Mario Hernán Ramírez

Comenzaremos aceptando en toda su dimensión, la definición académica de la palabra cultura, para que nuestros lectores se formen una idea de lo que después apuntaremos en este comentario.

Al respecto la máxima institución mundial de carácter formativo – RAE – expresa lo siguiente: Cultura: “Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. … Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”

Ya los griegos y los egipcios nos legaron enormes ejemplos de lo que hace miles de años ellos vienen practicando en aras de la imaginación de que es capaz el hombre y la mujer, cuando desde niño le enseñan a amar a su país.

Aquí, lamentablemente, hay que decirlo, sin ambages ni titubeos, estamos perdiendo todo lo hermoso y grande que en materia cultural habíamos alcanzado gracias a lo que los hombres de antaño consagrados a esta materia, nos dejaron para la historia.

Lo anterior viene a relación con un deleznable y bochornoso suceso que nos coloca una vez más frente a los ojos del mundo, como un país de escasos conocimientos y muy poco amor de sus habitantes hacia lo que se puede definir de una sola vez como la pérdida de la Identidad Nacional, cuyo contenido encierra todo, absolutamente todo, lo que los hondureños poseemos como nación.

Resulta que hace pocos días, fuimos sorprendidos con la abominable noticia de que el monumento a Juan Ramón Molina, erigido en 1958, con motivo del cincuentenario de su fallecimiento por personas con auténtica vocación hondureñista, pensando solamente en lo grande que se pueda hacer por nuestra querida Honduras, levantaron este homenaje  al más preclaro varón de la literatura nacional, el eximio Juan Ramón Molina; hoy sometido a la más brutal ofensa a su memoria, que definitivamente merece el repudio de la inmensa mayoría de compatriotas que saben a ciencia cierta quién fue este egregio varón de nuestra cultura. Horrible, espantoso y vergonzoso el ensañamiento que los vándalos hicieron para cometer su fechoría, al arrancar de su pedestal el busto en mármol que fue colocado en el Cementerio General de Comayagüela, acto que estamos repudiando desde lo más íntimo de nuestro bagaje molinense.

Hace unos cuatro años, viajamos a la ciudad de León, Nicaragua, para asistir a un Simposio Dariano, rememorando así la gigantesca obra de aquél genio centroamericano que se llamó Rubén Darío. Lo más impresionante de este viaje fue visitar la hermosa Catedral de esa ciudad heroica y contemplar en toda su magnitud, el esplendor, la belleza y el profundo amor que los nicaragüenses guardan por su gran Darío; este tributo a perpetuidad, de reconocimiento que Darío le impulsó a Nicaragua,  es venerado y admirado por propios y extraños al pie del santuario mayor de la principal iglesia católica del vecino país, sus restos mortales descansan en una urna construida de mármol de carrara, lujosamente confeccionada por manos prodigiosas que encumbraron así, mucho más, la presencia de este hombre predestinado que tanto prestigio le ha dado al continente americano.

Entonces, llegamos a la conclusión de que existe una abismal diferencia entre Nicaragua y Honduras en este campo, en el que sí existe un auténtico amor a sus próceres en las diferentes áreas del quehacer humano.

Pero, no todo está perdido, algunos miembros del llamado Círculo-Histórico Cultural Hondureño Juan Ramón Molina, inmediatamente que fueron comunicados del desastre acontecido en el Cementerio General, encendieron sus luces y comenzaron a contactar a sus diferentes embajadores culturales, diseminados por diferentes partes del planeta.

Los primeros en responder fueron el connotado artista Johnny McDonald, hombre genial al cien por ciento, que desde ese momento ha puesto a prueba toda su entrega y reconocimiento al talento inigualable del gran Juan Ramón, a tal extremo que se comprometió a restaurar en el menor tiempo posible el daño causado al  artístico busto de Molina, y no solo eso, sino que contactó inmediatamente a su buen amigo, abogado Áfrico Madrid, ex ministro de Gobernación, quien de inmediato respondió positivamente, informando que él correría con los gastos que este trabajo significará para su restauración. Nuestros contactos internacionales, los embajadores de la cultura Juan de Dios Gutiérrez y Aguilera y Ángel Rafael Lanza Reyes, respondieron inmediatamente y prometieron enviar el dinero necesario para contribuir también al desagravio de este brutal atropello al símbolo de la intelectual catracha.

Los miembros del círculo molinense se reunieron el recién pasado miércoles, habiendo asistido entre otros el escritor y filósofo Segisfredo Infante; abogado e historiador Froylán Ochoa Alcántara; licenciada en periodismo Gloria Ludivina Díaz; escultor Alexis Castillo, la también licenciada en comunicación social Elsa de Ramírez y quien suscribe, para con sus ideas agilizar esta actividad que debe ser preocupación, no solo de quienes están afiliados al círculo molinense, sino también, a las autoridades municipales del Instituto  Antropología e Historia y la propia Dirección General de Cultura.

En la lluvia de ideas que se formularon el día señalado, se plantearon asuntos de muchísima importancia, los cuales, Dios mediante, con la ayuda monetaria prometida por los hondureños arriba mencionados, se llevará a feliz término, pues en el proyecto involucraremos, incluso, a la máxima casa de estudios de Honduras UNAH.

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2 Comentarios

  1. Excelente artículo de uno de los 13 Locos del Guanacaste el Ícono de los medios de comunicación nacionales e internacionales de Honduras don MARIO HERNÁN RAMÍREZ, Presidente Vitalicio del Círculo Histórico-Cultural Juan Ramón Molina; lamentablemente el que escribe no pudo asistir a la Sesión de la Junta Directiva del por motivos de fuerza mayor.

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