Por: SEGISFREDO INFANTE

            Cincuenta años de filosofía contemporánea y posmoderna (me refiero a una cabalgata entre el siglo veinte y el veintiuno), se encuentran ligados, directa o indirectamente, al cuestionamiento de las grandes certezas filosóficas y científicas, incluyendo las certezas matemáticas, que experimentaron un estremecimiento telúrico con los dos teoremas más famosos de Kurt Gödel, como nunca antes había ocurrido desde los tiempos de Aristóteles.

            Ha habido polémica y también diálogo amistoso. Uno de los abanderados de esta polémica fue el pensador polaco Leszek Kolakowski (1927-2009), quien discurrió en torno de dos puntos de vista contrapuestos: el pensamiento trascendentalista de Edmund Husserl, por un lado, y el empirismo tecnologizado que ha venido imponiéndose desde el siglo diecinueve, y sobre todo a partir de la década del noventa del siglo veinte. Por ahora recuerdo tres libros de Kolakowski: el “Tratado sobre la mortalidad de la razón”, “Husserl y la búsqueda de la certeza” y el “Horror Metaphysicus”. Este último texto lo mencioné al dictaminar, en marzo de 1992, una recopilación de ensayos filosóficos que le publicamos al hondureño Roberto Castillo Iraheta, en la vieja Editorial Universitaria de la UNAH.

            La polémica ha sido cuestionadora, martirizante, relajada o a veces risueña, por aquello que algunos filósofos maduros y desprejuiciados poseen la capacidad de reírse de sí mismos, cuando el caso lo amerita. En este debate Leszek Kolakowski trató de ser imparcial y se adentró en el tema de la “verdad” sustentada en las estructuras binarias del conocimiento humano occidental. Kolakowski desarrolló este vidrioso capítulo, con su estilo recurrente y pegajoso, exhibiendo todos los ángulos posibles en favor y en contra de la supuesta solidez del principio de “certeza” universal, que tanto han buscado los filósofos de casi todos los tiempos, los físicos teóricos y de partículas, y muy especialmente los matemáticos. Al final Kolakowski termina sugiriendo una postura intermedia entre los filósofos trascendentalistas como Husserl, y los pensadores empíricos. No olvidemos que Guillermo Hegel estaba obsesionado con alcanzar algún día la verdad absoluta, por el camino dialéctico y metafísico, hasta lograr identificar el “Espíritu Absoluto” en la “Historia” general de la humanidad.

            Reitero: Al penetrar en el discurso del escritor alemán Edmund Husserl, el señor Kolakowski reconoce con mucho respeto e imparcialidad las virtudes polémicas del trascendentalismo problemático. Husserl poseyó la capacidad de jalonear hasta las últimas consecuencias uno de los dilemas intelectuales más importantes del siglo veinte. Pero quizás fracasó en el empeño por los objetivos pretendidamente totalizantes, con trasfondo religioso, que impregnaban su pensamiento neocartesiano. Parejamente Kolakowski también supo señalar las otras limitaciones, es decir, las derivadas de las inconsecuencias humanísticas de algunos neopositivistas lógicos, atrapados en un escepticismo avasallador ligado, paradójicamente, a un dogmatismo excesivo del lenguaje, lo cual significaba demasiada carga sobre las espaldas para un hombre con formaciones clásicas como Leszek Kolakowski.      

            El pensador polaco concluye, presumiendo el fracaso de los dos sectores filosóficos en pugna, que “todo lo que entra en el campo de la comunicación humana es incierto, siempre cuestionable, provisorio y mortal”. En consecuencia postula que tanto el dogmatismo trascendentalista de Husserl como el empirismo “relativista”, son dos componentes incompatibles pero absoluta o antinómicamente necesarios, en el contexto de la riqueza espiritual de la cultura occidental. Es como volver al principio de libertad unitaria y pluralista del pensamiento fraguado cerca y lejos del faro alejandrino del saber humano general, y de la curación del alma en particular. Curación contenida en los muchos libros de filosofía, literatura y ciencia que hemos heredado desde tiempos antiguos.

            Personalmente creo distanciarme de aquella pretensión de Husserl relacionada con la desconexión de la certeza filosófica y científica del acontecer histórico, habida cuenta que cualquier elaboración filosófica, sea metafísica o empírica, ha sido trabajada en los escenarios históricos de ciertas civilizaciones concretas. Por otro lado, a diferencia de la postura de Kolakowski, soy de la opinión que el derecho de la búsqueda del conocimiento universal o universalizante, se encuentra en las entrañas del ser humano pensante, como parte de la libertad intrínseca del “Hombre”, de la cual hablaron Platón, Hegel y Sartre, entre otros. 

            No importa que la verdad se encuentre transitoriamente lejos de nosotros. Lo que importa es la búsqueda paciente y metódica del conocimiento racional, que una vez obtenido permite que caminemos con una lámpara entre las manos en medio de la noche compacta y del caos vertiginoso de los “accidentes” semanales, que parecieran atentar contra la salud psíquica de todos los hombres y mujeres que habitan en el globo terráqueo.

            La gran “Filosofía” es un auxilio al momento de detenerse, comprender y procesar racionalmente los fenómenos humanos y naturales que ante nuestros ojos cansados parecieran interminables. Al detenernos construimos pensamiento riguroso y ciencia verdadera.     

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