Para preparar esta nota nos hemos auxiliado de un material escrito en IDEAS Revista de Letras Femeninas, correspondiente a Enero y Febrero del año 1972; grupo femenino dirigido por las intelectuales Olimpia Varela y Varela, Eva Thais y Edda O. Rubí; siendo la última de las mencionadas quien escribió una breve reseña histórica sobre el tema que nos ocupa, y que intitulo: «LUCHA DE LA MUJER POR ALCANZAR SU LIBERACION” y que a la letra dice: La mujer desde hace mucho tiempo sintió la necesidad de liberarse adquiriendo conocimientos en todos los campos del saber humano a su alcance, y, poder con ello contribuir en la búsqueda de mayor bienestar, felicidad y paz para todas las razas humanas.

Este anhelo y lucha de la mujer por obtener educación profesional y el derecho al sufragio comienza a manifestarse desde siglos atrás, pues en 1647, Margarita Brent, considerada la primera mujer de América que, al pagar tributo al Estado, reclama representación en la Legislatura de Maryland.

En 1748, Olympe de Gouges publica en Francia una «Declaración de los Derechos de la Mujer” como una protesta por no haber sido hecha ninguna mención de la mujer, en la revolucionaria “Declaración de los Derechos del Hombre”.

En Inglaterra Mary Wollstonecraft publica, inspirada en las anteriores, “Una Vindicación de los Derechos de la Mujer”.

Este movimiento comienza a cobrar fuerza en los Estados Unidos desde de 1840 y en 1849, mujeres de 19 Estados se reúnen en Nueva York y forman la Asociación Americana del Sufragio para la Mujer, encabezada por Elizabeth Cady Staton y Susan B. Antony. Más tarde fue creada la Asociación Americana del Sufragio para la Mujer.

Durante 50 años, la mujer presentó solicitudes al Congreso Norteamericano para obtener el derecho al voto, el cual le fue concedido hasta el 26 de agosto de 1926, pudiendo votar por primera vez, en las elecciones presidenciales llevadas a cabo ese año en aquel gran país del Norte.

El suceso levantó esperanzas en todas las mujeres del globo, y vemos, que antes de la primera guerra mundial, mujeres de diferentes naciones del mundo habían obtenido el derecho al sufragio.

En 1945, el Gral.  Douglas Mac Arthur crea una directiva a través de la cual se le concedieron derechos para votar a la mujer japonesa. En Francia la mujer va por primera vez a las urnas en 1945; en Italia, en 1946, y, en China, en 1948.

Al estallar la segunda guerra mundial, fue puesta de manifiesto la importancia y el valor que representa la preparación de la mujer, pues ésta, en número de DOS MILLONES ocupó en los Estados Unidos, el lugar que había sido dejado  vacante por los hombres que tuvieron que marchar al frente, y vimos a la mujer haciendo trabajos que hasta entonces habían sido exclusividad del hombre en los ferrocarriles, muelles, astilleros, fábricas, fundiciones, Administración Publica, y, por primera vez, prestar servicio en las Fuerzas Armadas.

En nuestro país, le fueron reconocidos sus derechos, políticos y civiles a la mujer, el 24 de enero de 1955, por el Jefe de Estado en esa época, don Julio Lozano Díaz, mediante Decreto No. 29. Desde esa fecha, la mujer hondureña trabaja tesoneramente tratando de superarse más y más cada día.

La mujer hondureña confía en el porvenir porque  tiene confianza en sí misma y porque tiene la seguridad, de que si el aporte que ella está en capacidad de poder ofrecer no es subestimado, puede crear una fuerza de utilidad incalculable para el desenvolvimiento de la vida nacional.

Compatriotas: no debemos desmayar. No podemos perder ni un minuto. Sabemos perfectamente que solo el trabajo técnicamente ejecutado proporcionara la formula maravillosa que librará a nuestro país de la dependencia y del subdesarrollo.

La mujer debe comenzar a fomentar el sentido empresarial. Con ello puede crear sociedades anónimas que serían fuentes de trabajo para muchas mujeres que al obtener una ocupación fuera de casa podrían cooperar al bienestar económico de sus hogares, lo cual acarrearía mayor bienestar para el núcleo familiar.

Trabajemos compatriotas, pero trabajemos planificadamente. Trabajemos por la cultura, porque ella nos servirá para comprendernos mejor y producirá el clima de unidad que nos llevará a la conclusión de que cada hondureño es un hermano.

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