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En busca de opciones para evitar fuga de mano de obra

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Por: Luisa Agüero

En Honduras, la capacidad en términos de mano de obra ha venido decayendo y el panorama no es del todo claro. Actualmente, se conoce de  la pérdida de más de un millón 300 mil empleos de personas que emigraron de su país en busca de mejores oportunidades…Son los “desterrados económicos” que, con su “trabajo silencioso” este año generaron en 2014,  más de 500 millones de dólares en  divisas.

El proceso migratorio del destierro económico va “viento en popa” sin esperanza de que los mas pobres sean atendidos en sus requerimientos vitales. Y es que, de los 18 departamentos del país, 14 son expulsores de población. Por cierto, el mayor  receptor de población es Cortés, donde principalmente las mujeres, ven una oportunidad para mejorar su situación económica y las de sus familias.  Hacia el exterior, de cada 10 hondureños que salen, nueve son varones y una mujer. Además, estadísticamente se habla de que, cada 15 minutos, un compatriota está saliendo del país, en busca de hacer realidad el “Sueño Americano”.

Un problema severo, ocasionado por este movimiento, es que la población que migra  es la económicamente activa. Esto, a su vez, erosiona irremediablemente la estructura demográfica, donde los jóvenes en edad de trabajar se pierden.

“En las comunidades pobres queda solamente un poco de gente de la tercera edad y una gran cantidad de jóvenes que, estadísticamente, en el promedio nacional son el 53 por ciento, pero en esas zonas rurales  puede llegar a ser más del 60 por ciento por la pérdida de la otra población en edades intermedias”, señala el  Foro Social de Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (FOSDEH).

Prácticamente—agrega la entidad—“estamos teniendo hogares desintegrados porque salen el padre y la madre…los más jóvenes permanecen en  hogares desintegrados donde no hay programas claros de atención y,  por la vía de la educación,  es mentira que se va a llegar a ellos”.

La contribución de las remesas familiares, en los últimos tres años,  fue de US$700.0 millones, lo cual representa un 11 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y cubre el 44 por ciento de la brecha comercial. La importancia relativa de este rubro se ha incrementado significativamente durante los últimos años y, en la actualidad, constituye la principal fuente de generación de divisas sobrepasando los ingresos por la maquila y el turismo.

Un aspecto para tomar en cuenta es que, cada vez hay más hogares hondureños que dependen, en una mayor proporción, de las remesas y esa cifra, sin duda alguna, seguirá creciendo, manifiesta.

“Aquí se ve que  el principal tema de política exterior del gobierno, es buscar siempre que se amplíe la permanencia temporal de estos exilados económicos–el famoso TPS–, porque es la forma de garantizar que venga la gente y mantener esa  válvula de escape social para que no se llegue a niveles de ingobernabilidad”, dicen los analistas.

Triste realidad

La pobreza en Honduras se concentra principalmente en las zonas rurales, en donde aproximadamente ocho de cada diez hogares se encuentran sumidos en la pobreza o la indigencia. Considerando esta perspectiva, es lógico establecer que la economía rural predominantemente agrícola se haya convertido en la principal expulsora de población, principalmente de hombres y mujeres jóvenes, que se asientan en los principales centros urbanos del país.

Eventualmente, muchos de ellos deciden emigrar hacia el exterior, en la mayor parte de los casos hacia el Norte, en búsqueda de mejores opciones para sí mismos y sus familiares. En consecuencia, la movilidad humana está estrechamente vinculada a la incapacidad de la economía local de proveer el sustento, los servicios básicos y las oportunidades necesarias para el desarrollo de las capacidades de la población.

Sin duda alguna, la falta de oportunidades sigue siendo el principal  detonante para que, cada 15 minutos, un hondureño emigre, principalmente  hacia Estados Unidos, buscando salir de su situación de pobreza. El objetivo, por supuesto, es ayudar a sus familias.

No obstante, lo lamentable de esta realidad que nos toca vivir es que no todas las personas que dejan su país para “mejorar”, logran concretar el “Sueño Americano” y cuando retornan, si es que tienen esa suerte, lo hacen  sin perspectivas de lograr un trabajo.

Según el Foro Nacional para las Migraciones en Honduras, unos 24,000 compatriotas han sido deportados de Estados Unidos desde 1997. Estos  retornan sin posibilidades de lograr un trabajo, debido a la alta tasa de desempleo que prevalece en el país. Ante esta situación, se creo el Centro de Atención al Migrante Retornado (CAMR) con el fin de brindar a todas estas personas una posibilidad de asistencia y posterior reinserción en la sociedad.

Desde 1997 hasta la fecha,  el Gobierno de Estados Unidos ha deportado a más de 24,000 compatriotas; cifra que resulta  realmente alta para un  país como Honduras. Y aunque desde el año 2000 ha habido programas de asistencia para los retornados, la falta apertura continúa siendo el denominador común.

Tradicionalmente, los procesos migratorios tanto internos como externos en Honduras han estado estrechamente ligados, de una manera u otra, a la crítica situación de pobreza que afecta a un significativo porcentaje de la población hondureña, establece el FOSDEH, en un análisis al cual tuvimos acceso.

No obstante, es indudable que han existido situaciones que están acrecentando los flujos migratorios, para el caso los procesos de industrialización de algunas regiones del país que se reactivaron básicamente durante la década de los noventas o con el advenimiento de fenómenos naturales y sus consecuencias destructivas como el huracán Mitch en octubre de 1998.  Pero  la pobreza, la marginación social y la falta de perspectivas a futuro, sobre todo para la población joven, continúan siendo el motor determinante de las migraciones en nuestro país.

Cuantificar la cantidad de  pobres en Honduras se ha convertido en otro tema controversial. Por ejemplo, un documento gubernamental de Estrategia de Reducción a la Pobreza preparado por la administración del ex-Presidente Carlos Flores señala que, en 1999, un 65.9 por ciento de la población vivía por debajo de la Línea Nacional de Pobreza.

Mientras tanto, el documento de Estrategia de Combate a la Pobreza desde la Sociedad Civil, elaborado por INTERFOROS, establece que, al menos un 80.4 por ciento de hondureños no cuenta con los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades más elementales. Por lo tanto, tomando en cuenta esta última estimación de los niveles de pobreza en nuestro país, resulta evidente que, de los 7 millones de habitantes con que cuenta Honduras en la actualidad, al menos 5.6 millones viven en precarias condiciones.

¿Hacia dónde vamos?

 La única explicación, en medio de este desalentador panorama, es que el factor remesa realmente tiene una influencia muy importante en la economía nacional porque no se encuentran cambios significativos.

Pero lo  preocupante “es que hay un cambio de estructura productiva que se viene dando desde finales de los 80 con el surgimiento de las maquilas pero hemos perdido mucha capacidad de producción en el sector agropecuario que era un rubro muy importante en la generación de empleo, con una capacidad interna para abastecer el país de ciertos tipos de bienes vitales que gradualmente hemos ido suprimiendo  por exportaciones”.

¿Qué proponen para revertir esta tendencia? Se ha conformado una estructura social en el Valle de Sula que requiere propuestas donde los recursos y los  alivios de deuda, combinados con  capital fresco, inversión privada e inversión pública, puedan realmente montar procesos de cambio para que la pobreza no sea asistida temporalmente o coyunturalmente a través de programas de corte estrictamente políticos y partidarios.

La alternativa estaría fincada en poner en marcha  programas que produzcan esos cambios que la sociedad requiere. ¿Qué tipo de cambios? “Básicamente, en  generación de puestos de trabajo  y empleos de calidad que puedan  provocar un proceso sostenible de mejora en la calidad de vida del hondureño, sin duda alguna, así  tendremos reducción de pobreza”. En esa línea trabaja el actual presidente de la República Juan Orlando Hernández, a través de programas solidarios.

¿Ha fracasado la estrategia de reducción de la pobreza?  El problema, es que se persiste en arrastrar programas que ya se tenían definidos antes con los ajustes estructurales iniciándose y con los programas de compensación social. “Se mantiene una visión de compensación cuando debería ser otra la percepción y  es por ello que la sociedad civil se ha visto obligada a generar sus propias estrategias de combate a la crisis”, señaló el economista Darío Lagos.

El cambio de la estrategia de reducción de pobreza tomaba promedios estadísticos, para el caso, comparando una comunidad pobre en el sur de Lempira con una en similares condiciones, cercana a San Pedro Sula y eso no puede ser así, subraya.  ¿Por qué razón? “Los factores de pobreza son diferentes y, por lo tanto, requieren de respuestas distintas”.

Al no ser reconocida esa diferenciación, los diversos sectores se han visto obligados a generar sus propias propuestas. “Estamos tratando de llegar a un punto de unión entre la oferta que sale del promedio estadístico a una demanda concreta que es muy diferenciada. De esa forma, los recursos de alivio de deuda, los nuevos endeudamientos o las donaciones que vienen en nombre de la reducción de pobreza serán totalmente transparentes.

Tratados de la “igualdad”

Al evaluar el impacto de los tratados de libre comercio, las perspectivas no resultan tan halagadoras para los hondureños. “El TLC ha provocado  una presión mayor para el proceso migratorio porque no se analizaron los aspectos negativos que conlleva”, expresó Lagos.

¿En qué sentido? “Se han impulsado los factores positivos, pero se olvidó que hay grandes sectores han perdido porque han estado rezagados y, dentro de nuestra economía, tienen desigualdades o  asimetrías, así como Honduras las tiene con Estados Unidos, hay regiones del interior que enfrentan retrasos increíbles, principalmente los agropecuarios, además de las micro y pequeñas empresas que tecnológicamente no han sido asistidas y, por lo tanto, no pueden competir”, opina el experto.

Cuando uno se abre al mercado internacional y trata de competir frente a frente con un país que tiene una economía más fuerte, difícilmente, las condiciones serán favorables para nosotros, expresó el analista.

Y Lagos tiene razón al referirse a condiciones de desigualdad. Mientras el 70 por ciento de los hondureños, subsiste con menos de un dólar por día, los ganaderos norteamericanos reciben un subsidio de cuatro dólares en el mismo período.

“Nosotros aún no vemos claramente los programas que vayan a atender a sectores como el agro, no se busca subsidiarlos sino atenderlos para que puedan realmente tener un cambio, a través del cual puedan alcanzar un mejor nivel de posibilidades para competir”, enfatiza. Pese a todo, el gobierno autorizó el desembolso de 1,500 millones de lempiras para atender las necesidades de los productores.

¿Cuál es la meta? “Si  una determinada actividad  no tiene el espacio para llegar a competir frente al TLC, será determinante  ver como la trasladan  o  se le orienta  en  el camino para que pueda entrar en otra gestión que impacte positivamente en su forma de vida”, subraya.

Propuesta “decente”

Actualmente, se dice que el principal obstáculo para superar la pobreza es el factor educativo. No obstante,  saltar esa brecha  será un proceso a mediano y largo plazo, al menos para los hondureños. Mientras tanto… ¿Cómo subsistirán los sectores más débiles?, o, quienes ya están tratando de sobrevivir, podrán realmente hacerlo y mejorar su condición de vida.  En este punto, la incertidumbre prevalece.

Con respecto a la atención a la parte productiva, es poco o nada lo que puede esperarse, cuando se mira la asignación de recursos otorgados en nombre de la reducción de la pobreza.  Estos últimos,  han sido préstamos del Banco Mundial o del Banco Interamericano de Desarrollo que vienen, desde afuera, con programas ya pre definidos.

“Son malas copias de un programa que pudo haber funcionado en un contexto, pero las autoridades de turno  tratan de ponerlo en vigencia en otro  diferente. Desde esa perspectiva, lo que se va a obtener es un gasto de recursos sin cambios importantes y, lo peor de todo es que  se empecinan en continuarlos porque son marcos de condicionalidades presentes para lograr alivios de deuda”, agrega Lagos.

En Honduras, el 44 por ciento de los ingresos de los estratos más pobres, o de menores ingresos, va destinado, directamente al pago de impuestos, según el mismísimo Banco Mundial…aunque usted no lo crea, pero seguramente lo “sienta”.

Se ha preguntado ¿de donde salen los recursos que van a financiar la estrategia de reducción de pobreza? 

En la línea de deuda, este es un recurso que tuvo que ser captado directamente en el país vía impuestos y si los pobres están aportando el 44 por ciento de sus ingresos en tributos, significa que ellos están auto financiando cualquier programa, por lo cual  tienen derecho a demandar un cambio total en la estructura impositiva y que se les atienda en sus planteamientos con la debida transparencia, no que se les defina parámetros  allá “arriba” o desde “afuera”.

Para no desviarnos del tema, la problemática de las migraciones, evidencia la falta de una política integral, que parta desde lo local a lo nacional o del nivel micro a lo macro, para impulsar un verdadero proceso de desarrollo, que debe incluir el tratamiento del tema migratorio como uno de sus ejes fundamentales.

Sin embargo, es necesario que esta visión de política trascienda, a corto plazo, relacionada específicamente con el acceso a mano de obra barata utilizada principalmente por empresas maquiladoras, o por el aporte de las remesas al bienestar de las finanzas del país.

La crisis que vivimos nos obliga a prepararnos mejor para un mejor uso de las remesas que con mucho sacrificio envían a sus familiares los hondureños en el extranjero, incluso lograr las condiciones para que aquellos que retornan puedan vivir en condiciones más atractivas y acogedoras.

Hasta el momento, lo único cierto es que, mientras no existan políticas claras para darle respuesta a las necesidades de la población, los “destierros económicos” masivos seguirán imparables, haciendo de las “remesas”, el único alivio al cual podrá aspirar todo hondureño que tenga un familiar…”fuera de la frontera”.

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