En tiempos prehistóricos, nuestros cavernícolas abuelos se alimentaban generalmente de la caza, consumiendo sus alimentos sin cocimiento alguno, pues no conocían el fuego.

“Después del descubrimiento del fuego que ha sido a lo largo de toda nuestra historia humana, uno de los más grandes hallazgos que el hombre ha hecho en la vida sobre la faz de la tierra, se cree que el primer método de encendido fue frotando una punta de palo seco sobre un mismo punto de una madera seca”.

Luego, practicaron la técnica del soasado donde descubrieron que el sabor era mucho mejor y fue así como mejoraron su dieta alimenticia, encontrando posteriormente en los mares la sal que, contribuyó enormemente a realzar el sabor de sus alimentos.

Después descubrieron la variedad de árboles frutales y combinaron estos manjares, hasta con los productos que los ríos y los mares les daban y fue así como comenzó la era de la mejor cocina, hasta llegar a nuestros días, en que el hombre comenzó a cosechar sus propios frutos, arando la tierra de la cual brotó el trigo, el maíz y cuantos más indispensables alimentos que hacen de la cocina de hoy día las delicias al paladar.

Pero, para alimentarse mejor, el hombre mismo ha ido descubriendo que algunos de estos alimentos les estaban provocando indigestiones, obesidad y otros males que atentaban directamente contra su salud, por lo que la ciencia entró en acción y ahora, en las principales universidades del mundo, existen áreas de nutrición y dietética, con lo cual se ha llegado hasta el momento de encontrar en lo que digerimos, todos los ingredientes alimenticios y menos dañinos para una mejor salud.

Sin embargo, con el crecimiento demográfico y la situación actual que vivimos relacionado con la pandemia del coronavirus, se comienzan a presentar pronósticos de catastróficas consecuencias, apocalípticas, diría yo, como en el caso de nuestra querida Honduras, en la que desde ya se vaticinan terroríficas consecuencias de escasez alimentaria porque nuestro territorio se habrá convertido en un desierto, dada la inmisericorde tala del bosque a lo que hay que sumar los devastadores incendios forestales, que año con año devoran enormes hectáreas de nuestra naturaleza, en la que no solo se van árboles, sino que también, la fauna cobra enorme cantidad de víctimas, pues todos los animales del bosque están desapareciendo. Este último aspecto, debemos considerarlo con la mayor atención posible, porque son nuestros hijos y nietos quienes sufrirán las consecuencias de esta situación catastrófica que desde ya se anuncia.

En consecuencia, mientras podamos alimentarnos bien, hagámoslo de la mejor manera, utilizando para ello toda la metodología que la ciencia pone a nuestro alcance, para que hagamos uso de los mariscos, de las aves, incluso de las carnes rojas y sobre todo de las frutas, verduras, legumbres y los lácteos que constituyen el alimento ideal para una mejor salud.

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