Por:  Luisa Agüero

El presidente Juan Orlando Hernández anunció en mayo pasado que promovería Distritos Creativos y Turísticos en Honduras, iniciativa que sería respaldada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para impulsar el desarrollo del país. Sin embargo, hay posiciones encontradas en relación a la efectividad de esta estrategia.

Este plan contribuye en lo que se conoce como Economía Naranja, que consiste en la puesta en marcha de políticas públicas de apoyo al sector cultural, para que se generen inversiones y negocios, así como cadenas de valor regionales en sus diversos sectores como arquitectura, artes visuales y escénicas, artesanía, cine, diseño, publicación, investigación y desarrollo, moda, publicidad, software y videojuegos.

Proyectos de esa índole promueven el desarrollo local a través de la generación de ingresos y más oportunidades para emprendedores, asegura, en entrevista con Forbes, entrevista con Forbes, el ministro de Gobernación y Descentralización, Leonel Ayala.

Esto está respaldado por estudios como “El impacto económico de las industrias creativas en las Américas”, elaborado por Oxford Economics, con auspicio de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el BID y el British Council, el cual indica que, si la economía creativa fuera producto, tendría el quinto mayor volumen de negocios en el mundo.

El informe añade que, si esta actividad fuera un país, sería la cuarta potencia en ingresos con un PIB de 4,3,000 millones de dólares (mdd), el noveno mayor exportador de bienes y servicios, con 646,000 mdd, y la cuarta fuerza laboral con 144 millones de trabajadores. Estados Unidos aporta 159 mdd a esta industria, India 477 y China 816.

Ante estos números, más de uno ve con buenos ojos el impulso a la economía naranja en Honduras. “Tenemos 9 millones de habitantes, es una historia que podemos reescribir para el bien del país”, dice Ayala.

Pero hay quienes opinan distinto. “Existe potencial, pero el inconveniente es la burocracia si se diera la oportunidad de acceder a fondos del BID para realizar proyectos creativos, y si vamos al gobierno, aparte de burocracia, hay corrupción”, lamenta Kevin Emir Villatoro, productor de cine.

Si podemos meter más opiniones que encuentren problemáticas a esta iniciativa hay que hacerlo

Kendra Ardón, emprendedora cultural y artística, coincide con Villatoro. “Ni la misma banca hondureña conoce la profundidad de la economía naranja, tampoco tiene recursos destinados para apoyar proyectos dentro de este sector y lo digo por experiencia porque los he solicitado y es difícil obtenerlos. Por esa razón el gobierno debe socializar esta iniciativa, esa sería la clave del éxito”, afirma.

“Si es para generar riqueza y mejorar el emprendedurismo y la generación de empleo, es bienvenido”, destaca Rolando Milla, presidente del Colegio Hondureño de Economistas.

Esto ayudaría a subsanar problemas como el subempleo, condición en la que, de acuerdo con la Secretaría del Trabajo, está 48% de la población, en cifras a enero de 2019. A esto hay que añadir que más de cuatro millones de habitantes perciben menos del salario mínimo, que es de 214.46 dólares mensuales. ¿Es al día o cada cuánto reciben esta cantidad? Además, un millón de hondureños están sin trabajo, dice Victorino Carranza, presidente del Gremio de la Micro y Pequeña Empresa.

En detalle.  La Economía Naranja representa una oportunidad importante para Centroamérica, al brindar opciones para las nuevas generaciones a través del desarrollo del pensamiento creativo ligado a la incorporación en los sistemas productivos locales y el aprovechamiento del potencial del talento joven existente.

Así lo plantea un estudio denominado “La Economía Naranja en Centroamérica”, realizado por la Dirección de Inteligencia de Mercado de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA), publicado en su sitio web.

La Economía Naranja, un término acuñado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), corresponde al sector del ámbito cultural y creativo que puede brindar amplias oportunidades a Centroamérica para impulsar su  crecimiento e inserción en el mercado internacional aprovechando  el amplísimo potencial en el ámbito creativo y el rico patrimonio cultural de los países que la conforman.

En este sentido, destaca, “la promoción del desarrollo de nuevos modelos de negocio en la industria a través de un marco sólido de políticas públicas de apoyo, así como la formalización tanto legal como estadística del sector cultural serían herramientas vitales para fomentar la inversión y el desarrollo productivo que generen nuevas cadenas de valor regionales en esta área”.

Para eso, es importante diversificar la oferta productiva regional, con el fin de reducir la dependencia económica respecto a las industrias tradicionales; generalmente relacionadas al uso y consumo intensivo de recursos naturales y a los bajos costos de la mano de obra. “Esta transición demanda convertir a las industrias creativas en un nuevo motor de la economía regional, haciendo del sector una parte importante en la canalización de recursos de inversión pública y privada en aras de generar las condiciones y clima de negocios adecuado para su correcto funcionamiento como nuevo nicho de oportunidades de ascenso a grupos sociales de toda índole en Centroamérica”, destaca el estudio.

La  Economía Naranja representa alrededor del 6.1% de la economía mundial, de hecho si fuese un país, sería la cuarta economía mundial con dimensiones similares a la de Japón. En materia de exportaciones mundiales, los bienes y servicios creativos corresponden al quinto rubro de mayor relevancia en el comercio global, lo cual muestra un dinamismo mayor en comparación a otras exportaciones tradicionales.

En términos absolutos, la producción total asociada a la Economía Naranja ronda los US$ 4.3 billones, mientras las exportaciones corresponden a cerca de US$ 646,000 millones. En el ámbito del mercado laboral, la generación de empleos asociados al sector ronda los 144 millones de personas a nivel mundial, al menos 3.2 veces mayor a la población total de Centroamérica.

En América Latina y el Caribe, la Economía Naranja representa en términos relativos un tamaño similar al de la economía de Perú, con un valor de exportaciones similar al realizado por Panamá y con una masa laboral equivalente a la de Guatemala, Honduras y Nicaragua en su conjunto. Un elemento relevante es que la dimensión de la Economía Naranja en la región latinoamericana supera los flujos de otros importantes canales de generación de recursos como las remesas y las exportaciones de industrias extractivas. En ese sentido se calcula un valor agregado por trabajador de US$ 17,000 al año.

Amplia gama

Existe una amplia gama de conceptos y terminología alrededor de las economías culturales o del conocimiento y las industrias creativas; a pesar de ello, a efectos del presente abordaje se ha optado por tomar como marco de referencia el enfoque realizado por el BID y expresado en los trabajos de Buitrago y Duque, en 2013, en donde se define la Economía Naranja como: “el conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes Economía y servicios creativos, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual”. Este concepto, sin ser exhaustivo, recoge las múltiples definiciones establecidas por diversos actores a nivel internacional.

Los aspectos culturales de una sociedad son una parte fundamental de su identidad, pero también de su desempeño económico. La cultura condiciona las jornadas laborales, los días festivos, la productividad y está presente en un sin número de actividades que brindan empleo y aportan a la economía nacional, pero que erróneamente son desatendidas y relegadas a un plano secundario.

Si bien es cierto,  podría considerarse como un bien público, la cultura es la expresión misma de cada sociedad en la región y su enorme complejidad la convierte en un fenómeno de dificultosa medición a través de los sistemas de contabilización tradicionales, apunta el estudio.

El acceso libre a la cultura se confunde con la idea de que la misma es gratis. Y, en ese sentido, Centroamérica tiene una ventaja frente a otras economías del mundo al disponer de un amplio y joven capital humano. En la región, entendida por los Estados que conforman el proceso de integración económica, actualmente la población se ubica alrededor de los 45 millones de habitantes con un 61% en el rango de edad de 15-64 años.

Según proyecciones del Centro Latinoamericano de Desarrollo Empresarial (CELADE), hacia el 2045 se experimentará una transición demográfica en la cual dicho segmento poblacional aumentará hasta el 67%, es decir, se incrementará casi en 15 millones de personas.

Aquí, la región puede emplear sus masivos recursos de talento creativo y su patrimonio cultural para generar una potencial ventaja comparativa. Aprovechar el bono demográfico en la región requerirá el desarrollo de capacidades basadas en el conocimiento y mediante participación activa en la Revolución Digital, a través de inversiones en materia de educación, innovación, investigación y desarrollo (I+D).

No obstante, el estancando clima económico observado desde la crisis de 2008-09 supone, entre una de sus razones principales, el descenso en las ideas poderosas que lideren el progreso de nuevos sectores emergentes, para lo cual se requiere de altas tasas de innovación y progreso tecnológico que impulsen a las economías hacia mejores estadios.

Esto implica que las industrias transitan por una especie de gran reestructuración (great restructuring) en la cual nuevos sectores aliados a las nuevas tecnologías podrían surgir como los más dinámicos dentro de los sistemas económicos, producto de la incursión de tecnologías con potencial de cambiar dramáticamente el status quo, lo cual tendrá un impacto disruptivo en la economía.

De acuerdo con el McKinsey Global Institute,  hacia el 2015,  al menos unas 12 tecnologías disruptivas habrán generado grandes cambios en los patrones de uso, producción y consumo de los bienes y servicios hoy en día habituales. Los principales impactos económicos se concentran en el desarrollo de internet móvil, la automatización del trabajo del conocimiento y los productos relacionados a la red  (internet things). Sin lugar a dudas, estas tecnologías se caracterizan por tener la capacidad de ampliar los márgenes de difusión de los contenidos culturales y aumentar el impacto que la creatividad tiene en las industrias y la vida diaria

Para el caso de Centroamérica, si bien de manera incipiente, se detectan algunos indicios interesantes que permiten inferir el potencial de la región para apoyarse en el uso de estas tecnologías e incursionar de manera más agresiva en las industrias creativas y la economía cultural. En el ámbito del internet móvil por ejemplo, según el Banco Mundial las suscripciones de telefonía celular en Centroamérica pasaron de 2.5 millones en 2000 hasta los 54.2 millones en 2014, lo cual pone en dimensión la penetración de este tipo de tecnologías en el contexto regional.

En cuanto al acceso a internet en general, la región centroamericana en 2014 reportó un total de 1.8 millones de abonados a internet de banda ancha fija. Esto refleja un aumento de  la penetración en cerca de 365,000 usuarios respecto de 2012. Igualmente, en el sector de tecnologías de nube (cloud technology) estimaciones de impacto para América Latina y el Caribe indican que entre 2009 y 2013 se crearían un total de 6000 nuevas empresas relacionadas a la industria, mismas que resultarían en cerca de 700,000 nuevos empleos.

La tendencia

La oferta exportable en Centroamérica ha experimentado un proceso de diversificación en su estructura de productos de manera más acentuada principalmente en el periodo 1995-2005), a pesar de ello los esfuerzos de transformación productiva siguen inconclusos y resulta necesario ampliar el alcance geográfico del comercio con terceros socios.

En materia de comercio de productos creativos, las exportaciones relativas a Centroamérica exhiben una tendencia creciente durante las dos últimas décadas, pues pasaron de registrar un valor de exportación en 2005 de US$ 187.9 millones a US$ 268.7 millones en 2014, con un crecimiento anual promedio del 4.1%.

En 2014, las exportaciones de bienes de industrias creativas representaron el 0.9% de los envíos totales regionales y a un 0.1% del PIB regional. Esto pone en evidencia el potencial aún existente de ampliar las condiciones de este mercado, al constituirse en un espacio de comercio por explorar en el afán de diversificar la oferta regional de exportaciones y por supuesto un desafío en materia de políticas públicas para promover integralmente el desarrollo de nuevos sectores con potencial como el analizado.

Con relación a la distribución geográfica de estas exportaciones, el 56.2% tienen como destino el mercado intrarregional, mientras el 31.5% se dirige a Estados Unidos, el 2.5% a México y el 1.9% a República Dominicana. Es importante destacar que, en el caso de las exportaciones de bienes creativos, el mercado centroamericano representa el nicho de comercio por excelencia, situación poco usual en el caso de los productos de exportación tradicional, usualmente concentrados en los mercados extrarregionales.

Estos elementos permiten nuevamente descubrir una interesante variante de la Economía Naranja para Centroamérica: representa no sólo una oportunidad por excelencia para diversificar la estructura productiva, sino que también se convierte en un mecanismo natural para profundizar las relaciones de comercio a nivel intrarregional y fortalecer los niveles de complementariedad e integración entre países e industrias.

Dentro de los principales productos de exportación ligados a industrias creativas sobresale el área de diseño que concentra el 47.9% del total, a pesar de perder importancia relativa por el surgimiento de exportaciones ligadas a impresos y manufacturas artísticas.

Con relación al  conjunto de exportaciones asociadas al diseño destacan las involucradas a moda (10.0% del total de exportaciones creativas), artículos para la decoración de interiores (22.0%) y joyería (12.4%). En el comercio de impresos la mayoría se concentra en la exportación de libros (8.1% del total de exportaciones creativas) así como otras versiones de impresos (13.2%).

En el área de manufacturas artísticas lo concerniente a hilos (21.2% del total de exportaciones creativas) corresponde al componente de mayor peso y dinamismo de las últimas dos décadas, asociado a la especialización de la región en la industria textil y de confección. Algunos productos del comercio creativo en la región no tienen en la actualidad una cuota de participación mayoritaria, sin embargo, han mostrado amplio dinamismo en las últimas dos décadas, y específicamente corresponden a exportaciones de audiovisuales (crecimiento anual promedio del 46.6%) y medios de comunicación (42.8%).

Lo positivo

Las ventajas que Centroamérica puede potenciar para concatenar a la Economía Naranja con su modelo de desarrollo, requieren de una agenda ambiciosa de políticas públicas en la cual todos los actores de las industrias creativas deben aportar desde sus distintas áreas de impacto. A continuación se comparten algunas ideas introductorias sobre cómo impulsar a la Economía Naranja en Centroamérica.

Una de estas ideas se orienta a fortalecer los ejercicios de construcción de Cuentas Satélite de Cultura (CSC), a través de la coordinación interinstitucional en los países. Promover programas de cooperación entre los países de la región para armonizar y estandarizar las CSC y demás estadísticas ligadas a la Economía Naranja con el fin de  compartir mejores prácticas y lecciones aprendidas.

Otro de estos pilares se fundamenta en el establecimiento de  fondos de investigación e innovación para el desarrollo de cadenas de valor de las industrias culturales y creativas. Desarrollar los marcos jurídicos locales que aporten seguridad jurídica a las inversiones en estas industrias. Establecer mecanismos de apoyo para la gestión de patentes, marcas colectivas y derechos de autor para los actores ligados a la industria, indica la investigación de la SIECA.

También deben desarrollarse programas de asistencia técnica a emprendedores de las industrias creativas, a través de incubadoras o centros de desarrollo en las Universidades de la región. Mejorar el acceso a recursos de financiamiento para el impulso de emprendimientos en la industria creativa, con mecanismos como fondos de capital de riesgo, capital semilla o redes de ángeles inversionistas y promover programas asociativos y cadenas de proveedores.

Deberá aumentarse la inversión en infraestructura de apoyo a la cultura y mejorar el nivel de acceso a las mismas. Incentivar, a través de los programas educativos, el desarrollo de capacidades artísticas desde temprana edad e implementar mecanismos de incentivo a la formalización del sector, a través de apoyo en el desarrollo de los modelos de negocios y pequeños emprendimientos, subraya el documento.

Pero además, es fundamental impulsar la creación de “clusters creativos” tendientes a la consolidación de un mercado regional centroamericano de bienes y servicios diferentes y atractivos. Es necesario desarrollar actividades de carácter cultural (festivales, galerías, conciertos, etc.) a nivel regional y  programas de certificación regional para productos y servicios ligados a industrias creativas.

Es específico y no se puede obviar el establecimiento de  proyectos de desarrollo rural sostenible, ligados al patrimonio cultural de las localidades socialmente vulnerables y aperturar centros de capacitación a nivel regional para el aumento de capacidades técnicas en las industrias creativas y acceso a tecnología aplicada, con énfasis en zonas socialmente frágiles. “Es clave  establecer mesas de diálogo con los actores (formales e informales) de las cadenas creativas, con el fin de desarrollar políticas públicas en apoyo al sector y  organizar regionalmente mesas de cooperantes para el fondeo de proyectos culturales y asociados a industrias creativas”, puntualiza la investigación.

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