Las artesanas del Tuno saben que unidas son más fuertes.

Redacción En Alta Voz

Fotos: Cortesía de Irina Bandé Donaire

UICN y www.visitanicaragua.com

Ni los fenómenos naturales que impactaron en parte de La Mosquitia hondureña en 2020, ni la pandemia de Coronavirus-Covid-19- que se ha cobrado miles de vidas en nuestro país, diezmaron la fuerza de un grupo de artesanas del Tuno [ó Tunu en misquito]. El ecléctico grupo trabaja desde la remota comunidad de Wampusirpe. A ese lugar, a orillas del río Patuca, se llega únicamente por avión o por agua, navegando a través del caudaloso afluente.

Las grandes distancias entre las comunidades son una limitante para comercializar productos desde la Mosquitia.

Desde ese recóndito destino perdido en la selva, las diestras manos de mujeres como Danna Amancio, le van dando forma a la corteza del árbol de Tuno. Esa es una tradición ancestral que hoy, las artesanas mantienen más viva que nunca y que han venido mejorando de generación en generación, para compartir con el resto de Honduras y con el mundo, delicadas y únicas piezas que reflejan su historia de abnegación, y de sacrificio. En la variedad está el gusto y es por eso por lo que las talentosas mujeres elaboran cuadros, centros de mesa, separadores de libros, bolsos y prendas de ropa, entre otras atractivas propuestas.

Esa tela ha sido históricamente usada por las comunidades indígenas Mayagna y “miskitu”, y forma parte de su cosmovisión y cultura. Se creía que el árbol de Tunu era protector, así que se usaba el lienzo extraído, como vestimenta o como sahumerio para quemar en incienso.

Paisajes idílicos cautivan al visitante en el sector del Patuca.

De esta manera, las comunidades indígenas se protegían de los malos espíritus, limpiaban sus casas de las malas energías y conseguían una larga vida. Actualmente tiene un uso mayormente artístico, a través de la confección de prendas diversas, en donde se plasman elementos de su cultura.

La Organización de Mujeres Artesanas Miskitas, Pacificadoras ó en dialecto misquito; “Miskita Mairin Nani Diara Papaskra Aslika Kupia Kumi”, a la cual pertenece Danna Amancio, opera con un promedio de 25 artistas más de diferentes edades. Todas, tienen el deseo de superarse para llevar recursos a sus hogares.

Este grupo integra la Organización de Mujeres Artesanas Miskitas Pacificadoras [Miskita Mairin Nani Diara Papaskra Aslika Kupia Kumi].

Visión a futuro

Si hay alguien que conoce la vida y el sacrificio de estas artesanas es Irina Bandé Donaire, consultora en Violencia de Género y Violencia contra la Mujeres. En una entrevista con el equipo de En Alta Voz, la también comunicadora de reconocida trayectoria nacional e internacional, expresó: “nosotros estamos interesados en trabajar con mujeres porque son las que mueven la economía, de hecho, hemos comenzado con un proyecto piloto para que ellas puedan ver los frutos de su esfuerzo”.

Irina Bandé Donaire, quien es parte de una Red Internacional, manifestó que ejecutaron un proyecto piloto, un ensayo para publicar los productos en Facebook y la respuesta fue muy buena. “Conseguimos personas que les compraron el producto, con lo cual les enseñamos que ellas sí podían sacar sus piezas de la Mosquitia a bajo costo y lo hicimos en un término de dos meses. Han tenido una alta producción de tuno y se logró promover a tal nivel, que este grupo ha sido seleccionado entre cinco grupos indígenas en México para exportar los productos hacia ese país”, explico Donaire.

Las emprendedoras mujeres le están apostando a la diversificación.

De 10 grupos que participaron a nivel regional para ser parte de esta iniciativa, quedaron cinco finalistas y las artesanas misquitas son parte de esto. “En este momento estamos haciéndoles la marca, tomando fotografías para hacer su respectivo catálogo de los productos, sacando la historia, en fin, realizando todo el proceso de legalización, para que ellas puedan vender dentro y fuera de Honduras y que la exportación sea una realidad”, dijo Donaire.

Al consultarle sobre el impacto del COVID en esas comunidades, considera que no fue tan drástico. “Internamente no les generó problemas tan grandes como lo hizo en otros lugares, pues tienen la ventaja que sus pobladores no están en zonas altamente contaminadas, aparte, tienen arraigado el aprendizaje de la homeopatía y han usado plantas medicinales para contrarrestar los efectos de la pandemia. La mayoría de las personas se quedaron en sus casas y se trataron de esa forma, con positivos resultados de recuperación”, señaló.  El mayor impacto para estas personas fue económico.

Un poco de historia

El Tuno o Tunu es una tela que proviene de la corteza del árbol de hule y se encuentra principalmente en la zona del Caribe Norte en Nicaragua y en la Mosquitia en Honduras. En otros tiempos se usaba como cobija y un vestuario llamado cualuntra para las mujeres y palhpura para los hombres.  

Según una historia compartida con nosotros por las propias artesanas, fue mediante la Iglesia Evangélica Morava, cuando llegó desde Carolina del Norte, Pennsylvania, al municipio de Wampusirpe para predicar el evangelio, una pareja llamada Warman y Marieta, y así comenzó a escribirse la historia de las atractivas prendas.

Cada pieza artística es única.

Estas fueron las primeras personas que vieron las necesidades de los pobladores y buscaron recursos de la zona que fueran vendibles. De esa forma, fue por medio de las investigaciones que encontraron la materia prima del Tuno. Allí comenzó la capacitación para elaborar las artesanías con diferentes diseños como alfombras, tapices, chalecos, tapetes, sombreros, y zapatos solo para caminar en los cuartos.

Ellos mismos compraban y llevaban para Estados Unidos los productos y los revendían. Así fueron cambiando el panorama para reducir la pobreza e ir mejorando la vida familiar de los miskitos. Para los hombres miskitos, de ese mismo árbol de leche de tuno le vendían a una compañía de madera y con el recurso obtenido compraban lo que necesitaban para satisfacer sus necesidades familiares y hacían sus casas, relataron las integrantes del grupo.

Al terminar el contrato con Warman y Marieta, llegaron Ronaldo Preston y su esposa Ana Patricia, quienes le dieron seguimiento a la venta de la artesanía. También compraron herramientas y maquinarias y al finalizar su estancia ese equipo se dejó en mano del programa ACNUR y WARLIP. Posteriormente, Mosquitia para la Desarrollo MOPAWI le dio continuidad a la iniciativa en el Área de Capacitación. Se logró un nuevo diseño para las artesanías y hubo intercambio de capacitaciones para el fortalecimiento organizativo, pero, además, se crearon fuentes de ingreso en el área de comercialización con recursos de Holanda e Inglaterra de la mano de Manu Hults y su esposa Gilde Van Hults que promovieron la venta de cacao.

Esa era una organización prioritariamente para el desarrollo del municipio dentro de ese territorio. Aquí las mujeres trabajaban individualmente pero hoy se organizaron con su propia acta constitutiva en la búsqueda de proyectos nacionales e internacionales para beneficiar y dar educación a sus hijos en el nivel primario, secundario, y darles la posibilidad de una carrera universitaria. “La perspectiva es cambiar la vida familiar de las mujeres, 80 por ciento son madres solas, 20 por ciento son casadas y hay mujeres que viven dentro de una casa hasta con hasta 2 a 4 familias pues no tienen apoyo al vivir solas”, expresaron.

Las piezas elaboradas por las emprendedoras misquitas llegarán a nuevos mercados.

El proceso del Tuno

El Tawahka Tuno (Castilla tuno) es de la familia Morácea, propio de la Moskitia. Es un árbol cuya cualidad es que mantiene el equilibrio de la biósfera, porque retoña y el crecimiento es rápido. Crece en la selva tropical de la Reserva del Río Plátano y su corteza se extrae, se golpea y es secada para luego convertirla en la tela que han usado ancestralmente.

Una vez que se extrae la corteza, se prepara una tira de tres pulgadas con machete. Seguidamente, de unas brazadas se pela con un palo y se saca la concha que tiene dos capas, después la parte blanca se utiliza. La otra se puede usar para echar granos, pero esa tradición la han perdido porque ahora usan sacos.

La capa blanca del tuno se deja en una tina llena de agua toda la noche. Luego se raspa una leche que segregan. Eso se limpia y después se seca durante un día en el sol, el siguiente paso es mojarlo otra vez en aguas, y después en un trozo de palo llamado tunduza.  Con un mazo de palo llamado cahka lo aporrean hasta que salga el corte de Tuno. Al culminar ese proceso se lava con limón y lo secan. Finalmente lo estiran con plancha de carbón y lo cortan en los cuadros que necesitan para elaborar bolsos, separadores de libros, cuadros, etc. El Tuno blanco también conocido como giguero se utiliza para aplicar los tintes de colores.

La pobreza

La lejanía y las dificultades para acceder a Gracias a Dios hacen, desde la perspectiva oficial, que el desarrollo en ese departamento sea más lento con relación al resto del país, lo cual se refleja en los indicadores de salud, educación, empleo y productividad.

Aquí, si bien es cierto el Índice de Desarrollo Humano es de 0.635, el Índice de Pobreza Humana es del 53 por ciento. De hecho, en el área, únicamente el 40 por ciento de los pobladores disponen de agua y energía eléctrica. A esto debe añadirse la carencia de infraestructura básica como calles pavimentadas y alcantarillado.

La versatilidad de estas artistas es ilimitada.

No obstante, para la consultora de Género y Violencia contra las Mujeres, la Mosquitia no es pobre, aunque la quieran presentar así desde la óptica de cánones anglosajones. “Estos vienen con todos esos estándares de medición de pobreza en donde claro, van a una comunidad indígena y todos son miserables porque no tienen letrina, o baño, yo lo veo de manera diferente porque en ciudades como Tegucigalpa o San Pedro Sula si una persona no tiene con qué, no come, pero en la Mosquitia la gente siembra arroz, frijoles, van a pescar, siempre hay que comer”, señaló la consultora.

Sin embargo, dijo, “no vamos a negar que hay comunidades en la indigencia, pero no todo es así”. Lo cierto es que, en la medida que, Gracias a Dios, siga siendo visto como un departamento altamente miserable, en esa medida se sustentará el argumento técnico para depredar el ambiente, que es lo que están haciendo ahora con esa “narco carretera” y han entrado a zonas protegidas que son patrimonio de la humanidad, lamentó Irina Bandé.

“Lo que han enseñado estos políticos corruptos y delincuentes narcos a la población misquita es a vivir de la mendicidad, por ejemplo, cuando entregan esos bonos en vez de enseñarles a trabajar, es importante cambiar ese chip del asistencialismo porque lo que han aprendido es que ser pobre es de Dios y que hay que vivir de limosnas y eso no es así”, opina.

Multicolores piezas son trabajadas a mano para luego ser colocadas en cada prenda de Tuno.

Actualmente las mujeres en Wampusirpe, por ejemplo, no sólo viven del Tuno, tienen un comedor para generarse ingresos adicionales, también cultivan cacao, granos básicos o pescan. “Tienen la producción de aceite de coco que se ha reducido porque con las tormentas Eta e Iota perdieron la fruta, por lo cual están en proceso de recuperación. La producción de batana, que perdió popularidad, también ha sido una actividad muy importante en ese sector pues es una excelente materia prima.  Otras opciones de productos que no los venden en otras partes son el pan de yuca y el de arroz, una verdadera exquisitez. “Todo eso tiene potencial exportable”, puntualiza.

El arte del Tuno es parte de una tradición ancestral en la Mosquitia.

Estas artesanas recuerdan a sus familias trabajando en equipo para producir una pieza de Tuno. Al vivir rodeadas de eso, se mantienen interesadas por seguir la tradición y explorar su creatividad con excelentes resultados. Y así, ellas continuarán con el legado…Los primeros acercamientos con esta actividad han sido muy especiales para estas artistas, que sienten una íntima conexión con su historia indígena. Es una expresión de arte que se está rescatando como patrimonio cultural de nuestra región y que prevalecerá por siempre.

Esta publicación fue realizada con el apoyo del Fondo de Respuesta Rápida para América Latina y el Caribe organizado por Internews, Chicas Poderosas, Consejo de Redacción y Fundamedios. Los contenidos de los trabajos periodísticos que aquí se publican son responsabilidad exclusiva de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de las organizaciones.

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