LUISA AGÜERO

Desde SAN PEDRO SULA

Subo y bajo el interruptor de la luz. Lo vuelvo a encender y apagar hasta cinco veces o más…y así tantas veces cuanto sea necesario…Puede parecerle una locura, pero me resulta difícil detenerme porque nunca llego a estar completamente segura que los aparatos están desconectados.

Esta es la explicación que Martha Virginia G., un ama de casa sampedrana, brinda para justificar ese comportamiento “inestable” que mantiene a su esposo Víctor G., con los “pelos de punta”.  “Cada vez que salgo, me invade la intranquilidad por las consecuencias que podría generar mi descuido si no apagué las cosas”, se lamenta.

Lo cierto es que los “inseguros”, como Martha, temen tanto por todo, que prefieren asomar la “nariz” a la puerta, solo si es necesario. “Yo mejor me quedaría en mi casa todo el tiempo”, dice con cierta “vergüenza”.

A las personas que ejecutan actos repetitivos, carentes de sentido y claramente excesivos, se les conoce popularmente como “maniáticas”, aunque psicológicamente se les denomina “obsesivo compulsivas”. “Ellas se comportan así para reducir la ansiedad que les ocasiona su obsesión”, manifestó el doctor Jaime Ponce, durante una entrevista que nos brindò.  La ansiedad es el sentimiento que predomina en personas como la protagonista de nuestra historia. “Muchos de nosotros nos preocupamos tanto por actividades en nuestra vida diaria que podemos parecer obsesivo compulsivos”, explica el doctor Ponce.

¿Qué hacer?

Verificar si antes de salir hacia el aeropuerto, llevamos el pasaje y el pasaporte, volver a realizar la misma acción durante el trayecto y repetirlo de nuevo en la terminal es sólo un ejemplo de estas situaciones que ya se han vuelto “el pan nuestro de cada día”.!Nos surgen las dudas cuando lo tenemos todo en orden!.

Sin embargo, este trastorno va mucho más allá de este ejemplo. Lo que marca la diferencia es, justamente, cuando la conducta se transforma en excesiva. Mientras la repetida verificación de los documentos, en la ruta hacia el aeropuerto, puede considerarse aceptable, la acción de lavarse las manos más de 80 veces diarias resulta, obviamente, una obsesión por la higiene, al temer contagiarse por tocar cualquier objeto. ¡Lo más seguro es no correr riesgos!

La compulsión es una fuerza interior que domina el pensamiento y la actividad de una persona en contra de su voluntad. Este comportamiento patológico se divide, básicamente, en actos observables y en rituales del pensamiento.

El doctor Ponce explica que, entre los actos observables, destacan la comprobación y la limpieza excesiva. “Hay quienes, por citar un ejemplo, verifican muchas veces si cerraron la llave del gas o el grifo del agua antes de salir de su casa. No obstante, lo hacen una y otra vez, con la certeza que lo comprobaron hace un minuto y son capaces de regresar nuevamente cuando están en la calle para asegurarse que las cosas quedaron bien”, manifestó el especialista.

Martha se justifica de manera simple. “Cuando no estoy en la casa, las dudas pueden asaltarme, pero le diría que, por lo menos yo, tengo alma de filósofo…el año pasado salí para Estados Unidos con mi familia y, al día siguiente, los ladrones arrasaron con las cosas mías, de mi marido y de mis hijos…es justo que extreme precauciones”, se defiende. ¿Por qué tiene alma de filósofo? “La duda no es un estado agradable, pero la certeza es un estado ridículo”, dice plenamente convencida.

Más rituales

Una peculiar característica de las compulsiones mentales incluye la repetición de oraciones o acciones para prevenir supuestas “desgracias”. Cada día, estos maniáticos, realizan determinados gestos, entre ellos tocar un objeto o una fotografía de un ser querido. El objetivo es específico: protegerse a sí mismos o proteger a quienes los rodean, de cualquier tragedia.

“Si no cumplen con ese rito, o no se preocupan lo suficiente, se considerarán culpables si alguna vez ocurriera la desgracia que temen. Desde esa perspectiva, eso también les sirve a los maniáticos para neutralizar la ansiedad que sienten ante sus compulsiones”, manifiesta.

Lo preocupante de los adictos al rito es que, cada vez, crecen más el número de acciones supersticiosas, con lo cual terminan complicándose la vida. Para el caso, “Hilda”, una estudiante de Contaduría Pública, evita caminar cerca de la línea de las baldosas de las aceras y siempre que va a examen, se “toca” la oreja para que la vaya bien. ¿Y cuando ha reprobado culpa a su oreja?, le preguntamos. Ella sonríe y hace una pausa antes de contestar. “Creáme o no, eso lo hacía mi abuelita y yo he seguido la tradición…la verdad es que nunca repetí clases en la universidad”, expresa la joven de 22 años.

Otros van más allá. Mario, un maestro de primaria de 26 años, siempre se levanta con el “pie de derecho” y su hermano Claudio, se “rasca” cinco veces una verruga que tiene en el abdomen para ahuyentar a los cobradores. “No deja de aparecer alguno, a las cansadas, pero a mi hermano nunca lo agarran”, comentó.

Algunas teorías

El orden y la simetría también constituyen características de los maniáticos. Se asean, se visten y lo hacen todo, siempre de igual manera, con la minuciosidad de un funcionario de Aduanas. Y si esto le parece poco, vuelven a colocar objetos que estaban perfectamente ordenados, en el mismo sitio. Esa, es su manera de “reasegurar” el equilibrio emocional porque les resulta más económico que acudir a un terapeuta.

Algunas teorías sostienen que la predisposición a este tipo de comportamientos tiene origen genético, educacional o debido al estrés, que se apunta como causa desencadenante. Padres estrictos que han enfatizado en el control de la ira o de la hostilidad de sus hijos e interactuar con adultos fanáticos que adoptaron posiciones rígidas y autoritarias forman parte de esta cadena sin fin.  De esta forma, aquellas personas vulnerables que han vivido situaciones de presión, podrían buscar en la conducta obsesivo compulsiva, una salida a sus conflictos, aunque estos no tengan nada que ver con el origen de los mismos.

Pero entre tanta teoría compleja, siempre es importante recordar aquella Ley de Harvard que decía, “aún en las condiciones rigurosamente controladas, el organismo humano actuará siempre como le de la gana”.

VA EN CUADRO

¿Cómo combatir las manías?

Si su caso es leve, la tendencia a repetir ciertas costumbres no tiene ninguna utilidad, ni justificación, salvo mitigar la ansiedad que se siente ante posibles desgracias, pero no protege de éstas. Es importante autoanalizarse y desconfiar de los rituales….”Por muy flaco que esté el león, nunca lo llame gato”. No obstante, si esto interfiere seriamente con su vida, enfréntese gradualmente a las situaciones que lo obsesionan y, sin demora, busque terapia profesional.

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