Por: SEGISFREDO INFANTE

            La mañosa confrontación verbal exagerada entre paisanos, la hemos venido utilizando desde un poco antes de la “Independencia”. En la Capitanía General de Guatemala se agruparon transitoriamente los “Cacos” y los “Bacos” (o “Gazistas”), con el propósito de debatir, enfrentar y dilucidar sus posibles diferencias políticas, con trasfondo criollo, en torno a varios asuntos. Es harto sabido que los partidos políticos, en un sentido estricto, en tiempos de la “Independencia” brillaban por su ausencia, en virtud de lo cual se reagrupaban distintas facciones que luego se disolvían según cada coyuntura. De hecho la organización de los primeros partidos políticos centroamericanos ocurrió en los últimos veinticinco años del siglo diecinueve. En Honduras se organizaron dos partidos políticos electorales durante el año 1891: El “Partido Progresista” y el “Partido Liberal”. El primero desapareció, sin dejar rastros, poco después de las elecciones.

            Es curioso que los primeros agrupamientos políticos se hayan desenvuelto bajo el estigma de dos apodos feos que muy poco tenían que ver con la personalidad de don Pedro Molina, director del periódico “El Editor Constitucional” (financiado por la familia Aycinena), ni con la recia personalidad de don José del Valle, director de “El Amigo de la Patria”. Ambos adversarios eran formidables; pero como hombres ilustrados que eran, en la segunda mitad de la década del veinte del siglo diecinueve se reconcilian y se hacen buenos amigos, montados en el proceso de defensa del sistema federal de América Central. (Hay correspondencia, entre ellos dos, que confirma lo que aquí decimos).

            Para distanciarse de las difamaciones entre “Cacos” y “Gazistas”, que eran expresiones fronterizas a las bajezas del bajo mundo, don José del Valle hizo un enorme esfuerzo de abstracción teórica, mediante propuestas sobrias de alto nivel, más o menos factibles, que abarcaban los intereses de todos los centroamericanos, incluyendo a las comunidades indígenas. Su formación y sus acciones de hombre ilustrado a tiempo completo, le permitió sobrevivir al refuego de calumnias, difamaciones y exageraciones de todo tipo, con las cuales se enlodaban los adversarios, unos a otros, en aquella lejana época de nuestras remotas provincias. Del Valle era “un modelo de autocontrol”, según una expresión del historiador Louis E. Bumgartner. (En este momento creo preferir el libro de Matías Funes Valladares titulado “Valle, su tiempo y el nuestro”, año 2008).

            Algo que evidentemente deseo subrayar en este artículo, es que la práctica de la confrontación estéril, tanto los centroamericanos en general como los hondureños en particular, la hemos heredado de los años de la “Independencia”, con recrudecimiento práctico en el contexto de las “proclamas” sanguinolentas propias de las montoneras anti-fraternas de casi todo el siglo diecinueve, y primeras décadas del siglo veinte. Aquellas proclamas aparentemente “revolucionarias” de los bandos contrapuestos enzarzados en disputas verbales y sangrientas, producen desazón y tristeza en el alma del lector o del investigador histórico imparcial. No digamos en el alma del pensador profundo.

            Todo lo anterior cobra sentido, nuevamente, cuando los bandos contrapuestos de estos últimos años, se han disparado las mayores injurias personales y colectivas sin ningún propósito transformador. La noción de los viejos “Cacos” o “Ladrones”, se ha puesto de moda para llevarse de encuentro a cualquier adversario que se coloque en el camino, sin mostrar evidencias contundentes (salvo raras excepciones) acerca de las cosas que se dicen en las mal llamadas redes sociales. Hoy en día todo mundo es sospechoso de alguna sospecha abstracta; o de alguna acusación en particular; porque estamos atizados por una moda que se ha internacionalizado a partir del desmontaje de las instituciones básicas del Estado, por causa de una ideología frívola encargada de oxigenar las desregulaciones extremas; la destrucción de las clases medias; el agrandamiento de las desigualdades sociales; y la acción dinamitera contra la vieja idea del “Estado-nación”, mediante un horizonte nacional y universal en que los jóvenes no tienen ni la menor idea de hacia dónde se dirige el mundo entero. Por eso caen en las trampas de los seudo-mesías, de los bravucones y de otros personajes encargados de llevar la contraria por el simple deseo de oponerse a todo, sin ninguna propuesta viable que trasmita un sentimiento de seguridad y de libertad entre los individuos y las colectividades nacionales y mundiales.

            Los partidarios de las confrontaciones estériles no están pensando, ni remotamente, en nuestro destino como hondureños desamparados e íngrimos. Se limitan a repetir, con gran fascinación, las ofensas “craneadas” adentro y afuera del país. Si acaso continuamos con esta odiosa práctica canibalesca de sacarnos los ojos unos a otros, al final quedaremos ciegos todos los hondureños, tal como lo hubiese advertido Mahatma Gandhi si hubiese vivido en Honduras, porque también en la India (su patria natal) exhibían la pésima costumbre de herirse y autodestruirse, vengativamente, unos y otros.

            Tegucigalpa, MDC, 15 de diciembre del año 2019. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el jueves 19 de diciembre de 2019, Pág. Cinco). (También se reproduce en los periódicos digitales “En Alta Voz” y en “El Articulista”).

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