Mario Hernán Ramírez (mariohernan_ramirez2004ⱷyahoo.com)

Solidaridad es un término sacrosanto en cuyo fondo se encierra un profundo sentimiento de amor y de amistad.

Es una virtud reservada únicamente para los corazones sanos y las almas generosas, tal como lo proclamara el ilustre hondureño doctor Esteban Guardiola en su célebre poema Ancianidad, cuando dice: “que los corazones sanos y las almas generosas arrojen lirios y rosas al paso de los ancianos…”

En realidad, desde el pasado 2 de noviembre, hemos sido víctima de una serie de complicaciones que han afectado severamente nuestra salud, a tal extremo que ahora hasta caminar se nos dificulta, movimiento que tenemos que realizar auxiliados por alguien que esté cerca de nosotros. Es duro, doloroso, talvez grave; no obstante, hay que aceptar los mandatos del más allá con estoicismo, resignación y disimulo, para sufrir menos, ya que a veces no mata la enfermedad sino la preocupación.

En mi caso personal, agradezco en todo lo que vale el insondable poder divino, porque he logrado saborear en toda su extensión la bendita palabra “solidaridad”, misma que se ha manifestado en sus diferentes formas (visitas domiciliarias, llamadas telefónicas y mensajes), demostraciones de afecto que he recibido, no solo de familiares, sino de una gran cantidad de amigos que están por ahí, diseminados en diferentes lugares del planeta, desde donde han expresado ese amor y esa amistad que tanto nos beneficia y que constituye el mejor estímulo para levantarnos el espíritu, con el que tratamos de activar y accionar nuestro pensamiento y sentimiento de gratitud.

El ilustre compatriota, filósofo y escritor Segisfredo Infante, el pasado domingo en su leída e influyente columna Barlovento y Clave de Sol de este mismo periódico, escribió un sesudo comentario entorno a mi estado actual de salud, con los quebrantos aludidos, en el que manifiesta me han caído las 9 plagas de Egipto y algo más, diría yo, las que reitero estoy viviendo con humildad, sin protestar ni perjudicar a nadie, con la salvedad que en todo momento he recibido la magnífica atención no solo de mi esposa sino de mis hijos, todos, quienes me han asistido moral, espiritual y porqué no, materialmente; pero, además de ello, son muchas las personas que han hecho algo similar a través de la oración, por lo que he sentido menos el peso de estas dolencias. Alguien dice por ahí __que una pena compartida se convierte en media pena__ y una alegría en doble felicidad__.

Entonces, habrá que resaltar el tipo de malestares que me afectan actualmente, entre ellos: Arritmia cardíaca Grado III, Mal de Parkinson, una alergia en todo el cuerpo y discapacidad motora, agregándose a esto la casi pérdida total de los sentidos del oído y la vista, felizmente hasta este momento mi lucidez mental no se ha dañado; con el agravante, sí, de que ya no puedo movilizarme solo, ya que las piernas me duelen terriblemente y no puedo dar un paso. El cerebro tampoco envía la señal a las vías urinarias, etc.

Todo lo explicado líneas arriba sucedió a partir del 2 de noviembre del recién pasado año, sufriendo varios desmayos, con la consecuencia de los golpes recibidos por las caídas inesperadas que resistí.

Es cierto que gozo de los beneficios del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), donde permanecí en la emergencia por espacio de 24 horas el día que caí por primera vez,  donde me diagnosticaron arritmia cardíaca, por lo cual fui remitido a un especialista en medicina interna; debido a que la cita estaba programada para el 2 de enero en el Seguro Social, nos vimos obligados a buscar los servicios de diferentes médicos especialistas de carácter privado, lo que significó una enorme erogación en el pago de consultas, exámenes cardiológicos, radiológicos, neurológicos, de laboratorio y  compra de fármacos.

Confiamos entonces en que el sesudo comentario del amigo Infante encuentre eco en los lugares que él señala, como para apoyar a una persona que durante más de 67 años consagró su vida al servicio de la patria en los diferentes campos de la comunicación, la cultura y el arte, asimismo, trabajando en radio, televisión y prensa escrita.

En relación a la bendita “solidaridad”, es preciso señalar que esta no solo debe manifestarse en favor de los ancianos, sino, también de los indigentes, los pobres de solemnidad de cualquier edad, discapacitados y demás personas que por su estado físico y mental urgen de la ayuda comunitaria a través de las fundaciones, organismos de derechos humanos y demás entes creados precisamente para eso, para apoyar, ayudar y favorecer a quien necesita de ese auxilio indispensable para sobrevivir, ya que como seres vivientes les asiste todo el derecho de la asistencia solidaria.

Aquí también tenemos que agradecer enormemente la influencia que los medios de comunicación ejercen para motivar a la sociedad, en este caso particular del Diario La Tribuna que tan generosamente nos ha abierto las puertas de par en par, para recibir no solo los mensajes de los colegas solidarios, sino que el mío propio.

Y, por último, lamentamos de verdad la dramática despedida del notable escritor ingeniero Oscar Lanza Rosales, la cual esperamos sea temporal, como también esperamos que temporal sea la ausencia de otro talentoso columnista de este periódico como es el abogado Benjamín Santos y uno que otro, que ahora lo hace esporádicamente, por razones que solo ellos saben.

Deseamos que el año que comienza venga repleto de abundantes y agradables sorpresas para todos los hondureños.

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