Por: SEGISFREDO INFANTE

            La primera información sobre esta hondureña creadora de una vacuna, casi gratuita, contra la actual peste mundial, me la envió doña Susana Cordero de Espinoza, directora de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. “Doña Susana” se mostró muy emocionada que una hispanoamericana fuera la cocreadora de la vacuna que ya se estaba produciendo en la India y que luego ensancharía sus alcances a otros países tercer y cuartomundistas, regalándole la patente científica a la humanidad entera. Pero creo que lo que más le produjo alegría a la directora de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, es que María Elena Bottazzi fuera paisana mía, por aquello de la amistad entre nosotros.

            Nacida en Italia, pero hija de un diplomático hondureño, desde muy temprana edad retornó a la Honduras de sus amores a estudiar su bachillerato en una escuela bilingüe hondureña, y a cursar sus estudios microbiológicos y químicos superiores en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. De tal suerte que es una digna egresada de la UNAH, y una mujer enamorada de su país. En una entrevista internacional en el canal de televisión “CNN”, declaró que se sentía orgullosa de ser catracha, y que añoraba sus comidas típicas hondureñas acompañadas de una porción de espaguetis.  

Esto evidencia una vez más que desde el mestizaje etnocultural (o etnohistórico) pueden emerger los más grandes talentos en distintos campos del saber. En este caso específico se trata de una microbióloga y epidemióloga ya de trascendencia internacional, que debe convertirse en genuino orgullo para todos los catrachos, tanto por su ciencia, por su integridad personal como por su amor a Honduras y a los países pobres. Aun cuando ella ha desarrollado sus conocimientos científicos y sus investigaciones especiales en Estados Unidos de Norte América, nunca hemos sabido que la doctora María Elena Bottazzi se haya expresado mal de su pequeño país, y mucho menos que haya atizado las discordias intestinas que en el caso de nuestra sociedad parecieran interminables, mismas que se inflaman en coyunturas delicadas.

Su vacuna codirigida con el doctor Peter Hotez, la cual es “económica y fácil de producir”, podría contribuir a mejorar el rostro del mundo. Estos dos promotores del bienestar de los pueblos sin acceso a los medicamentos, se encuentran acompañados por un equipo de científicos multidisciplinarios, y han investigado soluciones para diferentes enfermedades tropicales, como el “Mal de Chagas”, transmitido por una chinche picuda, especialmente en municipios pobres y remotos como San Marcos de la Sierra y otras circunscripciones fronterizas entre Honduras y El Salvador. No digamos en pueblos africanos en donde las desgracias sanitarias parecieran mayores, por aquello de la ausencia de agua dulce que se agiganta cada año que transcurre por causa de las distorsiones climáticas. De hecho, este equipo de investigadores y creadores de vacunas ha trabajado en dirección a contribuir con ciertos países del África Subsahariana. En consecuencia, en Honduras debiéramos aprovechar sus conocimientos concretos, con la aquiescencia de ellos, por supuesto.

Una cosa interesantísima que señaló la doctora María Elena Bottazzi, en su entrevista reciente en “CNN”, es que se debe considerar la posibilidad, para el futuro, del aparecimiento de un virus de mayor peligrosidad que el coronavirus. Tal posibilidad real existe debido a que millones de personas han rechazado las vacunas, y otros tantos millones no tienen, por ahora, ningún acceso a las mismas, y en los cuerpos de tales personas podría engendrarse ese nuevo virus mortal de la humanidad. Ajena a toda teoría conspirativa, la epidemióloga Bottazzi, es realista en este y otros temas. Por ejemplo, ella habla del resurgimiento del sarampión y me parece haberle escuchado algo que se relaciona con un nuevo brote de poliomielitis. En este sentido debiera ser obligatorio, vía legislación, que en países como Honduras todo mundo se vacune. Solo este camino queda para expulsar la peste de nuestro territorio, y que los estudiantes, profesores y otros trabajadores, puedan acceder a clases presenciales, y a sus labores con normalidad; de lo contrario el fenómeno continuará latente y seguirá poniéndonos en peligro.

Aunque parece ser que el Congreso Nacional de la República de Honduras ya le hizo un reconocimiento en el pasado cercano a nuestra científica María Elena Bottazzi, y muchas instituciones internacionales han aplaudido su trabajo, al grado de proponerla como candidata al “Premio Nobel de la Paz” para este año 2022, lo menos que podríamos sugerir nosotros es que la Universidad Nacional Autónoma de Honduras le confiera un “Doctorado Honoris Causa”, sin ninguna tramitología engorrosa.

Por otra parte, ese posible “Premio Nobel de la Paz” sería harto saludable para el mundo entero, en un momento en que suenan tambores de guerra por todos lados, sin tomar en cuenta, en ningún momento, los intereses de la especie humana.

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