos. Humberto Palacios, director de la policía de Honduras, dijo que miembros de su corporación coludidos con integrantes del cártel habrían advertido a éstos de la operación Neptuno, lo cual les permitió vaciar las cuentas. “Fue un pitazo”, coincide Vallecillo.

https://www.proceso.com.mx/reportajes/2013/12/26/honduras-un-paraiso-de-impunidad-para-el-chapo-127333.html

NARCO ISLAS, UN TESORO ENTRE DOS OCÉANOS

En 2013, periodistas de En Alta Voz participaron en una investigación de periodismo colaborativo sobre la incautación de drogas en varios países de América Latina, la captura de traficantes de parte de Honduras era mínima en comparación a otros países.

Las narco islas esconden cocaína, guardan combustible y son paradisíacas. En el negocio del narcotráfico, una isla vale más que mil kilómetros de carretera. En Centroamérica, hay más de 100 mil, y cada año transitan por ellas el 90% de la droga de todo el mundo. Las autoridades han implantado radares que detectan aviones, retenes en todas las carreteras y centenares de controles aduaneros, postales y de envío, pero hay muy poca efectividad en la detección de lanchas rápidas. De Colombia a EEUU, todavía no hay fuerza policial, militar ni de inteligencia capaz de preservarlas vírgenes del tránsito del narco.

COLOMBIA: De San Andrés a Coney Island

Comprar la isla Norman’s Cay, en mitad de las Bahamas, era un sueño que Carlos Lehder tuvo en la cárcel. Así lo bautizó en honor a un pirata inglés del siglo XVI, al que le sirvió de refugio para traficar ron sin saber que sus cuevas serían después el nido del trasiego de cocaína que enriquecería a uno de los principales narcos colombianos. Tanto así que, en los años 80, la isla llegó a ser el punto de partida de tres de cada cuatro toneladas de la droga que se consumía en Estados Unidos.

Ya entonces Lehder cobraba $10.000 dólares a sus amigos del Cartel de Medellín por contratar sus servicios de envío a través de la isla. Cuenta la leyenda que, una vez delatado, y a modo de despedida, el 10 de julio de 1982 Lehder bombardeó Nassau, la capital de Bahamas, lanzando panfletos desde una avioneta en los que se podía leer: “DEA go home” (DEA vete a casa). Algunos de ellos iban acompañados de billetes de $100.

Cuando Lehder comenzó, nunca imaginó que sería tan sencillo utilizar la isla como soporte logístico para sus actividades ilícitas. No fue el primero, ni tampoco el último. Desde entonces, el efecto multiplicador de las narco islas ha sido feroz: de San Andrés, el principal punto de salida de la droga colombiana, hasta Coney Island, el foco caliente de Nicaragua han replicado el ejemplo. Panamá, Costa Rica, Honduras, Nicaragua y México, lugares de tránsito insular, dan fe de ello. Sin embargo, para las autoridades, estos pequeños enclaves de arena, manglar y playa siguen siendo un punto flaco por el que se cuelan las pulgas.

PANAMÁ: un viaje por el paraíso

De Colombia a Honduras hay más de 580 millas náuticas. La geografía hace posible que no sea necesario para las go-fast penetrar las 12 millas de aguas territoriales panameñas, pero en todo ese espacio, “algún punto de reabastecimiento debe haber”, advierte Ramón Nonato López, comisionado de Operaciones del Servicio Aeronaval (SENAN).

Esta fuerza policial cuenta con ocho bases navales, ocho helicópteros operativos, y 24 embarcaciones que deben repartirse las tareas de detección de pesca ilegal, salvaguarda de las áreas protegidas, búsqueda y rescate y, además, crimen organizado. El gobierno actual prometió instalar 19 radares; 10 en el Pacífico y 9 en el Caribe, pero por ahora no hay ninguno activo. Este equipo es responsable de hacerse cargo de las 1.518 islas que bordean las costas de la geografía panameña: una misión imposible, aunque se vanaglorien de haber colocado a Panamá el título de ‘país con más droga decomisada de Centroamérica’.

“Las islas son muy vulnerables; la mayoría están solas”, simplifica Carlos Chavarría, alcalde de Portobelo, en Costa Arriba de Colón, una de las zonas de mayor actividad. En lo que va de año se han incautado 14 toneladas de cocaína; el 80% de las operaciones se han dado gracias a información filtrada. Sin embargo, Nico, sentado en un tronco tumbado de la playa de Cuango, en la Costa Arriba, explica tranquilo: “Aquí, al sapo se le mata”.

Él lo ha hecho en cinco ocasiones. Ha esperado una llamada durante todo un día, ha elegido una isla, y después ha salido al mar a buscar el maná llegado del cielo. Al caer la noche se prepara junto a otros dos. No lleva nada; sólo una chaqueta para el frío. Un GPS los guía hasta un punto ‘x’ en mitad del mar, y allí hacen su trabajo. Apenas intercambian palabras, la droga pasa de un bote a otro, y después tardan 2 horas en recorrer lo que para ir les ha tomado 15 minutos. Llegan a la isla seleccionada y entierran la droga en un hueco que han cavado dos días antes. Los manglares son el lugar perfecto: vacíos y con tierra blanda. Al cabo de unos días, cinco o seis, realizan la misma operación, pero a la inversa. “Somos lo que llaman mulas”, explica Nico. Por cada viaje cobran $5,000 dólares. Por un mes trabajando en el kiosko del pueblo, diez veces menos.

Las islas ni siquiera son suyas; muchas veces no son de nadie. Pero hubo una época dorada donde los narcos eran los propios dueños de las islas. Rayo Montaño tenía tres; ‘las tres marías’. A él y a Urrego se las decomisaron y las convirtieron en bases aeronavales de las autoridades panameñas, aprovechando toda la infraestructura que ya estaba armada.

Un paraíso de 365 islas

Benito sólo es una mula en Gunayala, pero también tiene su propia isla, en la que celebra las mismas fastuosas fiestas de narco de los ochenta que aparecen en las novelas. En esta comarca indígena hay una isla por cada día del año, aunque sólo 47 están habitadas.

Los locales, indígenas gunas, no cultivan coca, ni producen su droga, ni siquiera la transportan. Pero una buena parte de los habitantes vive de ella. Se han visto beneficiados por la geografía; aquella tierra que los conquistadores les usurparon, hoy es la envidia de los piratas modernos, los que buscan un lugar donde esconderla, enfriarla o esquivar a la policía. Las islas de Gunayala se han convertido en un enclave imprescindible para el narcotráfico; aisladas de la vigilancia perpetua de la policía y rodeadas de unos pobladores ávidos de pescar las migajas que dejan a su paso.

Hace 16 años, la comarca fue declarada zona de pobreza extrema. En aquel entonces un kilo de cocaína costaba de $100 a $150 dólares, y estas islas ya comenzaban a formar parte del circuito de la droga en Centroamérica. Hoy las autoridades hablan de que hay un stock de billetes de $100 dólares que no pueden gastar ni canjear fuera de la comarca sin que la sospecha pese sobre ellos. Trato de entrevistar a un guna que supuestamente se dedica a transportar droga dentro de la comarca, pero me pide $6.000 dólares para darme la entrevista.

No manejan cifras pequeñas, como tampoco es poca la droga que las autoridades han decomisado en la zona. Aunque no poseen la cifra exacta, el comisionado Nonato López advierte que es la zona “más caliente” de la parte insular de Panamá.

En una lancha rápida se puede llegar fácilmente desde Puerto Obaldía, en la frontera con Colombia, hasta Cartí, el extremo norte de Gunayala, en menos de ocho horas. Lleno de ríos e islas deshabitadas, Gunayala se posiciona como un enclave estratégico para ocultarse durante el día, enfriar la droga en sus manglares, o simplemente repostar gasolina.

Ayer, las autoridades de fronteras que custodian la comarca decomisaron una lancha con dos personas y diez bultos de droga, de entre 25 y 30 kilos cada uno. En menos de 24 horas, los pescadores de la zona se preparan para ‘pescar’ los otros que debieron haber tirado al mar; la droga negra. Después, otras mulas de la Costa Arriba, a menos de una hora en lancha rápida, vienen a por ella y se la compran.

En 2013, el SENAN y el SENAFRONT han decomisado 20 lanchas; seis de ellas no portaban droga, pero estaban dirigidas por inmigrantes sin documentación alguna que les identificara; dejan de ser potenciales casos de narcotráfico para convertirse en meros procesos de inmigración ilegal, por lo que no se investigan, explica el comisionado.

En toda la historia del narcotráfico, Panamá sólo ha detectado un submarino en sus aguas nacionales, y lo hizo porque Costa Rica venía persiguiéndolo y le pasó el dato. El ex fiscal antidroga, Rosendo Miranda, cuenta que el narcotráfico tiene solución, pero si se detuviera toda la droga que transita por las islas panameñas se paralizaría el país. “¿O cómo crees que se explican estos rascacielos, y que el país haya crecido a un ritmo del 10%?”.

HONDURAS: Las islas de la Bahía 

Más que turismo de playa

Habían ocultado los 31 fardos entre unas maderas desvencijadas. Llevaban tres días acosados por los operativos que la Fuerza Naval hondureña estaba realizando en La Mosquitia, en el Caribe, para encontrar los 775 kilos de cocaína que habían llegado a Caratasca. Las pistas apuntaban a los hermanos Kork Anderson y Antonino Oscarealis Wrist Lucas, originarios de Roatán, enclave principal de las Islas de la Bahía.

Habían ocultado la lancha de dos motores, cada uno de 200 caballos de fuerza y 25 pies de largo en Cayos Vivorillo, una zona marítima con muchos islotes que los narcotraficantes usan para ocultarse. Llevaban, por si acaso, unos ocho barriles de combustible. Ellos, también por si acaso, no portaban documentos.

“Fue un operativo intenso de búsqueda que logró buenos resultados”, dijo el ministro de Defensa, Marlon Pascua, que informó que la droga sería traslada a Islas de la Bahía, al norte de Honduras, y luego a Estados Unidos. Pero Pascua sabe que lo más probable es que los hermanos queden en libertad y sin cargos. Él mismo reconoce que “normalmente estas personas son puestas en libertad por malos procedimientos”.

Al igual que en Panamá, los Cayos Vivorillo, con escasa vigilancia policial y militar, son un punto obligado del tránsito caribeño de la droga. En la zona hay más de diez cayos, islotes y bancos de arena ubicados en la provincia de Gracias a Dios, fronteriza con Nicaragua.

Por Honduras pasa el 79% de la cocaína que llega a México desde Sudamérica, según las autoridades. En los últimos meses los narcotraficantes han cambiado sus rutas para introducir drogas a Honduras para luego trasladarla a Estados Unidos. Aquí se forma lo que el Departamento de Estado de EEUU conoce como el triángulo de la droga.

Narcoislas, un tesoro entre dos océanos (animalpolitico.com)

https://www.laestrella.com.pa/nacional/130929/dos-tesoro-oceanos-narcoislas

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