Mario Hernán Ramírez

Ningún medio de comunicación del país le ha dado tanta importancia a la grave situación que está pasando, sobre todo la capital y otras comunidades importantes como LA TRIBUNA, debido a la escasez de agua en su más alta expresión.

Fue en el año de 1960 cuando el entonces presidente de los Estados Unidos de América, el demócrata John F. Kennedy, se reunió con sus homólogos de América Latina en el paradisíaco balneario de Punta del Este de la república de El Uruguay. Después de tres días de discusiones entre los gobernantes del hemisferio, se acordaron numerosos beneficios para nuestros pueblos, con el sugestivo nombre de La Alianza para el Progreso, como para contrarrestar un poco la penetración socialista, cuyo triunfo en 1959 en cuba, encabezada por el doctor Fidel Castro estremeció el continente americano.

Este programa del presidente Kennedy y sus aliados, La Alianza para el Progreso, fue similar al del presidente Franklin Delano Roosevelt, de esa gran nación, después de la II Guerra Mundial, con el también sugestivo nombre de “La política del buen vecino”, que puso en práctica su sucesor Harry S. Truman, ya que Roosevelt falleció en el poder antes que terminara la II Guerra Mundial.

Pues bien, a su regreso de aquella exitosa cumbre en Punta del Este, el presidente Villeda Morales, trajo entre otras novedades de la cita, la creación de algunos entes de carácter autónomo, para poder recibir los beneficios del tantas veces mencionado programa establecido en la cumbre.

Fue así como nació el Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillados, por sus siglas SANAA, el que de inmediato recogió a los mejores ingenieros sanitarios e hidráulicos del país, la mayor parte procedentes del desaparecido SCISP – Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública, el que había funcionado exitosamente con el Servicio Técnico Interamericano de Cooperación Agrícola – STICA y con el SIDE, Servicio Interamericano de Cooperación Educativa, que durante la administración Gálvez Lozano, realizó enormes beneficios en favor del pueblo hondureño, entre otros, las escuelas agrícolas aún funcionando, hospitales como el Sanatorio Nacional, hoy Instituto Nacional del Tórax y colegios de segunda enseñanza que se construyeron a granel por todo el país.

De los ingenieros que pasaron a formar del SANAA, recordamos a su director ejecutivo Emil Falck, Luis Servando Ulloa, Federico Boquín, Tiburcio Calderón Corleto, Guillermo Guerlings, Filadelfo Canales, Miguel Ángel Ramos, Tito Livio Carranza, Miguel Ángel Lagos, equipo que andando el tiempo fue reforzado con la presencia de otros connotados profesionales del teodolito y la plomada, como Luis Armando Moncada Gross, Roberto Mairena, Mario Vallejo Mejía, Rubén Flores Guillén, Rigoberto Cerna, Porfirio García López y otros jóvenes egresados de nuestra máxima casa de estudios, con diplomados en la rama sanitaria, en el exterior, por lo que el SANAA demostró la contundencia de su existencia en las labores de acueductos, alcantarillados y posteriormente represas, sobre todo en la capital, ya que San Pedro Sula siempre mantuvo un sistema de suministro de agua diferente al de los restantes municipios del país, que sí recibieron los beneficios del SANAA.

Fue durante la crisis de agua que hubo en Tegucigalpa en 1972 y 73, cuando el SANAA encumbró su prestigio, al haber formado un grupo de funcionarios del más alto nivel como el abogado Manuel Acosta Bonilla, ministro de hacienda; Enrique Aguilar Paz, ministro de salud; Enrique Ortez Colindres, presidente del Banco Centroamericano de Integración Económica y Luis Armando Moncada Gross, gerente del SANAA, que lograron la apertura de un nuevo crédito en el BCIE para programas de salubridad y abastecimiento de agua para los países miembros del ente regional. Y así, con la agilidad, diligencia y profesionalismo de aquellos hombres, se iniciaron de inmediato los trabajos de emergencia del primer embalse construido en Tegucigalpa, conocido como Los Laureles, el cual fue inaugurado a comienzos de 1976, durante la administración Melgar Castro. El proyecto había sido iniciado en el último gobierno del general López Arellano.

De aquellos lejanos tiempos, hasta el gobierno del ingeniero José Simón Azcona Hoyo se concibió la idea de una nueva represa, tres o cuatro veces mayor en tamaño que Los Laureles, la que fue conocida con el nombre de La Concepción, mismas que han estado funcionando desde alrededor de cuarenta años y que por supuesto con el crecimiento enorme de la población capitalina, el cambio climático, la quema y la tala inmisericorde del bosque y otros factores que atentan contra la naturaleza, ambas fuentes de abastecimiento a estas alturas resultan obsoletas, por lo que, desde hace muchos años Tegucigalpa debió haber sido abastecida con dos o tres nuevos embalses, con lo que ahora no estaríamos lamentando tan severa crisis que quien sabe hasta donde nos llevará si durante el mes de mayo no comienzan las benditas lluvias, del llamado invierno en estas regiones del planeta. Es urgente, pues, que, el gobierno y la municipalidad capitalina, en lugar de estar consiguiendo dólares para pagar prestaciones a empleados y funcionarios del SANAA, este ente regulador de los acueductos y alcantarillados, en algunas regiones del país, sea reforzado económicamente, porque la gente que se ha formado en el SANAA, tiene capacidad, experiencia y sobre todo amor a la institución en la que han trabajado algunos de ellos por más de cincuenta año

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