Denis Fernando Gómez Rodríguez

Por estas coordenadas geográficas, el Congreso Nacional anterior tuvo como lema ser abierto, plural y democrático.

La historia que conozco de manera personal, me recuerda que este poder la instancia más antidemocrática existente, en contraposición a lo que debe ser su esencia por la representación alcanzado mediante por el voto y su modalidad propia de marcas que la ciudadanía asigna en la jornada comicial.

Allá por el 2006, se criticaba el conocido reglamento interno, que en el 2014, pasó a llamrse Ley Orgánica del Poder Legislativo con la publicidad engañosa de remediar las conductas abusivas de siempre. Al final, la misma sirvió solamente para corroborar el dicho popular aquel de “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.

En los últimos ocho años recién finalizados, se agravaron los excesos que dieron a luz los precarios resultados de gestión legislativa a nivel nacional e internacional. En el ámbito internacional y específicamente en la llamada medición latinoamericana del índice de transparencia legislativa del 2021, los resultados para este Congreso Nacional le situaron en la posición 13 de 15 y se identificó al mismo como “opaco y cerrado”, producto de los siguientes resultados:

El promedio regional a nivel general fue de 39.6%, el Congreso Nacional anterior alcanzó 21.8% contra el 59.6% del país que alcanzó el mayor porcentaje de la evaluación del índice de transparencia legislativa.

En la evaluación del indicador de normatividad (1) el porcentaje alcanzado fue de 35.8% versus el promedio general regional del 41.1%. En la evaluación de la labor del Congreso (2), el porcentaje fue de 19.2% contra el promedio de 42.4%; en el análisis del presupuesto y la gestión administrativa (3) fue evaluado con 7.1% contra 24.5% y en la participación ciudadana (4) alcanzó un 28.2% contra un promedio general de 47.6. Los porcentajes alcanzados dieron la aputa para ser considerado como “opaco y cerrado”.

Sin duda que el partido que legislativamente gobernó y quienes co-desgobernaron (con la excepción de la ahora ausente bancada pinuista) hicieron suficientes “desméritos” con sus improntas propias, pero también con las colectivas, que les permitieron alcanzar tan deshonrosa mención internacional.

Con la conformación de este nuevo Congreso del 2022, la población que con las marcas en el nivel decidió el número que cada representación política debía tener y quiénes no debían estar representadas, espera que sus ejecutorias legislativas se enmarquen en la legalidad y la legitimidad establecidas en la Constitución de la República y reviertan tan deshonrosa calificación. Donde además, sus 128 integrantes propietarios y sus respectivos suplentes  no linden sus actos públicos, tampoco privados con la sintomática falta de transparencia, tampoco con la impunidad-impune de 200 años y más, negándose a los intentos de pretender perpetuarse en el poder, tomando acciones concretas para no ser parte del saqueo del erario, seguir vendiendo la Soberanía y el territorio, para citar algunas de la larga lista de tropelías que les ha provoca ser parte de las nominaciones de aquí (la mayoría sobreseídas por el sistema), pero también de la nominaciones de allá donde la ley se aplica de forma diferente y efectiva.

La mayoría del pueblo espera que si no por convicción democrática, lo sea por obligación, cambien la matriz histórica de gestión en su “modus operandi” y veamos verdaderos cambios que nos permitan pasar de lo opaco y cerrado presente y bicentenaria, al compromiso real, no propagandístico por la verdadera lucha por la transparencia, por vencer la impunidad-impune y trascendamos con acciones concretas que no dejen dudas que el País, avanza hacia nuevos arquetipos como suele mencionar quien hoy preside.

Sin lugar a dudas el reto del nuevo Congreso por cambiar la sentencia internacional… y la local, aunque disimulada, no es, ni será fácil, sin olvidar que si no es real, es ficción.

 Al cierre, de Jorge Luis Oviedo:

Fábula

Hace mucho tiempo (algo así como la eternidad y aún después), en un país de cuyo nombre me acuerdo siempre, hubo una noche tan larga, que, según mi madre, duró un Siglo. Los habitantes, unos conejos enormes, se dieron a la tarea de esperar, a ojos abiertos, la llegada de un nuevo amanecer. Un día, por fin, un enorme sol disolvió hasta los más leves espacios de la centenaria oscuridad. Desgraciadamente, para entonces, la gran mayoría de ellos se habían acostumbrado tan bien a las tinieblas, que aquella sorpresiva claridad les resultaba desconcertante, y como no pudieron soportarla, optaron por sacarse los ojos”.

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