Elsa de Ramírez

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Desde que desapareció físicamente el recordado periodista don Conrado Henríquez Flores, muy pocos capitalinos se han ocupado de exaltar las bellezas de algunos municipios adyacentes a la capital, por mandato supremo y para deleite de toda la hondureñidad y personas que nos visitan de otros lugares; existen parajes maravillosos de extraordinaria belleza que merecen ser conocidos y admirados por todos nuestros compatriotas.

En efecto, en reciente viaje al hospitalario y encantador municipio de Cantarranas, hoy por hoy luciendo sus mejores galas artísticas, tuvimos la oportunidad de aprovechar el viaje para disfrutar, también, de las delicias naturales y arquitectónicas que durante los últimos cincuenta años lucen airosas y relucientes en San Juancito, donde hay que resaltar el modernismo y extraordinario paisaje de uno de los hoteles más originales de la región, hotel de montaña que constituye todo un monumento a la arquitectura moderna y que invita por todas las comodidades y bellezas físicas de que goza, para pasar una temporada de vacaciones o simplemente un día de placer. Este hotel-cabañas Ros es una de las principales atracciones de la ruta de ensueño que el viajero disfruta en toda su plenitud.

Luego el vehículo que nos transportaba se condujo precisamente hasta Cantarranas, primoroso rincón del departamento de Francisco Morazán, que nos sorprendió con la originalidad de su estructura física, en la cual los más célebres pintores del país han plasmado su talento en las paredes de la ciudad, sorprendiéndonos con imágenes como la de Juan Ramón Molina, Lucila Gamero de Medina, Froylán Turcios, Alfonso Guillén Zelaya, Pompeyo del Valle, Clementina Suárez, Berta Cáceres, Julio Escoto y otras prominentes figuras de la intelectualidad hondureña, que han marcado historia por sus ejecutorias a su paso por la vida, sin faltar por supuesto la imagen del gran paladín de la unión centroamericana General Francisco Morazán y la del indómito primer defensor de la soberanía nacional, cacique Lempira; pero, también encontrará paisajes de las regiones sur, norte, occidente y toda una gama de atracciones que invitan a la reflexión patriótica y a saborear la auténtica identidad nacional de que somos dueños.

Después de San Juancito y Cantarranas visitamos el floreciente y turístico municipio de Valle de Ángeles en que la gastronomía y artesanía catrachas juegan un papel determinante para considerar a este sitio como uno de los polos de mayor atracción turística en los alrededores de Tegucigalpa.

La presencia del más antiguo hospedaje en el valle, es propiedad del conocido empresario Ciro Peña, quien trabajó en el Ministerio de Cultura y Turismo hace alrededor de cuarenta años y ahí aprendió el arte y la ciencia de cultivar el turismo, por lo que ahora, una de sus hijas, Lourdes, regentea el bellísimo hotel Posada del Ángel en donde disfrutamos del más amable recibimiento y posteriormente de un suculento almuerzo.

Esa es parte de la ruta de ensueño que tuvimos la oportunidad de visitar recientemente, sin embargo, por el lado sur de la capital encontrará usted también parajes tan bellos como Santa Ana, Ojojona, San Buenaventura, Armenia y lugares circunvecinos donde el paisaje es diferente, por lo que, como dicen por ahí, ¡en la variedad está el gusto! ya que por esa zona uno de los panoramas más atractivos lo constituye la presencia de los molinos de viento que producen energía eléctrica, conocido como parque eólico.

Siempre en la jurisdicción de Francisco Morazán y muy cerca de Tegucigalpa existen otros sitios con paisajes de ensueño como Cedros, por ejemplo, dicho sea de paso, sede de la primera Asamblea Nacional Constituyente de Honduras en 1824 y cuna del insigne tribuno centroamericano Álvaro Contreras. Muy cerca está también Minas de Oro, Orica, San Ignacio, Talanga, Guaimaca y otros de similar belleza.

En esta crónica no podemos dejar por fuera lugares como San Antonio de Oriente, El Zamorano, Güinope, Tatumbla y otros que también llaman a conocer y gozar plenamente no solo del paisaje encantador que nos invita a respirar el oxígeno o aire puro de sus bosques, sino de la variedad de su producción artística y comidas criollas de la más alta calidad.

Este gozo espiritual se comienza a vivir desde que penetramos a la aldea de El Chimbo, entrando a Santa Lucía y de ahí rumbo a lo antes descrito.

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