Elisa M. Pineda

Expresar una opinión puede significar un acto de enorme valentía, de manera especial cuando los ánimos están crispados, y cualquier comentario, por más inofensivo que parezca a quien lo emite, puede ser tomado de otra manera muy lejana a la intención real.Eso suele pasar cuando hay un ambiente de incertidumbre, de rumores y suposiciones que encienden los ánimos mucho más allá de lo esperado. Así, para revisar las redes sociales digitales en momentos como el que estamos viviendo en Honduras, hay que colocarse una especie de coraza mental para que los comentarios duros, cargados de resentimiento y también de cierta dosis de odio no terminen permeando el estado de ánimo.Cualquier frase vertida allí puede incomodar y poner en guardia a más de alguien que se sienta ofendido.

Sin lugar a dudas, vivimos un tiempo de emociones a flor de piel, sarcasmo y burla constante, tanto así que corremos el riesgo de salir afectados por casi cualquier cosa que sea tomada como agresión.Pero las relaciones sociales en lo digital no son un mundo aparte, sino un reflejo de aquello que muchas veces pensamos y sentimos, pero que “en vivo” no nos atrevemos a expresarlo o simplemente no tenemos acceso a los interlocutores que sí están disponibles en el mundo digital.Es muy probable que todas las revoluciones que tienen lugar en la pantalla no lleguen nunca a concretarse en la vida real; sin embargo, es posible que mucho de lo vertido allí tenga un impacto sustancial en las relaciones cotidianas.Cualquier análisis puede ser calificado de partidario; una opinión que no agrade puede ser tomada con desprecio y dar pie al trato grosero. Cabe preguntarse: ¿esta es la base de lo que deseamos construir?

Parece que hemos olvidado que la pluralidad de pensamiento enriquece a los individuos y a las naciones, que el derecho a disentir era tan válido ayer como hoy y como siempre.La campaña política quedó atrás una vez que se realizó la toma de posesión de la nueva presidenta del país, Xiomara Castro, que no solamente ejerce su cargo para quienes masivamente acudieron a las urnas a votar por ella, sino para todos.Las expectativas pesan sobre el actual Gobierno, que debe lidiar con los grandes desafíos del país y también con compromisos adquiridos en el marco de la alianza que sin duda influyó en su contundente resultado en las urnas.Debe tratar también con la impaciencia de sus correligionarios, alimentada por la necesidad de empleo, así como por la ansiedad de dar respuestas a sus bases, que durante años han esperado ser parte del Gobierno.

El tiempo apremia para el rápido cumplimiento de las promesas de campaña y con ello se reduce el espacio para el análisis del impacto de las medidas que pueden desembocar en otros problemas a mediano y largo plazos.El respeto debe imperar en cualquier red social –digital o real- como un camino de doble vía que necesariamente hay que transitar si deseamos avanzar hacia el desarrollo.Es preciso debatir con argumentos, con profundidad de pensamiento y no desde lo visceral que únicamente lleva a profundizar divisiones y convierte en intransitable cualquier camino para el diálogo.Hoy más que nunca hay que mantener fresco el pensamiento atribuido a Voltaire, hecho que no ha sido comprobado, pero que por su calidad es valioso: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”. Ser respetuosos no significa aceptar, sino que existe la madurez suficiente para convertirnos en lo que tanto anhelamos: una democracia verdadera. Las palabras pueden destruir relaciones o construir puentes. ¿Cuál vamos a elegir?”

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