Leticia Salomón

El 27 de julio se cumplieron seis meses del nuevo gobierno.
Seis de los 48 que durará el presente gobierno de acuerdo con la Constitución de la República, nada comparables con los 96 meses (8 años) que gobernó Juan Orlando Hernández (2014-2022) o con los 144 meses (12 años) en que el partido Nacional estuvo al frente del gobierno (2010-2022).

Esos 12 años constituyen la época más negra de la historia del país, la más vergonzosa y la más avasalladora de los pilares que sostienen el Estado de derecho, la democracia, el bienestar de la sociedad, la confianza y tranquilidad de las personas, el desarrollo económico, la estabilidad social y la esperanza en el futuro inmediato.

A seis meses del nuevo gobierno, ningún dirigente de ese partido político ha expresado su vergüenza por todo el daño que le hicieron al país y por la lamentable situación en que lo dejaron: saqueado, vejado, humillado, expuesto e indefenso, lo que es un síntoma inequívoco de que el partido Nacional sigue conducido y manipulado por los socios y cómplices de un gobernante que llevó la corrupción y el narcotráfico a los más altos niveles de ignominia y desvergüenza.

Una situación similar ha pasado con el partido Liberal, socio y cómplice del Nacional en la toma de decisiones a nivel legislativo, el cual, además de tener como máximo dirigente a un exconvicto por lavado de activos en Estados Unidos, permite que un golpista de primer orden, responsable del mayor saqueo de las arcas nacionales en el menor tiempo posible, resurja del olvido al que lo empujó la historia, a enarbolar una integridad de fachada llamando a los militares, instrumento armado de ese golpe, a estar alerta ante el nuevo gobierno.

Estos primeros seis meses muestran a un partido Nacional impulsando una oposición malentendida concentrada en atacar, desconocer, desnaturalizar, desautorizar y, encima, hacer recomendaciones sobre cómo hacer un buen gobierno, aconsejando hacer lo que nunca hicieron ellos en 12 años en salud, educación, seguridad, integridad, transparencia, manejo legislativo, conducción política, tasa de seguridad y respeto a la independencia de poderes.
A los líderes de ese partido se suman los históricos anti-Mel y anti-Libre –viscerales, agresivos, irracionales y primitivos–.
Los golpistas de nacimiento a quienes todavía les sangran las heridas.
Los corruptos procesados y aquellos que temen ser procesados.
Las iglesias evangélicas y un sector de la jerarquía católica desplazada del poder.
Los grandes dueños de medios de comunicación, que perdieron su condición de socios del poder corrupto y narco.
Uno que otro jefe militar cómplice en el sostenimiento de un gobernante acusado hoy en los tribunales de Nueva York por actividades de narcotráfico, realizadas por su máximo jefe en todos sus años de gobierno, mientras ellos se hacían los sordos y ciegos.
Periodistas que recibían pagos para callar, encubrir o manipular lo que estaba ocurriendo.
Anticomunistas sobrevivientes de la guerra fría, más papistas que el papa.
Ciudadanos víctimas de una visión maniquea que divide el mundo en buenos y malos en la que los buenos son ellos, por supuesto.
Dirigentes políticos viejos y nuevos, “de fulgor escaso y visión limitada”, gritando desaforados y exhibiendo su limitada cultura política y todo lo “anti” que llevan oculto.

Es preciso destacar seis aspectos claves dentro de este escenario confuso, complejo, fastidioso y a ratos exasperante:

  1. La forma en que muchos de los señalados anteriormente se suman de forma ingenua o calculada a los argumentos de la dirigencia desfasada del partido Nacional en su lucha por demostrar que todos son iguales a ellos, y saltan ante el menor acontecimiento a gritar sin mayor sustento, pero con gran júbilo y excitación: “son iguales”, “son corruptos”, “quieren controlar la Junta Nominadora”, “seguro que ya están pagando por los votos”, “quieren controlar a la nueva Corte”.
    Y seguro que en más de un señalamiento tienen razón, pero es un momento de transición en el que hay que promover los pesos y contrapesos, avanzar dos pasos, aunque se retroceda uno, en una suerte de pragmatismo político muchas veces difícil de entender en su justa dimensión en un país de escasa cultura política democrática.
  2. La forma en que quieren indisponer al gobierno de la presidenta Castro con Estados Unidos, insistiendo en que este es igual al anterior que promueve la anarquía, que no hace nada para enfrentar la multicrisis heredada del gobierno de JOH y menos para frenar la emigración.
    Y destacan la forma en que sufren cuando la presidenta mantiene relaciones de alto nivel con el poderoso país del norte, y el tiro de gracia de contratar como lobista ante los círculos del poder estadounidense a un exembajador de ese país aquí, precisamente en la época del golpe de Estado, evidenciando que son otros tiempos, otro contexto y otras reglas del juego, algo difícil de entender por los detractores, pero también por el sector ultra de Libre, dando la impresión de que la confusión es pareja.
  3. La insistencia en atacar constantemente al expresidente Zelaya hasta por cosas intrascendentes, aunque bastante inadecuadas, como hablar de limpias, maleficios, sustos, rechinar de pisos, cuestiones en las que creen más personas de las que uno se imagina.
    Pero están ahí, comentando, cuestionando, criticando a un personaje que está en el escenario político y seguirá estando ahí por los 42 meses que aún le faltan a la presidenta Castro, en lugar de estar pensando en la reconstrucción del país, en el desmontaje de la estructura de corrupción e impunidad, y la profunda crisis financiera heredada del gobierno anterior, aunque no les guste a muchos que se insista en ello.
  4. El gobierno piensa en iniciar una estrategia de comunicación sobre todo lo que se ha hecho en el actual gobierno y eso es totalmente necesario para contrarrestar la ofensiva del partido Nacional y de sus aliados y cómplices, conscientes o no de que los son, con tal de que no caigan en lo que cayeron varios gobernantes anteriores que pagaban para que hablaran bien de ellos y de todo lo que hacían para que no criticaran y para que iniciaran campañas millonarias para callar, alabar, manipular y exaltar toda acción gubernamental incluidas aquellas negativas y nocivas para la sociedad, sin asumir la diferencia entre comunicar mensajes y pagar publicidad.
  5. Los gobernantes anteriores han sido prisioneros de los medios de comunicación, las iglesias y los militares, y, por ello, han realizado demasiadas concesiones para lograr su apoyo, incluyendo violaciones a la Constitución de la república, comprar voluntades a través de la corrupción, subsidios ilegales o colocación en puestos públicos.
    Una prueba de fuego para la presidenta Castro será ver si sale airosa o si se hunde con la forma en que maneje su relación con estos sectores, con la empresa privada, con Estados Unidos y con países supuestamente de izquierda que son iguales de corruptos, violadores de derechos y perseguidores de la oposición política como el que tuvimos nosotros en el pasado reciente.
  6. El país que tenemos es un país en bancarrota, deteriorado y desprestigiado.
    A este gobierno le toca tomar medidas apropiadas, inteligentes y altamente positivas para lo cual debe aprender a escuchar, valorar, sopesar y decidir, incorporando a profesionales destacados que le ayuden a balancear las iniciativas emotivas e improvisadas, particularmente en los temas jurídico, económico y financiero.
    A la sociedad le toca, con su multiplicidad de grupos y sectores plurales y diversos, contribuir a sacar el país de sus honduras pasando de la protesta y posiciones “anti” a la propuesta, vigilancia constructiva y posiciones “pro”. La política partidaria y la confrontación política deben pasar a un segundo plano, y colocar la reconstrucción de Honduras como el centro del contexto en que vivimos y a la que todos debemos aportar, aunque no simpaticemos con la presidenta, con Libre y con Mel.

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