Por: SEGISFREDO INFANTE

            Siempre me he quejado de la ausencia de una historia económica más o menos completa de Honduras, desde los comienzos del largo periodo virreinal, hasta la época contemporánea, que incluya la década del noventa, en tanto que desde el ángulo archivístico y metodológico es preferible dejar para más tarde los últimos quince o veinte años vividos, en cualquier parte del mundo. No significa lo anterior una renuncia a los abordajes económicos coyunturales de los últimos tres o cuatro lustros. Medardo Mejía (más ensayista talentoso que historiador científico), redactó una historia general de nuestro país, bastante esquematizada, creo que hasta el año 1950. Porque existe el riesgo de enmarañarse en sesgos y prejuicios verbales y en polémicas ideológicas y políticas áridas con personas que aún respiran y mastican, y que son responsables de los aciertos y los desaciertos tanto en la administración pública como en la privada, ya sea dentro o fuera de las fronteras de cada país. Pues tal cosa significa reñir con la “Historia” como ciencia histórica imparcial en sí misma. Por eso lo recomendable es que la tarea de estos análisis de coyuntura sea afrontada por los economistas y técnicos del caso, los politólogos, los sociólogos y, sobre todo, por los periodistas de opinión responsable.

            Ha habido, debo reconocerlo, importantes trabajos de investigación histórica y económica puntuales, que llenan lagunas de información en lo que respecta a los aconteceres de Honduras y América Central. Me parece que para el periodo colonial hondureño son indispensables los pocos censos elaborados por personajes como el obispo Fernando de Cadiñanos y el gobernador-intendente Ramón Anguiano. A lo que habría que añadir el gran informe estadístico del padre reformista Antonio R. Vallejo en la segunda mitad del siglo diecinueve, y los aportes extraordinarios del historiador escocés Murdo J. MacLeod en el capítulo minero, sobre todo del “Partido de las Cholutecas”.    

Pero quizás el primer intento (más abarcador) de una historia económica catracha provino de la pluma de un diplomático español llamado Luis Mariñas Otero, a quien tuve la oportunidad de conocer a comienzos de la década del ochenta. Mariñas Otero abordó dos vertientes económicas vitales durante alrededor de cuatro siglos, registradas superficialmente en la historiografía nacional. Me refiero al capítulo minero del periodo colonial, y a la producción ganadera y de procesamiento y exportación de carnes y cueros durante el siglo diecinueve. El historiador hondureño José Guevara Escudero, ha reforzado el estudio económico aludido en su libro “Honduras en el siglo XIX: su historia económica 1839-1914”.  

A mi juicio, con esta obra de Guevara Escudero, quien aplica el modelo histórico cuantitativista de “análisis espacial” (para los estudios regionales y subregionales), los hondureños hemos comenzado a llenar el tremendo vacío de informaciones historiográficas y empíricas cuando menos en lo que concierne al jalonazo histórico del siglo diecinueve, desde un poco después de la independencia patria y de la subsecuente desintegración de la República Federal de América Central, hasta los comienzos de la “Primera Gran Guerra”. Casi a la par encontraremos las investigaciones, también archivísticas, referentes al tema de la economía decimonónica, de Porfirio Pérez Chávez, de Juan Manuel Aguilar Flores y de otros autores catrachos respetables.   

Más hacia el presente conviene recordar el libro “Modelos económicos de Honduras” de Miguel Ángel Fúnez y Cecilio Zelaya Lozano, publicado por nosotros en la vieja Editorial Universitaria de la UNAH. Estos dos autores de “izquierda”, ya fallecidos, partieron de los experimentos económicos desarrollistas de la década del cincuenta del siglo próximo pasado, hasta arribar a una fecha más o menos reciente. No tengo el libro a mano; pero me parece que se detienen en la década del noventa. También existe un trabajo elaborado por Manlio Martínez Cantor, el cual es una síntesis riquísima del “Plan Nacional de Desarrollo” de la época de los militares reformistas.

En días recientes Rolando Sierra Fonseca me hizo llegar una invitación con el objeto de presentar un documento que contiene los “Patrones de desarrollo económico en los seis países de Centroamérica (1950-2018)”. En la invitación se añade que “El estudio presenta un panorama general de la historia del crecimiento y de las transformaciones estructurales en los seis países” aludidos “en los últimos setenta años”. (…) “En los capítulos se identifican luces y sombras en la experiencia histórica”. Son autores o presentadores del documento las siguientes personas: Jennifer Erazo, Rolando Sierra, Hugo Noé Pino, Wilfredo Díaz, Gro Dahle, Hugo Beteta, María Castro y Ricardo Bielschowsky. Y como auspiciadoras del evento aparecen las siguientes instituciones: CEPAL, Embajada de Noruega en México, Fundación Friedrich Ebert, FLACSO en Honduras y la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Algún día espero tener acceso directo al documento impreso. Ya, por último, aunque sea en un “Pdf”.

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