Por: SEGISFREDO INFANTE

            Tengo comprendido que el tema de Yuscarán, como pueblo minero, ganadero y azucarero, ha sido trabajado por historiadores profesionales como Víctor Cruz Reyes, María de las Mercedes Oyuela, Sergio Antonio Palacios y Sucelinda Zelaya. Previamente por Perla Mossi de Carías, Annarella Vélez Osejo, Jorge Alberto Gálvez, Ricardo Antonio Urquía y por el mismo Víctor Cruz Reyes (QEPD). Así que el aporte de este artículo apenas figuraría como un pie de página basado en un texto de un tal “Carl Vall”, cuyo nombre resulta tal vez desconocido, aunque es probable que se trate de la contracción del nombre de un hondureño llamado Carlos A. Vallecillo. 

            En varios artículos he subrayado que Santa Rosa de Copán, Yuscarán, Trujillo y la vieja Tegucigalpa, integran el subconjunto de los pueblos más lindos de Honduras, tanto por su estructura urbana como por su raigambre histórica. Del mismo modo en que Choluteca y Comayagua exhiben los cascos coloniales mejor conservados del país. 

He visitado Yuscarán en dos oportunidades, y aparte del fuerte olor de caña quemada que respira el viajero al comenzar a caminar por una de sus calles ondulantes, he percibido que su trazado urbanístico, propio de los pueblos de origen minero, nada tiene que envidiarles a los pequeños pueblos medievales que en la Europa actual atraen a miles de turistas de diversas partes del mundo. (Ojalá que el continente europeo se reponga, por el camino de la negociación y de la paz, de la fea circunstancia por la cual atraviesa en estos meses otoñales e invernales).

Dice Carl Vall que “El Real de San José de Yuscarán surgió a la vida, gracias al venero de cuantiosas riquezas en oro y plata que abriga su pródigo subsuelo.” El autor cita, a la vez, a un corresponsal del diario “El Republicano” del 15 de diciembre de 1886, en donde afirma, con escasa coherencia, lo siguiente (Sic): “Para formarse una idea exacta de las riquezas que encierra el vasto territorio hondureño, necesario es visitarlo. Quién ha pisado el Guayape, Yuscarán y Erandique, quien ha visto esos enormes cerros de plata y ese caudaloso río saturado de oro, nos hará justicia, diciendo: que nuestro aserto es verídico.” Parece que el corresponsal había leído los famosos versos de José Joaquín Palma, cuando, al referirse a Olancho, expresa: “tierra del oro y del talento cuna.”

La verdad es que lo que se ha extraído del río Guayape, durante décadas y siglos, es “oro de placer” de bajo quilataje. Las pepitas de oro macizo que se han encontrado, corresponden al río Ulawás, en una de las montañas en donde se encuentra asentada una de las comunidades de los indios “tawakas”, siempre en el departamento de Olancho, en una zona fronteriza con La Mosquitia hondureña, cerca del río Patuca.

El autor, casi desconocido, informa (Sic): que “El descubrimiento del mineral de Yuscarán tuvo lugar en el siglo XVII por vecinos del pueblo de Potrerillos al andar en busca de ganado de un señor Rodríguez, que había desaparecido del retiro llamado Los Tablones y también en persecución de un tigre que en el lugar Agua Blanca, devoró a un hijo del señor Rodríguez con ocasión de estar salitreando ganado. Los vecinos siguieron las huellas del ganado de Los Tablones y de allí por la Quebrada Grande hasta el lugar las Yguanas en donde encontraron el ganado lamiendo un terreno blanco el que examinado por los vecinos, resultó ser un gran yacimiento de plata virgen que en seguida constituyó la rica mina de Yguanas.” Siguiendo al pie de la letra el relato de Carl Vall, pudo haber ocurrido que Yuscarán fuera bautizado con los nombres de “Las Yguanas”, “El Cacao”, “Guayabillas”, “Sacramento”, “Monserrat”, “Capiro”, “Quemazones”, “San Miguel”, etc. El caso más curioso es que en el texto del citado autor aun queda, como en suspenso, el origen del nombre Yuscarán.

Hay un listado interesante de mineros hondureños y extranjeros que decidieron hacer fortuna en este pueblo esplendente. Relata que en el plantel de la mina Guayabillas se explotaba oro. Luego añade que en la mina Sacramento, el señor Pedro Fortín “encontró un lingote en estado natural que pesó seis arrobas” de plata, con las cuales “se hizo construir una hermosa lámpara de cien candelabros, de grandes dimensiones”, para la iglesia de la localidad, que posteriormente se incendió. (La familia Fortín es inevitable en la historia económica y política de Yuscarán y Tegucigalpa). Igualmente, el autor informa que dos hermanos suizos de apellido “Zurcher”, instalaron en 1883 el plantel minero “La Suiza”. También habla de un plantel de mineros de origen británico en 1882. Y que, previamente, hubo una huelga de trabajadores el cinco de febrero de 1871, en un momento de ligera bonanza capitalista del siglo diecinueve. Quedan muchas anécdotas pendientes ligadas a la historia de este precioso municipio.  

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