Por: SEGISFREDO INFANTE

            Cuando el coronel César Elvir Sierra se desempeñaba como presidente del “Consejo Asesor de la Jefatura de Estado”, CONAJE, allá por los mediados de la década del setenta del siglo recién pasado, tuvo la gentileza de invitarme a exponer en el Palacio Legislativo, una especie de propuesta de “Reforma Nacional Educativa”. Llegué representando a un sector del estudiantado de secundaria de Honduras. Creo que fue el primer documento en prosa que redacté en mi vida, para exponerlo públicamente, pues hay unos articulitos apócrifos (o falsos) que fueron redactados por otras personas que utilizaron mi nombre en algunos periódicos estudiantiles. Y creo que el CONAJE fue el mejor experimento pre-democrático que ensayaron los militares reformistas sobrevivientes con el apoyo de ciertos representantes universitarios, periodísticos y de sociedad civil.

A pesar de ser sólo un adolescente (quizás de dieciocho años y medio) recuerdo que sobreviví con serenidad y cordura a las preguntas sinceras o capciosas que lanzaron algunos representantes de la política lugareña. Recuerdo que tuve que recurrir, como ilustración, al tema de algunas masacres campesinas en el departamento de Olancho. Pero conviene recordar que solamente era un adolescente, de los que adolecen de casi todo. Me parece que en algún momento también fue invitada la señorita María Eugenia Ramos, una chica talentosa, quien representaba a otro segmento de los estudiantes de segunda enseñanza.

Años más tarde el coronel don César Elvir Sierra, se convirtió en canciller de la República. Siempre me causó muy buena impresión, desde aquel momento lejano en que lo conocí. Creo que a finales de los años noventas, llegó a visitarme a mi oficina universitaria, con indumentaria de paisano y un sobrerito anglosajón, con el fin de conversar sobre diversos temas; pero, principalmente, sobre su proyecto de escribir un libro sobre la guerra entre El Salvador y Honduras, escenificada en julio de 1969. Me expresó con toda la humildad posible, que de paso le caracterizaba, que necesitaba mis consejos sobre algunos renglones de aquella guerra trágica entre hermanos regionales, que vino a desbaratar el proyecto del “Mercado Común Centroamericano”. Le contesté que ya se habían publicado varios libros al respecto, con distintos niveles de calidad. Entre otros, uno del licenciado don Virgilio Carías (QEPD), que quizás era el más recomendable sobre aquel tema.

Elvir Sierra me explicó que había visitado los archivos de la “Biblioteca del Congreso en Washington”, y algunos archivos en San Salvador. Y que en consecuencia se encontraba en situación de presentar y sostener algunas verdades desconocidas sobre los preparativos bélicos anticipados de los jefes del ejército salvadoreño, asesorados por algunos especialistas estadounidenses, aislados dicho sea de paso. En julio del año 2002, el coronel ® logró publicar su esperado libro bajo el largo título de “El Salvador, Estados Unidos y Honduras: La gran conspiración del gobierno salvadoreño para la guerra de 1969: La historia militar y diplomática de la guerra de las 100 horas de 1969”. (Un título tan largo evidenciaba cierta inexperiencia en materia de redacción). Luego asistí a la presentación oficial del libro y también lo comentamos en el programa televisivo “Economía y Cultura”, con el coronel-historiador como invitado central. Como nos convertimos en muy buenos amigos me invitó en varias ocasiones a su casa (junto con mi familia) allá por el pueblo de San Juancito, en donde se dedicaba a menesteres agrícolas. Bajo el ala de la confianza le pregunté varias veces que por qué me había invitado a disertar en el Consejo Asesor de la Jefatura de Estado, si yo sólo era un pobre adolescente con escasa información sobre los aconteceres de Honduras y del mundo. A veces me contestaba con una sonrisa, y otras veces me explicaba que él sabía que “Segisfredo Infante era un muchacho inteligente”.

Publicado el libro en mención solamente le encontré uno o dos errores históricos. El primero relacionado con mi ex–suegro don Cándido Amaya (QEPD), a quien el coronel localizaba como policía del viejo “CES”, cuando de hecho era un teniente militar que incluso llegó a formar parte de “La Guardia de Honor Presidencial”. Sobre este detalle publiqué un artículo aclaratorio. También le encontré un error en su magnífico segundo libro: “Las Campañas Militares del General Manuel Bonilla” (febrero del 2012), donde repite el lugar común que este personaje fue el fundador del Partido Nacional de Honduras, cuando de hecho tal institución fue organizada a finales de 1918, y comienzos de 1919. La  principal responsabilidad de estos entuertos historiográficos, recae sobre los hombros del respetable profesor don Rafael Bardales Bueso (QEPD).

El fallecimiento reciente del coronel-historiador don César Elvir Sierra, me ha embargado de consternación. Era una gran persona, un buen investigador histórico y un exquisito amigo, tan fino, prudente y educado como el que más. No me ajustaría el presente espacio para narrar una serie de detalles sobre nuestros encuentros y nuestras visitas a importantes oficinas del Estado. Ni mucho menos sobre nuestra clara amistad.

Tegucigalpa, MDC, 16 de febrero del año 2020. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 23 de febrero de 2020, Pág. Siete). (Se reproduce igualmente en el diario digital “En Alta Voz”).       

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