Por: SEGISFREDO INFANTE

Detrás de la inflación que ahora mismo se experimenta en los Estados Unidos de Norteamérica, inciden varios factores. Uno de ellos, del cual se ha hablado muy poco, es el que tiene que ver con la cadena internacional de suministros. Esa cadena se extiende hacia el este sobre el Atlántico pero, sobre todo, hacia el oeste sobre el tempestuoso mar Pacífico, que converge en el territorio de la poderosa nación del norte. El problema lleva varios años. Sin embargo, hasta ahora pareciera haber comenzado a reventar el grano de una mala cosecha de lo que en algún momento se bautizó como “guerra de aranceles” entre dos socios poderosos: Estados Unidos y China Popular. Problemática que fue gestada (por los desreguladores sin fronteras archiconocidos) cuando se endiosó el mercado mundial; pero cuya crisis fue agudizada durante la administración de Donald Trump, personaje “proteccionista” que eventualmente ha caído en desgracia y sobre el cual todo mundo desea lanzar anatemas, merecidos e inmerecidos. Nosotros escribimos un artículo más o menos incisivo cuando aquel “hombrón” arrogante comenzaba a disfrutar de las enajenaciones del poder. No cuando cayó en desgracia.

A este problema complejo de la economía mundial, ha venido a sumarse el fenómeno de la pandemia, que según algunas redes sociales (bromas aparte) se originó en Honduras: “el único país en donde colapsó el sistema sanitario”. Porque de nada sirve aclararles a nuestros paisanos que los sistemas sanitarios se derrumbaron en todos los países poderosos del planeta, en tanto que muchas de las tecnologías de punta fueron concebidas para privilegiar el funcionamiento de algunos mercados. Pero casi nunca para favorecer a la humanidad. Tampoco sirve aclarar que la corrupción es inherente a los submodelos desregulatorios de las economías y las finanzas, tal como quedó demostrado durante la crisis financiera mundial desencadenada durante el año 2008, momento en el que decenas de millones de personas de clase media quedaron en las calles, por la práctica (típica de los “neoliberales” de diversos partidos) de sobreabusar de los fondos de jubilaciones y pensiones. Islandia, un país riquísimo, para solo traer un ejemplo, quedó quebrado en tres meses por causa de las desregulaciones incontroladas. Después de tales quiebras, unos pocos quedaron más archimillonarios que nunca.

El conflicto de los aranceles exorbitantes entre China Popular y Estados Unidos, ha sido aprovechado al máximo por las empresas navieras intermediarias, que han quintuplicado los costos de aforo, es decir, de embarque, transporte, desembarque y almacenaje. Varios dueños de estas empresas navieras que cruzan el océano Pacífico, son de diversas nacionalidades, especialmente del “Mundo Oriental”. Los efectos de corto, mediano y largo plazos podrían ser devastadores, en caso de dejar para más tarde, los correctivos neutralizantes. Para comenzar el transporte terrestre y sus contenedores, han quedado paralizados tierra adentro, especialmente en los Estados Unidos. Como consecuencia los productos se encarecen y llega la inflación. Pero quizás lo más desastroso, en el peor de los casos, serían las posibles hambrunas en los próximos años, por un bajón en la producción agropecuaria, de la cual se abastece, principalmente, la canasta básica de cualquier país del mundo, sea pobre, medio o poderoso.

He hablado en otro artículo del encarecimiento exponencial de los fertilizantes que necesitan los pequeños, los “micros” y los grandes productores agrícolas de Honduras y de cualquier otra región. Pero ocurre que también aquí reaparecen los oportunistas (o corruptos) aprovechándose de las falencias del modelo, o subsistema, en proceso de resquebrajamiento. En el caso de nuestro país hay una ley que establece que “no se deben cobrar aranceles” (o impuestos) a las semillas importadas. Sin embargo lo hacen, sin ningún pudor. No les importa el destino de nuestros agricultores, ni tampoco el destino de nuestra población, que vive de granos y de frutas y, de vez en cuando, de lácteos.

Por otro lado produce gran desazón (en el fondo de mi alma) que se hable de proyectos productivos nacionales sin capacidad de nuevas inversiones y de nuevas exportaciones. Un fuerte déficit en nuestra balanza comercial únicamente producirá desempleo, decrecimiento, caravanas hacia afuera y depresión económica. Un estadista chino (me resulta difícil recordar su época histórica específica) señalaba que muchos de sus paisanos vivían en un agujero, ignorando el resto del mundo. O se imaginaban que el cielo era del tamaño del agujero en el cual subsistían.

Sobre el conflicto de los aranceles me parece que tanto los dirigentes chinos como los norteamericanos deben anticipar que, al liquidar comercialmente a sus principales adversarios, al final se estarán autoliquidando ellos mismos. Es como perder de vista el equilibrio cuasi dialéctico del “Yin” y del “Yan”, y de otros saberes milenarios.

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