Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado.

Deuteronomio 28:12b

Quiero hacerte una pregunta en este día. Considera bien tu respuesta. ¿Te meterías voluntariamente a la cárcel? ¿Entrarías por tu propia voluntad a una celda y le pedirías al carcelero que cerrara la puerta detrás de ti? ¿Le entregarías a otro el poder sobre tu vida?

¡Ninguno de nosotros haría una cosa tan descabellada! Sin embargo, muchos lo han hecho. Posiblemente tú, que estás leyendo este artículo, te encuentras en esta prisión, una prisión invisible. ¿A qué prisión me refiero? Me refiero a la prisión de la deuda.

El día 2 de enero conversábamos con un grupo de compañeros de trabajo, de cómo los nuevos matrimonios desean tener todo (en el sentido figurado) antes de casarse, desean tener todo lo que a sus padres le ha tomado hasta veinte años tener, ellos lo quieren tener en poco tiempo y para poder lograrlo muchas veces se meten en grandes deudas que a la larga es el principal factor de divorcios, hoy en día.

En este artículo quiero que veamos un aspecto de la vida de bendición que Dios desea que llevemos. Se trata de la libertad de las deudas.

La deuda nunca ha sido parte del plan de bendición que Dios tiene para su pueblo. Leamos en Deuteronomio 28:1 y 12:

Acontecerá que, si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán. Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado.

 Este pasaje detalla las bendiciones que Dios prometió a su pueblo de Israel si ellos obedecieran las condiciones de su pacto. La obediencia a la voluntad de Dios siempre es una fuente de bendición.

Entre muchas otras bendiciones, observemos lo que nos dice el versículo 12. Si el pueblo vivía en obediencia, Dios los bendeciría de tal modo que ellos podrían prestar e invertir en otras tierras, pero no se endeudarían con nadie. Serían libres para vivir y servir a Dios.

Mi convicción es que Dios todavía desea lo mismo para su pueblo. Él quiere que vivamos en libertad, sin cadenas de deudas que nos limiten. ¿Serán tan malas las deudas? Vivimos en un país donde las tarjetas de crédito, las facilidades de pago y el endeudamiento son un estilo de vida. ¿Qué dice la Biblia al respecto? Consideremos tres desventajas de la deuda.

Mira lo que dice Proverbios 22:7: “El rico se enseñorea de los pobres, Y el que toma prestado es siervo del que presta. “ La primera desventaja de la deuda es que te convierte en esclavo. “Los deudores son esclavos de sus acreedores”, dice la segunda mitad del versículo. Cuando te endeudas, le das a otra persona el control sobre tu futuro. Te conviertes en su esclavo, porque moralmente y legalmente estás bajo la obligación de pagarle.

Es muy fácil endeudarse, y muy difícil salir de las deudas. En esto, la deuda se parece al pecado; te da placer al principio, pero te sigue cobrando mucho después de que el placer se haya terminado. ¡No cometas el error de fijarte en el pago mensual, en lugar de la cantidad total y los intereses!

Este es el truco favorito de los vendedores de carros. Cuando un comprador entra a la agencia, una de las primeras preguntas que se le hace es: ¿Cuánto pensaba usted pagar al mes? Si el vendedor puede lograr que te fijes en el pago mensual, puede hacerte trampa con los números, cobrarte intereses altos, darte un precio elevado en el vehículo y todavía lograr que los pagos mensuales sean lo que tú habías dicho. Te pueden esclavizar.

La segunda desventaja de las deudas es que esclavizan y pueden dañar a tu familia. Hace un par de meses, en el grupo en hogar se trató de la historia de Eliseo y la viuda. ¿Se acuerdan de la historia? La viuda de uno de los profetas se había quedado con muchas deudas, y ella y sus hijos se encontraban amenazados con ser vendidos como esclavos para saldar la deuda.

Ella le contó su problema a Eliseo, y Dios hizo un milagro; le dio a la señora una cantidad milagrosa de aceite, que ella pudo vender para pagar lo que debía. En este caso, Dios hizo un milagro. Pero ¡fíjense en el problema que causaron las deudas que dejó el difunto para su esposa! Ella y sus hijos quedaron perjudicados por la deuda.

De la misma manera, la deuda perjudica a tu familia. Una de las causas principales del divorcio son las presiones económicas, y principales entre ellas están las deudas. Las deudas causan fricción entre las parejas, y también pueden tomar recursos que podrían haber beneficiado a los hijos. Qué triste sería tener que decirles a tus hijos: No puedo ayudarte con tu educación, porque tengo muchas deudas.

Las deudas te esclavizan y afectan a tu familia. La tercera desventaja de las deudas es que pueden afectar tu relación con Dios. Observa lo que dice Santiago 4:13-15:

¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.

Las deudas fácilmente se convierten en una forma de presunción.

Observa cómo piensan muchas personas. Dicen: “Gano Lps. 10.000 al mes. Tengo el pago del carro, que son Lps. 3000. Tengo el pago de la casa, que son Lps. 4000. ¡Todavía me quedan Lps 3000! Puedo comprar este juego de muebles, porque sólo son Lps. 1000 al mes.” ¿Te das cuenta de la presunción? ¿Cómo sabes que vas a seguir ganando Lps 10.000 al mes? ¿Cómo sabes que no te vas a enfermar, o tener alguna emergencia familiar? ¡Estás presumiendo sobre la voluntad de Dios!

Y entonces, cuando se presenta una emergencia, te encuentras ahogado en deudas. No te alcanza el dinero para enfrentar la situación, y todavía te quejas con Dios. ¡Hay un camino mucho mejor! Dios quiere ayudarte a salir de esa prisión.

Antes de hablar de esto, surge la pregunta: ¿habrá deudas aceptables? Creo que sí – para comprar una casa, para construir un negocio, quizás para comprar un vehículo. En estos casos, la compra representa algo bueno, que nunca podríamos lograr sin sacar un préstamo. También son casos en los que el préstamo tiene una garantía. Aun así, es necesario calcular con cuidado si podremos pagar fácilmente la deuda.

Pero hablemos ahora de la libertad que Dios desea para nosotros. Muchos de ustedes quisieran saber: ¿cómo puedo ser libre de las deudas? No hay ningún secreto mágico; pero si tú eres fiel en aplicar los principios bíblicos a tus finanzas, y sinceramente te comprometes en hacer lo que Dios quiere que hagas con el dinero, Él se mostrará fiel. Esto se ha visto en innumerables casos.

La primera cosa que es necesario hacer, si quieres alcanzar la libertad de las deudas, es reconocer que hay que pagarlas. Observa lo que dice el Salmo 37:21: “El impío toma prestado, y no paga; Mas el justo tiene misericordia, y da.” ¿Quiénes son los que piden prestado, y nunca pagan? La Biblia lo dice muy claramente: son los malvados. Dios no bendice a los malvados.

Dicho esto, si te encuentras con deudas que no puedes pagar, no está mal hablar con tus acreedores y pedirles un descuento, o que te ajusten los pagos. Si un acreedor voluntariamente rebaja la deuda, no está mal. Lo que está mal es pedir prestado, y nunca pagar. Dios no te bendecirá hasta que decidas que vas a responder por tus deudas.

Para esto, también se necesita honestidad personal y como pareja. La deuda se puede parecer al monstruo que usan los padres para espantar a sus hijos; uno nunca lo quiere ver. Para poder llegar a la libertad de la deuda, hay que sentarse y enfrentar la situación con honestidad, haciendo una lista de las deudas que hay.

Se cuenta la historia de un hombre que llamó a la policía para reportar que todas las tarjetas de crédito de su esposa habían sido robadas. “Pero no busquen mucho al ladrón”, les dijo, “porque él está gastando mucho menos con las tarjetas que mi esposa”. ¡Esa pareja tenía un serio problema! En lugar de unirse para reducir las deudas y vivir en bendición, tiraban en direcciones opuestas.

La segunda cosa que tenemos que hacer es dejar de cavar más hondo el hoyo. Decide ya que no vas a asumir más deudas. La deuda puede ser adictiva, y es necesario dejar de meterse más. Quizás tengas que cancelar tus tarjetas de crédito y pagar todas tus compras en efectivo. Quizás tengas que esperar para comprar el carro nuevo que quieres. De todos modos, deja de endeudarte más.

En tercer lugar, empieza con una deuda y decídete a pagarla. No dejes de hacer los pagos mínimos en tus demás deudas, pero escoge la deuda más pequeña que tengas y decide cómo la vas a pagar. ¿Por qué la más pequeña? Simplemente porque te sentirás muy bien cuando la pagues, y esto te motivará a seguir reduciendo tus deudas.

Quizás sea una deuda de Lps. 100.00 que le debes a un amigo. No importa; págalo, y te sentirás muy bien. Eso te motivará y podrás entonces escoger la siguiente deuda, y pagarla lo más rápido posible. Te sorprenderás cómo se van acabando tus deudas, y cómo te vas sintiendo cada vez más libre.

Nosotros teníamos una deuda que nunca íbamos a poder pagar. Colosenses 2:13b-14 la describe: “os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”.

La deuda de pecado que teníamos con Dios era tan inmensa que jamás la podríamos pagar. Pero en ese momento de mayor desesperación para nosotros, Jesús vino a pagar esa deuda. Si tú lo has aceptado como Señor y Salvador, conoces el gozo y la paz que trae esa libertad.

¡Dios quiere que vivas en esa misma libertad en tus finanzas también! Él te ayudará. Si tú empiezas a poner en práctica los principios que Él te muestra en su Palabra para manejar tus finanzas, descubrirás que El mismo te ayuda de formas pequeñas y grandes. Estará a tu lado para ayudarte.

Ya fue suficiente el tiempo que dejamos que las deudas nos robaran la alegría, nos impidieran en ayudar a otros y afectaran a nuestras familias. Empecemos hoy a caminar hacia la libertad que Dios quiere para nosotros. Salgamos de esa prisión invisible a la gloriosa libertad que Dios desea para sus hijos.

Dios les bendiga

 
Denis A. Urbina Romero
Licenciado en Ministerio Pastoral
Email: daurbinar@gmail.com

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