Ser una profesora en mi país como en otras partes del mundo en este momento de crisis por el Coronavirus, resulta una labor titánica e invisibilizada.


Es un trabajo titánico porque somos los encargados de atender en primera fila no solo a nuestros estudiantes, sino a los padres y madres de familia, autoridades de los centros e instituciones educativas y a una gama de autoridades del sistema educativo nacional, quienes poseen variadas necesidades e intereses, ante las cuales “debemos responder”, esperándose que resultemos efectivos e infalibles, además de que se cumplan los tiempos previstos por ellos.

Aunadas a las demandas y necesidades de los padres y madres de familia, están las de las
autoridades del sistema educativo, en cuanto a metas y resultados de acciones emergentes y/o remediales que se van inventando en el camino, como opciones posibles para responder a las necesidades educativas nacionales, sin embargo, a pesar de todos nuestros esfuerzos tratando de alcanzar “lo que humanamente sea posible”, los números y metas trazados se quedan cortos, más allá de las buenas voluntades y los deseos de ambas partes por cumplir lo más rápido posible, pues este nuevo escenario de la realidad nos golpea sin cesar y nosotros como siempre, al menos los que estamos dispuestos a seguir dando la batalla, nos volvemos a poner en la trinchera de la creatividad y la innovación, procurando encontrarle “el modo” de uso a las nuevas tecnologías, redes sociales y cuanto instrumento de mediación pedagógica logremos encontrar para llegar a nuestros estudiantes.

En cuanto a atender a los estudiantes y a sus padres, además de batallar con las herramientas tecnológicas y las redes sociales para llegar hasta ellos de la mejor manera posible, es duro encarar el hecho de que se están enfrentando a su vez, contra las circunstancias adversas que van surgiendo en sus propios contextos de vida, porque esta pandemia se roba empleos, aísla a las personas y las somete a mantenerse confinadas para salvaguardar su salud y existencia.

Estas circunstancias han provocado el cierre de negocios y del empleo informal, como las
pequeñas ventas callejeras, de las cuales subsisten la mayoría de los pobladores de las zonas
populosas y marginales de las ciudades, desembocado todo esto en el despido de una gran
cantidad de empleados, es entonces cuando la recarga, el paquete de internet o de WhatsApp
para recibir y mandar una guía o una tarea de cualquier asignatura, se convierten en un gasto
superfluo, generándose un conflicto económico y emocional, que resuena en la frustración y la
angustia que viven esos padres y que respetuosamente repito de manera textual:

“ …Y entonces profe ¿qué hago?, si pongo la recarga con internet al teléfono no compro
frijoles y ahorita lo que necesitamos es comer en la casa, aunque no queremos que mi hijo
(a) deje de aprender…”


Y por supuesto, estas palabras son un puñal directo al corazón y a la conciencia, no quedando más que darles la razón e intentar seguir acompañándoles dentro de sus posibilidades y las nuestras, así que estas situaciones son lo que solemos llamar en el discurso educativo corriente “factores asociados a los resultados del proceso educativo”, pero que al verlos de frente se humanizan y desnudan la realidad del país, tan cerca y tan clara que no podemos esquivar la mirada y requiere que retomemos fuerzas y busquemos como encarar juntos esta odisea.

Es así que nos “aventamos” a ser creativos y nos ponernos a pelear con los aparatos móviles, a mejorar la calidad de las imágenes de los textos que les generamos (a falta de libros y otros
recursos en casa), a mandar “emoticones” entre los intercambios de textos y tareas, para
animarles, para que se sientan valiosos y apreciados, tanto ellos como a sus trabajos y sacrificios; también debemos mordernos la lengua constantemente, tanto por las catársis de los padres y estudiantes, como por las exigencias de los múltiples “jefes” del sistema educativo, quienes han surgido a puñados y que antes les conocíamos de “oídas”, como seres casi míticos que gobernaban desde sus escritorios y jamás nos iban a contactar, pero ahora, resulta que se han acordado de nosotros, porque también para ellos nos estamos volviendo reales, dejando de ser solo números y estadísticas, en fin, como si todo el sistema educativo de pronto hubiese dejado de ser “un mal sueño” y ahora “existe en personas reales”, en medio de una verdadera y horrible pesadilla que no termina, nos hemos tenido que ir encontrando, para tratar de hallar juntos pero no revueltos, un nuevo camino para salir adelante, para sacar de su letargo los discurso cargados de teorías que “nunca en la vida se han logrado poner en práctica” y que hoy más que nunca deben dejar de ser leyendas urbanas y rurales, para convertirse en caminos transitables para todos los ciudadanos, sobre todo para los niños, niñas y jóvenes del país que viven realidades tan diversas y distantes, a quienes hay que tomar de la mano sin distingo alguno.

El sistema educativo con su diversidad de actores y subsistemas se encuentra colapsado, los
docentes y directivos, cuales médicos y enfermeras, somos los que continuamos dando la pelea para no permitir que se muera, porque nuestros pacientes son los miles de estudiantes que están en sus hogares, que mantienen su fe puesta en nuestras acciones y decisiones, esperando que se les “ permita avanzar”, que no se les deje “perder el año” y de ser posible “se les ayude a aprender para ser mejores en la vida”.


Es duro ver a nuestros propios hijos sufriendo por las circunstancias alrededor de la pandemia, así como también por la mano de nuestros colegas, cuando cual “ramilletes de novia rica”, se llenan de trabajos y tareas; de guías y ejercicios que casi nadie realimenta, pero que son genuinas evidencias de “no haber dejado de hacer lo propio y cumplir con lo prescrito”.

No es cuestión de buscar culpables, sino más bien de aceptar que “se hace lo que se puede”, sin embargo, aún en medio de la crisis mundial, los docentes tenemos que mejorar nuestro trabajo y el producto que esperamos alcanzar con los estudiantes, por ello, si realmente queremos cumplir con nuestro rol, habremos de seguir intentándolo, equivocándonos y corrigiéndonos, deberemos tenernos paciencia, ya que todos los demás no la tendrán con nosotros y además continuar hacia adelante, no solo mientras dura esta epidemia, antes bien, en necesario prepararnos para lo que vendrá, para lo incierto y retornar a clases presenciales algún día próximo, con aquellos estudiantes que logramos acompañar directamente con los recursos que tuvimos a mano, así como también recibiremos a aquellos que fueron acompañados por otros docentes, ajenos a nuestras aulas y métodos, los que con programas de radio, de TV, de internet, etc. fueron atendidos de alguna manera, pero también llegarán a nuestras aulas los más especiales entre todos, para quienes deberemos tener listas las mejores galas, estrategias y actitudes, esos son los estudiantes que necesitarán de todo nuestro apoyo, ya que pertenecen al grupo de los más desposeídos, de los que no tuvieron recursos ni forma alguna de ser atendidos y apoyados, a ellos es a quienes tendremos que preparar el mejor lugar en nuestros corazones, y recibirlos con la más grande ternura y compasión posible, tratando de ganarle el paso al tiempo que los haya dejado abandonados.


Es así que llegamos hasta este punto, en el que si bien es cierto que esta crisis nos ha golpeado duramente y no sabemos cuándo dejará de atormentarnos, los profesores seguimos de pie, como el personaje de “Rocky” después de todas las peleas de cada filme, aprendiendo más que nuestros propios estudiantes, tratando de llevar el paso en esta danza desigual impuesta por la pandemia, queriendo que las páginas de la historia nos recuerden también y a nuestros alumnos, quienes van a nuestro lado, buscando juntos la salida y esperando que el sol salga al final de esta noche tan oscura y larga que parece eterna.

Salud, vida, ánimo y todo mi cariño a cada uno de los colegas que como yo, no saben qué hacer pero siguen intentando descubrir cómo lograrlo.


Viena Yamileth Arellano Ordóñez
Docente hondureña

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