Más de 100 garífunas conmemoraron en la calle y bajo el sol candente los 224 años del arribo de sus antepasados a Honduras

Tuvieron que realizar un plantón en la calle después de que encargados de la Iglesia católica y la municipalidad sampedrana no les permitieran expresarse

Por Dunia Orellana y Dennis Arita

San Pedro Sula. En plena calle tuvieron que conmemorar los 224 años de la llegada de sus ancestros a Honduras más de 100 garífunas cuando la Municipalidad y la Iglesia católica de San Pedro Sula les ordenaron desalojar el parque central y la catedral. A lxs miembrxs de esta población originaria hondureña no les quedó más que plantarse en medio de la tercera avenida, donde impidieron el paso de vehículos mientras protestaban, bailaban punta y cantaban.

Los y las garífunas llevaron cartulinas con mensajes en los que exigían que el Gobierno y la sociedad de Honduras respeten sus derechos humanos y territoriales. “Sin tierra no hay vida”, se leía en uno de los mensajes. También colgaron grandes pancartas de las rejas de la catedral sampedrana en las que pedían a las autoridades que investiguen la desaparición de los garífunas Milton Joel Martínez Álvarez, Suami Aparicio Mejía García, Gerardo Misael Tróchez Cálix y Albert Snaider Centeno Thomas en la ciudad de Tela en julio del 2020.

En las redes sociales aseguraban que la desaparición de los afrodescendientes se debe a su participación en disputas entre narcotraficantes. Sin embargo, instituciones como la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh) niegan esa versión. “Basta ya de criminalizarnos”, se leía en una cartulina desplegada por los autores y autoras del plantón como respuesta a la teoría de que los desaparecidos formaban parte de bandas criminales.

Además de pancartas, el grupo llevaba recipientes que usaron como sahumerios y maracas y tambores para tocar música. Lxs curiosxs se aglomeraron alrededor para admirar su ropa colorida y leer los mensajes que desplegaron en las aceras.

Los y las garífunas se instalaron en las gradas de la catedral, frente al parque central, pero las autoridades de la iglesia católica les impidieron desarrollar la conmemoración en ese lugar. Uno de lxs líderes del grupo anunció que en ese caso iban a plantarse en la tercera avenida, una de las vías más transitadas de la ciudad. “Tenemos dos años sin que nos permitan estar en el parque central”, dijo el joven líder garífuna Darwin Pérez.

“Conmemoramos el arribo del pueblo garífuna y estamos en el Mes de la Herencia Africana, Decreto 330-2002. Por eso es nuestro derecho estar en la palestra pública”, declaró el director ejecutivo de la Asociación de Afrodescendientes de Honduras (Asafrova), Humberto Castillo.

Según el dirigente, debido a la “extrema hostilidad” del alcalde sampedrano contra los garífunas, les ordenaron retirar las vallas puestas frente al parque. “Lógicamente nos tomamos la calle para desarrollar los eventos propios del pueblo garífuna”.

Nada que celebrar

Bajo el sol ardiente, lxs más de cien garífunas hicieron una barrera humana entre la tercera avenida y la primera calle para impedir el paso de vehículos. Gritaron consignas contra las políticas de invisibilización de su pueblo mientras bailaban punta y cantaban en su lengua.

“Nuestros ancestros lucharon por esto, esto es nuestro”, dijo Delia Eliza Aquino, quien llevaba la cara protegida con mascarilla, como casi todos los demás participantes en el plantón. “Debemos luchar día a día para que esta etnia no desaparezca”.

Para ellos y ellas, esta conmemoración de los 224 años de llegada de lxs primerxs garífunas a tierras hondureñas no es una razón para festejar. “Nada que celebrar” era la frase que se repetía en sus carteles y pancartas.

Los grupos LGBTIQ+ también estuvieron representados en el plantón por el joven político garífuna Darwin Pérez, quien participó en las recientes elecciones primarias con el movimiento FRP de Libre como candidato suplente abiertamente gay.

Lxs miembrxs de este pueblo originario se quejan en general del trato que les dan las autoridades y la sociedad de Honduras, pero la diversidad sexual de esta población ancestral asegura tener muchas más historias de rechazo y discriminación que contar.

“Es un desafío ser un hombre gay garífuna en Honduras, pero no dejamos de luchar”, dijo Pérez. “Llamo a la sociedad a respetar a todas las personas sin importar su orientación sexual, cultura, nivel económico o educación”.

También estaban presentes líderes de organizaciones que apoyan a los garífunas que habitan en colonias como la Alfonso Lacayo, la cual es una de las decenas de colonias agrupadas en los distritos Rivera Hernández, al este de San Pedro Sula. Al menos la mitad de quienes participaban en la protesta eran mujeres garífunas, lo cual da una idea de la importancia que ellas tienen en su pueblo.

“Como mujer, alzo la voz”, dijo la líder Matty Benedith, señora Miss Honduras. “Exigimos respeto por nuestras causas”.

Según Humberto Castillo, la pandemia del coronavirus y las inundaciones causadas por los huracanes Eta y Iota destrozaron la Alfonso Lacayo. El director de Asafrova afirma que el 80% de las comunidades garífunas en Honduras viven en vulnerabilidad y están a punto de desaparecer por el cambio climático.

El experto agregó que las aguas desviadas por los bordos dañaron el 100% de la Alfonso Lacayo. “Lxs 7,000 habitantes de la colonia quedaron en la calle”, afirmó. “Esta gente regresó a sus viviendas por esfuerzo propio, pero muchxs de ellxs todavía no han vuelto”.

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