Por Claudia Piras 

¿Has pensado por qué?

En el mes de la mujer y en plena crisis del coronavirus, ¿te has preguntado qué consecuencias puede tener esta pandemia en términos de género en América Latina y El Caribe? Reconocer en qué medida esta crisis de salud afecta a mujeres y hombres de manera diferente es imprescindible para comprender los efectos directos e indirectos en las personas y poner en práctica políticas e intervenciones que sean efectivas y equitativas.

Sin desconocer que hay diferencias de género en las tasas de mortalidad del coronavirus, lo más relevante a poner sobre la mesa son los impactos indirectos que tienen que ver con los roles de género y que no necesariamente apreciamos a primera vista. Los roles de género son el conjunto de conductas y actitudes que la sociedad considera apropiadas de una mujer o de un hombre. Estas normas influyen en las carreras que estudiamos, los trabajos que tenemos y la cantidad y el tipo de tareas que hacemos en el hogar.

Cuidan y sanan, en el hospital y en la casa

Pensemos primero en los profesionales de la salud, a quienes tanto debemos en estos momentos. En la región la mitad de los médicos y más del 80% del personal de enfermería son mujeres, el porcentaje más alto del mundo.  Esta segregación ocupacional por género no es casual, y está influenciada por las normas de género que hacen de la salud una profesión socialmente aceptada para las mujeres, al ser una extensión de la división de tareas en el hogar. En el contexto actual, la mayor proporción de mujeres entre el personal de blanco significa que ellas enfrentan el mayor riesgo de contagio por su continua exposición al virus.

Fuente: Estimaciones propias en base a encuestas de hogares y censos

Los roles de género también limitan el tiempo disponible de las mujeres para participar en el mercado laboral y el tipo de trabajo que tienen. Un mayor porcentaje de mujeres que de hombres tiene empleos informales y a tiempo parcial, por la necesidad de conciliar el trabajo remunerado y las responsabilidades familiares. En muchos países de la región los niveles de informalidad son extremadamente elevados. En Bolivia, Guatemala y Perú el 83% de las mujeres tiene empleos informales, sin ningún tipo de cobertura de seguridad social o protección de la legislación laboral. En la región, casi el 40% de las mujeres trabajadoras está empleada en el comercio, restaurantes, hoteles y trabajo doméstico. Estos son los sectores más afectados y los empleos menos protegidos en la crisis económica desatada por el coronavirus.

Dentro del hogar, en todo el mundo, la mayor parte del trabajo no remunerado lo realizan las mujeres y las niñas. Pero en nuestra región el desbalance en la distribución de las tareas domésticas y el cuidado de las personas es mucho peor que en otras partes. Si analizamos el tiempo total destinado al trabajo no remunerado en los hogares, en América Latina en promedio las mujeres contribuyen con el 73% y los hombres con el 27% restante.  A modo de comparación, en Suecia, la contribución de los hombres es del 44%, en EEUU del 38% y en China del 39%. Parte del trabajo no remunerado que coloca a las mujeres en mayor riesgo de contagio es su rol en el cuidado de enfermos en el hogar.  Para dar un ejemplo, en México, encuestas de uso del tiempo indican que en aquellos hogares con personas con enfermedades temporales (como el coronavirus) las mujeres dedican 23 horas semanales al cuidado de los familiares enfermos versus 13 horas en el caso de los hombres. Con la pandemia, las demandas de cuidado de enfermos y de adultos mayores se incrementarán.

Con el coronavirus todo se hace más pesado

Mientras termino este blog desde el comedor de mi casa, tengo a mi marido preparando la cena y a mi hijo adolescente, a quien le interrumpieron las clases, ayudando a poner la mesa. Soy, sin duda, muy afortunada, ya que esta no es la realidad de la mayor parte de las familias en la región.  Ante la suspensión de las actividades escolares y cuando muchos nos vemos obligados a permanecer en casa, aun si tenemos la fortuna de no tener a nadie enfermo en el hogar, es necesario dedicar mayor tiempo de lo normal a las tareas domésticas y sobre todo al cuidado de los niños. Alguien tiene que mantenerlos entretenidos y supervisar que realicen alguna actividad educativa, preparar la comida de toda la familia tres veces al día, lavar la ropa y limpiar la casa (con desinfectante).  Señores, ¡ésta es su oportunidad de convertirse en chefs!

Y no se olviden que en algunos casos hay también que continuar trabajando de forma remota. Parece una tarea imposible. Sin duda, muchos hombres darán un paso al frente para nivelar la cancha, pero eso no será universal. La situación de confinamiento hará más visible que nunca la asimétrica distribución de la carga de trabajo no remunerado que realizan las mujeres y las niñas.  Estas circunstancias especiales nos exigen que cada uno ponga de su parte y se reparta más equitativamente el trabajo del hogar.

Los peligros del confinamiento

La gravedad no es solo la mayor carga de trabajo, el impacto del coronavirus en las mujeres y niños puede ser mucho más alarmante. La experiencia de China e Italia apuntan a que pasaremos semanas con circulación restringida y la evidencia muestra el efecto psicológico negativo que puede producir el confinamiento en las personas.  Es de esperar que el cambio de rutina, el aislamiento forzoso, el estrés y el miedo causados por el virus, aunados a la ansiedad de la pérdida de ingresos, aumente la tensión y los conflictos en las familias.  En muchos casos, estos conflictos pueden elevar los niveles de agresividad y derivar en episodios de violencia doméstica. Para las mujeres y los niños que están recluidos en la casa con el potencial agresor, aislados de otros familiares, amigos o compañeros de trabajo, su hogar se convierte en el lugar más inseguro para estar.  Basta ver lo que ha ocurrido en China, donde según el diario Sixth Tonese duplicaron los casos de violencia doméstica durante la emergencia sanitaria del coronavirus. Países como Argentina y Chile han reaccionado rápidamente anticipando el problema, ampliando los recursos disponibles para la atención remota de los servicios de contención y apoyo a las mujeres y niños en situación de violencia.

Hoy es imposible identificar con certeza la totalidad de las implicaciones que el coronavirus tendrá en la región. Pero, en el proceso, debemos asegurarnos de entender que estos impactos afectarán de manera diferente a varios grupos de personas. De ahí la importancia de mantener los derechos y las necesidades de las mujeres al centro de nuestras respuestas y soluciones.

Las nuevas dinámicas y rutinas que estamos viviendo, tanto en la vida cotidiana como a gran escala, representan una oportunidad para desafiar las costumbres arraigadas, cambiar paradigmas y comenzar a hacer las cosas de forma diferente, tanto al interior de nuestros hogares como en las políticas públicas. Uno de los mayores legados que nos podría dejar esta pandemia sería una mayor inversión en los servicios sociales y de protección a los más vulnerables. Otro, no menos importante, sería una mejor comprensión de las profundas implicaciones que tienen los roles de género y una mayor disposición a cambiarlos.

**Esta es la primera de una serie de reflexiones sobre las implicaciones de la pandemia de COVID-19 para las mujeres y poblaciones diversas en América Latina y El Caribe.

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