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Divisas “aladas y multicolores”

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Por: Luisa Agüero

Para reforzar el turismo en el Parque Nacional Montaña de Celaque, ubicado en el departamento de Lempira, existe  una torre de avistamiento de aves. El destino donde está edificada la fortificación de tres niveles, es el área protegida de mayor tamaño, diversidad ecológica, altitud e importancia hidrológica del occidente de Honduras.

Aquí existe  uno de los parajes más pintorescos y agrestes del territorio nacional, que incluye el pico más alto del país (2,849 metros sobre el nivel del mar), desde donde se impulsa  la conservación e investigación de recursos naturales y culturales.

En Lempira los turistas pueden disfrutar de atractivos como el Bosque Nublado, el cerro Las Minas (como punto más alto del país), la cultura tradicional lenca, la cascada de Santa Lucía y el avistamiento de aves.

El Parque Nacional Montaña de Celaque está dentro de la Propuesta de Proyecto de Mejora de Infraestructura Turística en Áreas Protegidas, financiado por el Fondo de Áreas Protegidas de Honduras.  El proyecto tiene como objetivo el mejoramiento de la infraestructura turística actual y desarrollo de nuevas obras en al menos cinco áreas protegidas con alto potencial y que forman parte de las zonas prioritarias para el fomento del turismo en el país.

Sòlo en Estados Unidos existen 48 millones de personas que viajan por todo el mundo a conocer la diversidad de aves, “y esto lo tiene que aprovechar Honduras”.

Desde la Montaña de Celaque se pueden avistar el colibrí esmeralda y la codorniz pintada, así como 285 especies más y 60 aves migratorias que cruzan el país de Sudamérica a Norteamérica y viceversa.

Honduras es el país centroamericano con mayor superficie de bosque natural y posee 5.39 millones de hectáreas de bosques naturales y, en los últimos dos años, la visita de turistas en áreas protegidas en todo el país llegó a 1 millón 175 mil personas.

Sitio mágico

Según la estrategia hondureña de aviturismo, Celaque es uno de los sitios priorizados para realizar el avistamiento de aves, encontrándose dentro de la región “Copán-Lempira”, una de las siete regiones identificadas en el país en base a criterios biológicos y turísticos. Desde ya se están realizando importantes avances para la definición de los sitios idóneos para avistar aves en la zona, incluyendo al endémico colibrí esmeralda. Asimismo, se pretende promover a Honduras como nuevo y único destino de primera clase para los avituristas de todo el mundo.

Nuestro país cuenta con varias ventajas competitivas para desarrollar el aviturismo como un producto con 770 especies de aves registradas, 87 especies catalogadas como de especial interés, sus ecosistemas variados y las cortas distancias que hay entre ellos. Además, ofrece la ventaja de ser un punto de convergencia entre las aves migratorias del norte y el sur de América.

Destino imperdible

Los turistas nacionales e internacionales tienen a través del aviturismo una excusa para conocer los parajes de nuestro país e internarse en las magníficas reservas naturales donde abunda una enorme variedad de pájaros. El turismo de observación de aves, o aviturismo, es la actividad que implica desplazarse desde un sitio de origen hacia un destino específico con el interés de observar la avifauna local en su entorno natural. Usualmente deja un incentivo económico para el destino, la comunidad receptora y los guías locales. Esto implica que los pájaros deben volar libres y no estar enjaulados; así mismo, se supone que las especies que se van a observar deben de ser propias del lugar y no deben de ser aves introducidas, domesticadas o habitar en granjas de reproducción con fines de aprovechamientos comerciales (ej.: mascotas, alimento, u ornamentación).

De igual manera, este tipo de turismo es una modalidad del ecoturismo; por lo tanto, debe de cumplir con todos los requisitos de sostenibilidad. El típico observador de aves es una persona de estrato económico medio/alto y con un nivel educativo elevado. Pueden ser empresarios, doctores, abogados, gerentes de grandes compañías, programadores, profesores universitarios, académicos, investigadores, funcionarios públicos; entre otros.

Durante la década de los 90, la observación de aves fue la actividad de más rápido crecimiento en los Estados Unidos. El número de observadores de aves activos continúa incrementándose, actualmente se estima que son alrededor de 73 millones de norteamericanos los que disfrutan de este entretenimiento,  lo cual representa la tercera parte de la población.

De este número, alrededor del 40% viajó a una distancia de sus casas para observar aves, y cada año unos 5 millones de personas viajan fuera de los EE.UU. para participar en algún grado de esta actividad. En 2001, se calculaba que unos 300,000 observadores de aves fueron considerados serios, y en 2004 ese número llegó a los 500,000. Un 32% viaja entre 10 y 25 días y en muchos casos más días al año y un 23% entre 3 y 10 días.

Solamente en Estados Unidos, los observadores de aves como conjunto, gastan billones de dólares al año; y hay que recordar que la observación de aves es también muy popular en Canadá, Inglaterra, Holanda, Alemania, Japón, Israel y muchos otros países. Se conoce que en la última década  se gastó en los EE.UU.:

• $38,4 mil millones en observación de vida silvestre (ballenas, mariposas, mamíferos y aves)

• $32,6 mil millones exclusivamente en la observación de aves

• $23,5 mil millones en equipos

• $8,2 mil millones en viajes

Sin duda, el turismo de observación de aves se ha convertido en una actividad económica importante en los lugares que poseen una gran cantidad y/o especies endémicas de aves. Por ejemplo, los observadores de aves gastan $400 millones anuales en Texas, que posee 600 especies de aves y que ha realizado esfuerzos agresivos para desarrollar el turismo ornitológico.

El aviturismo tiende a generar mayores ganancias económicas por visitante que cualquier otra forma de turismo rural, pues se hace necesaria como mínimo una noche de hospedaje, ya que las mejores etapas del día para avistar aves son durante la madrugada y el final de la tarde.

El aviturismo genera sobre los $400 millones al año para Costa Rica (41% del total de sus rentas por turismo).

Para el año 2000, de todos los turistas que visitaron este país centroamericano, provenientes de EE.UU., Europa y Canadá, el 58,8% participó en actividades de turismo de naturaleza, de estos el 35,9% en observación de la avifauna.

Los patrones

Ciertos patrones demográficos y psicográficos favorecen el crecimiento de la observación de aves como actividad y tipo de turismo. Dos segmentos de mercado importantes, los “baby boomers” y personas mayores de países desarrollados, han mostrado una fuerte inclinación hacia el turismo de naturaleza y la recreación al aire libre, incluyendo la observación de aves.

Mientras que el número actual de observadores de aves es grande y se espera que crezca, el mercado para los tours especializados en observación de aves es pequeño, pues es solamente un segmento de la gran población de observadores generalistas. Se estima que el mercado potencial de observadores de aves especialistas que estarían dispuestos a gastar para viajar a ver nuevas especies es de nueve a diez millones, número mucho menor que la gran cantidad de observadores casuales y residentes.

Los gastos relacionados con el turismo ornitológico generan en Estados Unidos alrededor de $23 billones por año, contribuyendo al empleo de casi 800,000 personas. En un año alrededor de 17.7 millones de personas viajan a más de una milla de sus residencias para observar aves y erogan alrededor de $7.6 billones en gastos relacionados con su viaje, excluyendo el equipo.

La contribución económica anual de la observación de aves en 5 estados de la Unión Americana fluctuó entre los $2.4 millones a los $40 millones. Se estimó que la visita de una guacamaya a una pared de barro en el sudeste de Perú puede generar potencialmente entre $750 – $4700 en ingresos turísticos en un año y $22,500 – $165000 durante el periodo de vida del ave.

Cada vez  son más

Se estima que para un aviturista motivado y experimentado, el hecho de observar una sola nueva especie en Estados Unidos le cuesta aproximadamente $75 (gastos relacionados principalmente con el viaje, hospedaje y alimentación asociados con su búsqueda ornitológica).

En contraste, la observación de aves en países ricos en avifauna, con costos económicos relativamente bajos y cercanos a los grandes países emisores; tales como: Costa Rica, Ecuador o Perú (donde es posible observar hasta 300 especies en un solo recorrido) los márgenes por especie nueva oscilan entre los $8 y $10.

En países con costos económicos aún más bajos, que poseen una alta riqueza y diversidad de especies de aves y que están emergiendo en el tema del aviturismo como Guatemala o Nicaragua estos mismos márgenes bajan todavía más probablemente a $5 por nueva especie. Es importante notar que existe un gigante dormido, que debido a la gran riqueza de avifauna, alta cantidad de endemismos y bajos costos de operación; representaría una amenaza para estos destinos emergente.

Este gigante está empezando a mostrar signos de vida, gracias a la iniciativa de ONG’s conservacionistas y algunos emprendedores que están llevando a cabo esfuerzos para desarrollar el aviturismo en ese país.

Países como el nuestro  aún no ha aprovechado el enorme mercado de observación de aves debido, en buena medida, a que continúa fomentado la captura de especies silvestres, sin embargo si se enfoca el esfuerzo para atraer este ecoturismo de naturaleza, se alcanzarían rápidamente beneficios económicos muy altos para los sectores turísticos y rurales, así como beneficios para la conservación de las aves y sus ecosistemas.

Mercado en aumento

De golpe, un pequeño grupo de chorchas se deja ver, vuelan con trayectorias aparentemente erráticas y cuando comen, picotean y sucesivamente van observando a su alrededor, temerosos de que aparezca algún enemigo. Inmediatamente, aparecen otras, imponentes frente a estos pajaritos, que son espantados. Y, como las demás aves, comen y a la vez están pendientes de cualquier amenaza. Pronto, desaparecen de la escena, quizá ya se han ido a sus recónditos nidos, donde  les gusta criar.

Nada más al reclinarse bajo las copas de algún árbol, delante aparece un azulado, una pequeña pero preciosa ave que se remueve nerviosa ante la abundante comida que ha sido puesta a su disposición. Parece sorprendida por el festín que puede darse.
El comedero, sobre el que se mueve dando saltos, parece una gran mesa de comida. De unos dos metros de ancho, está “decorado” con un ramaje que permite la aproximación paulatina de las aves.

Por supuesto, a esta cita no podía faltar el gorrión, que aparece repentinamente. Se aproxima a una rama, hasta que se adentra en el comedero. Muy pronto se ha ido; aunque no sabe que el grupo de visitantes hablaba de él.

Otro pájaro interrumpe la conversación. Es saltarín. Como todas las aves sus colores son tan vivos que inevitablemente generan un debate sobre su esplendor. Ahora, más bien parece de color teja. O naranja.

Lo cierto es que  la observación de vida silvestre es parte deun mercado turístico que en las últimasdécadas ha crecido de forma acelerada entodo el mundo. “Se estima que en 1994 elturismo de naturaleza representó alrededorde 200 mil millones de dólares a nivel internacional”.

En 1993, Kenia recibió 826 000 turistas, 80% de los cuales llegaron para observar la fauna silvestre; los ingresos por este concepto representaron una tercera parte de los ingresos totales de divisas de ese país.

Entre 1950 y 2005 el número de turistas internacionales en todo el mundo se ha incrementado constantemente en una tasa del 6.5% por año y la cantidad de ganancias generadas han crecido a una tasa del 11.2% por año y hasta el año 2020, se espera que estos parámetros continúen elevándose en una tasa del 4.1% y 6.5% por año respectivamente.

Los ingresos por estos tours de observación, en algunos casos, han  sumado  $15, 925,000 dólares. Se le agregó un 10% extra (estimación conservadora) a la suma de ingresos por la observación de flamencos o garzas, para tomar en cuenta a los observadores de aves no comprometidos que buscan otras especies de aves. El total general llegó a  $17, 517,000 dólares

Estrategia

El turismo de avistamiento de aves es un nicho de mercado atractivo y de gran potencial de crecimiento dentro del segmento del ecoturismo. Si bien su desarrollo representa un reto para Honduras, las condiciones naturales, el potencial humano y la avifauna, juegan un papel determinante a su favor.

Por ahora, nuestro país debe abandonar y superar una actividad improcedente que está en declive como la captura de aves silvestres que no ayuda a la conservación de las especies  y tampoco brinda un beneficio económico importante a las comunidades rurales. La observación de aves ya vale 54 veces más que la captura y es la alternativa económica y de conservación que las aves y Honduras  necesitan, porque el dinero “se desplaza por el cielo en forma de coloridas criaturas aladas”.

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