16 días de activismo por los Derechos Humanos

Emelly Milla

San Pedro Sula, En Alta Voz. – En América Latina el servicio doméstico fue la principal ocupación de las mujeres a lo largo del siglo XX, de acuerdo con el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Esta labor se realiza con las condiciones de trabajo más precarias en comparación con otros empleos: legislaciones excluyentes, altos niveles de inconformidad y bajos salarios. A pesar de su relevancia en el ámbito social esta labor aún es invisible en los países latinoamericanos.

Las colaboradoras domésticas trabajan para hogares privados, por lo general, sin un contrato o sin estar respaldadas por una legislación laboral. Algunas de las tareas dentro de esta labor son la limpieza de la casa, cocinar, lavar y planchar ropa, cuidar de niños, ancianos o mascotas dentro del hogar. Este trabajo puede tomar tiempo completo o parcial, el trabajador puede alojarse en la casa o se puede quedar en su propia residencia, todo dependerá del acuerdo al que se llegue con el empleador.

Usualmente, el trabajo doméstico no es bien remunerado a pesar de que se trabajan jornadas extensas. En algunos hogares se les provee un día libre, mientras que, en otros, trabajan sin descanso. Según las afectadas, las empleadas suelen estar expuestas a abusos físicos, mentales y sexuales, e incluso estar restringidas de movilizarse a otro lugar. Por lo general, se deben adaptar a las reglas del hogar en el cuál trabajan para poder conservar el empleo. Todo esto se le puede atribuir a la falta de legislación para defender a la empleada doméstica.

El trabajo doméstico es una labor invisible en nuestro país al igual que no es muy bien remunerada dado que no existe una ley como tal que respalde esta ocupación. En el Código del Trabajo en Honduras, en el artículo 149 nos dice que “el servicio doméstico es el que se presta mediante remuneración a una persona que no persigue fin de lucro y solo se propone aprovechar, en su morada, los servicios continuos del trabajador para sí solo o su familia”. Pero, en ningún lugar se señalan los derechos de las empleadas domésticas.

Algunas mujeres en Honduras se ven en la necesidad de recurrir al empleo de colaboradoras del hogar dado que necesitan apoyar a sus familias y aparte, no encuentran otra oportunidad debido a que, en su mayoría, no han finalizado sus estudios primarios.

“Me vine de Choluteca para Tegucigalpa, porque me dijeron que atendería a un señor mayor y a su hijo pequeño, cuando ya estaba en el trabajo resultó que me tocaba lavar y planchar y cocinar para cinco personas, no aguanté, al cabo de unos meses me regresé a mi pueblo” compartió Elena.

En otro testimonio, Claudia, una colaboradora originaria de Ocotepeque trabajaba por día en San Pedro Sula, a veces no tenía tiempo de comer y prefería llevarse su comida para su casa y compartirla con su hija. “Desde las 7 de la mañana comenzaba y hacía todo en la casa, limpiar, lavar ropa, planchar, ordenar, limpiar las suciedades de las mascotas, eso sí me pagaban el transporte y la comida por día” expresó Claudia.

En otra experiencia Claudia compartió que una de sus patronas quería que le dejara impecable la casa y solo le daba un trapo para limpiar, sin productos que facilitaran la limpieza. Situaciones como estas, aunque parezcan no tener importancia reflejan la necesidad de que existan leyes y reglamentos que regulen el ejercicio del trabajo doméstico.

El trabajo doméstico representa una parte importante en la fuerza laboral, en especial en un país en desarrollo como Honduras. El trabajo doméstico ha ido en aumento debido a que muchas mujeres dejan sus hogares para laborar; por lo que necesitan ayuda en sus casas para las labores domésticas, para ello contratan otras mujeres para realizar el trabajo doméstico. Sin embargo, las condiciones de trabajo para las colaboradoras domésticas son precarias. Sin duda alguna la labor del cuidado del hogar es indispensable para el funcionamiento adecuado de la sociedad, lastimosamente, este trabajo es desvalorizado.

Una empleadora compartió que contrató el servicio de una colaboradora del hogar para cuidar a dos niños y realizar las tareas de limpieza en la casa. La colaboradora del hogar se mantuvo laborando 7 años dentro de su morada. Tenía dos días libres, vivía dentro de la casa en un cuarto aparte y se le daba alimento aparte del salario de 4,700 lempiras cada quincena. De igual manera, se le otorgaba una porción de aguinaldo y catorceavo; vacaciones en Navidad, Semana Santa y Feriado Morazánico en los cuales ella tenía la libertad de visitar a sus familiares en Comayagua. La colaboradora doméstica tuvo la oportunidad de terminar sus estudios secundarios en una escuela cercana a la casa donde laboraba.

Actualmente, las colaboradoras del hogar exigen que se les garanticen los derechos y se les reconozca su labor. Desean que se implemente el Convenio 189 en donde establece los derechos humanos, ofreciendo un contrato donde se detalla el trabajo que harán, periodo de prueba, la remuneración a recibir y el horario de trabajo.

El Convenio 189 fue establecido en una conferencia general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), quien se ha preocupado desde un principio por mejorar las condiciones de empleados domésticos, el cual establece las normas para el trato de las colaboradoras del hogar, quienes también deben tener derechos y se les debe proteger.

Algunas de las normas que se establecen dentro del convenio son:

•          Promoción y protección de los derechos humanos

•          Principios y derechos fundamentales en el trabajo

•          Términos y condiciones de empleo

•          Horas de trabajo

•          Remuneración

•          Seguridad y salud en el trabajo

•          Seguridad social

•          Grupos con riesgos especiales

•          Agencias de empleo privadas

•          Resolución de disputas, reclamaciones y cumplimiento

Explotación laboral, maltrato, acoso y abuso sexual entre las denuncias que recibe el MP

De acuerdo con Gerson Alonzo, oficial nacional de información pública del Ministerio Público, en los últimos cinco años, se han interpuesto 4 denuncias de maltrato, acoso y abuso sexual a colaboradoras del hogar en San Pedro Sula. De estas, a 3 se les ha brindado una resolución. Según el director general de inspección del trabajo, César Cálix, en los últimos cinco años se han recibido 17 reclamos por empleadas de los cuales 17 se han resuelto en San Pedro Sula.

Según Gabriela Pineda de la Red de Trabajadoras Domésticas, compartió que una de las principales causas por lo que las empleadas domésticas no denuncian es el miedo al empleador o la empleadora, al igual que el miedo de perder el poco ingreso que tienen. También compartió que se ha “romantizado” la idea, en especial para las niñas, que van a tener consideraciones especiales en el hogar dado que se “volverán parte de la familia”, cuando realmente no es el caso.

Las mujeres no denuncian los maltratos y abusos por el miedo que tienen a sus empleadores”.

Gabriela Pineda de la Red de Trabajadoras Domésticas

La organización hizo una muestra en cinco ciudades (Choluteca, San Pedro Sula, La Ceiba, Intibucá y Francisco Morazán) para conocer si las colaboradoras del hogar en estos lugares tenían conocimiento sobre ¿cómo denunciar la violencia en sus trabajos? La mayoría estaba consciente de cómo interponer una denuncia, pero no le encontraban el sentido de hacerlo dado que, según las entrevistas realizadas, pensaban que una denuncia no cambiaría nada. Aquí se encontró que las niñas no denuncian debido a que, de alguna forma, sienten un compromiso con el empleador que les abrió las puertas y las “trató como parte de la familia”. Otra de las razones es que se encuentran amenazadas a que algo les pase a sus familiares, ya sea madre o hermana, si llega a interponer una denuncia.

Según el Instituto Nacional de Estadística son 139,000 mujeres en edades de 25-60 años que trabajan como colaboradoras domésticas. De igual forma, tienen el conocimiento que menores de edad se encuentran trabajando en este rubro y que no existe regulación para evitarlo.

Jornadas sin límite de horario, salarios ínfimos y malos tratos son algunas de las condiciones injustas que sufren muchos trabajadores domésticos, comparables con los de la esclavitud.

Actualmente, el acoso laboral está considerado un delito en el Código Penal de Honduras. En el artículo 294 del acoso laboral vertical establece: “Quien, en el ámbito de cualquier relación laboral y aprovechándose de una relación de superioridad, realiza contra otra persona, de forma reiterada, actos hostiles o despreciativos que, sin llegar a constituir individualmente trato degradante, provocan a la víctima una situación objetiva y gravemente humillante en el correspondiente ámbito de relación, debe ser castigado con las penas de arresto domiciliario de seis (6) meses a un (1) año e inhabilitación especial por el doble del tiempo que dure la pena de prisión”.

El Foro de Mujeres por la Vida y el Equipo de Monitoreo Independiente, se reúnen los domingos con la Red de Trabajadoras Domésticas para que puedan asistir el único día en que pueden participar.

En el Convenio 190 de la OIT define la violencia y el acoso a nivel internacional como “un conjunto de comportamientos y prácticas inaceptables, o de amenazas sobre tales comportamientos y prácticas, ya sea que se manifiesten una sola vez o de manera repetida, que tengan por objeto, que causen un daño físico, psicológico, sexual o económico, e incluye la violencia y el acoso por razón de género”.

La ratificación del Convenio 190 dará la oportunidad de tener un mundo laboral más justo e igualitario, libre de acoso y violencia para todos los trabajadores, según el abogado José Morales. Los despidos de las personas que han acosado a los trabajadores van acompañados con una sentencia de acoso laboral.

Uno de los casos de discriminación hacia las colaboradoras del hogar de Honduras queda reflejado en la muerte de Maribel Flores, quien desde muy joven trabajó en diferentes hogares como colaboradora doméstica. A los 55 años continuaba desempeñando esta labor cuidando de una enferma en una casa de El Progreso, Yoro. El 11 de agosto del 2018, el patrón de ella, Francisco Baca, estaba teniendo una discusión con su esposa a quien intentó quitarle la vida con un arma de fuego. Maribel, como una persona solidaria, intercedió para proteger a su patrona, sin embargo, el señor le disparó a ella.

El 12 de agosto se realizó la audiencia de declaración de imputado. El juez decretó detención judicial en contra de Francisco Baca y programó la audiencia inicial para el 17 de agosto del 2018. Las hijas de Maribel, junto con organizaciones articuladas en el Foro de Mujeres por la Vida y la Asociación de Mujeres Trabajadoras Domésticas comenzaron a realizar plantones para ejercer presión ante las autoridades y que la muerte de Maribel no quedará en la impunidad.

Según las hijas de Maribel, el caso no avanzaba por lo que recurrieron a ejercer presión a las autoridades. El acompañamiento de las organizaciones de mujeres en las movilizaciones, fueron la razón por la que lograron mantener vivo el caso hasta que se dictó una sentencia el 16 de enero del 2020.

Juana Gómez es una señora de 60 años, durante toda su vida ha trabajado como colaboradora de múltiples hogares, los que atiende por día una vez por semana, dos veces por semana, una o dos veces al mes, cuando se siente “con energía y bien de salud”, con frecuencia Juana se enferma y en algunas ocasiones dice, que, “tengo buenas patronas que me pagan las medicinas y a veces las consultas médicas, pero ya me siento sumamente agotada y no puedo atender con la misma energía que antes” dice Juana.

Juana se vio afectada como cientos de miles de personas en el mundo que perdieron sus empleos o se vieron obligadas a trabajar desde casa durante el 2020 y parte del 2021. “Varios de mis patrones tenían miedo por el contagio y preferían que no llegara a trabajar, entonces perdí de ganar dinero durante todo ese tiempo, algunas de las personas se apiadaron de mí y me depositaban un poco de dinero o me enviaban algunos alimentos para fin de año” compartió Juana.

Hasta la fecha, el Estado ha mostrado un desinterés completo hacia el bienestar de las colaboradoras del hogar, que al igual que Maribel, tienden a formar parte de hogares disfuncionales, por lo que suelen estar más expuestas a abusos por parte de los empleadores.

El Congreso Nacional aún no cuenta con una iniciativa de ley para defender los derechos de las colaboradoras domésticas. Sin embargo, los convenios y tratados internacionales de los que Honduras es signataria son claros con respecto al respeto a los derechos humanos de las mujeres y se debe aplicar la Ley para la protección y defensa de las trabajadoras cuidadoras del hogar.

Organizaciones de mujeres como; El Foro de Mujeres por la Vida, Equipo de Monitoreo Independiente, el Centro de Derechos de Mujeres, el CEM-H, La CODEMUH, la Tribuna de Mujeres Gladys Lanza, Ciudad Mujer, entre otras, así como las Oficinas Municipales de la Mujer atienden casos de violación a los Derechos Humanos, las trabajadoras deben perder el miedo y comunicarse a estas organizaciones e instituciones para que les representen.

Más información sobre el tema:

Empleadas domésticas denuncian abuso sexual y exigen al CN una Ley del Trabajo Doméstico | HRN (radiohrn.hn)

Honduras: Ley de Trabajo doméstico, un paso para frenar la violencia invisible (conexihon.hn)

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