La Prensa Grafica

Zuliana Lainez fue nombrada en junio de este año como vicepresidenta de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) y en nombre de dicha organización visitó El Salvador para conocer la situación del gremio y determinar la forma en la que pueden ayudar desde el exterior.

¿Cuál es el contexto que maneja la Federación Internacional de Periodistas sobre el oficio en El Salvador?

Era fundamental venir porque cuando se mira hacia América Latina casi siempre los focos están puestos en México, como si solo pasaran cosas en México; o en Nicaragua, si hablan de Centroamérica. Se mira poco a El Salvador y probablemente se mira mucho menos a partir del 2019, porque hay una idea de que se está trabajando en temas de seguridad, que hay un mayor progreso… Como no hay asesinatos de periodistas y, por desgracia, esa es como la media que se utiliza para saber si hay riesgos a la actividad periodística o no, se invisibiliza un poco lo que está sucediendo. Gracias a la Asociación de Periodistas de El Salvador teníamos conocimiento de temas graves. Por ejemplo, el espionaje a periodistas. México y El Salvador tienen documentado el tema de espionaje a periodistas a partir de este software israelí llamado Pegasus. Por eso nos alegró mucho que 15 colegas de El Faro han llevado ante un tribunal federal en Estados Unidos a la empresa NSO. Vigilar a periodistas no solamente pone en riesgo la privacidad y la integridad del periodista en particular, sino que de hecho es un elemento que disuade a la fuente. ¿Qué fuente va a querer hablar con un periodista si sabe que al final, no por voluntad del periodista sino por injerencia de este tipo de software, se puede terminar relevando su identidad y el contenido de lo que pueda compartirle? El espionaje es algo que pone a El Salvador en el mapa mundial, porque aquí está probado que hubo espionaje a periodistas, no es una suposición, y ahora lo que hay que hacer es exigir responsabilidades.

¿Qué otros informes habían recibido previo a su visita a El Salvador?

Nos genera preocupación la alta estigmatización que hay hacia el papel de la prensa. Recibimos denuncias documentadas de que en las pocas veces en las que se brinda declaraciones a la prensa, el propio presidente Bukele y otras personas con responsabilidad de gobierno ridiculizan a periodistas que pueden llegar a hacer preguntas. El hecho de ridiculizar, desde quien tiene la más alta responsabilidad de la nación, es una afectación grave a la libertad de expresión, porque eso no se queda ahí, eso cala en la población y luego expones a riesgos a los colegas cuando tienen que salir a hacer alguna cobertura. Se exponen no solo a la agresión verbal, sino a la agresión física y ni qué decir a la sobreexposición en redes sociales, que por desgracia es algo cotidiano en el país.

Un 80 % de periodistas con los que he podido conversar habla de haber sido víctimas de ataques digitales, no solo de hordas de troles, sino que a eso se suman seguidores que tiene el propio presidente Bukele. El riesgo es cuando esa situación se empieza a normalizar, porque eso escala. Lo otro que nos preocupa son las reformas a normativas legales que están convirtiéndose en una amenaza sutil a la actividad periodística. Las reformas al Código Penal que criminalizan la actividad periodística, porque que a un periodista le prohíbas poder nombrar pandillas o maras o difundir información sobre esto te genera una censura previa y eso es atentatorio a la actividad periodística.

El Centro de Monitoreo de Agresiones a Periodistas de la APES documentó que 2021 fue el año con más agresiones hacia comunicadores, especialmente en redes sociales y hacia mujeres periodistas. ¿Qué piensa la FIP de esto?

Esa es una situación que no ocurre solo en Latinoamérica. En Reino Unido, España y Alemania se quejan de temas de ataques digitales con una variante de género muy bien identificable. Por eso la UNESCO y la propia Organización de las Naciones Unidas ha sacado recomendaciones enfocadas en ataques particulares a mujeres periodistas. Y el ataque siempre es sexista, o sea, a una mujer periodista no le atacan la investigación, no hablan del contenido de la investigación, sino que inmediatamente hablan de su vida personal o es un ataque sexista o hacen una degradación de su condición profesional o siempre está la amenaza directa de la violación sexual o el ataque a su familia.

Hay que trabajar temas de seguridad digital, pero hay que trabajar también temas de contingencia emocional porque estás sobre expuesto a este tipo de ataques de manera cotidiana, te desgasta y a lo que te lleva es a que las compañeras abandonen las redes sociales.

Hay instituciones gubernamentales que publican comunicados amenazantes en redes sociales contra medios y eso puede coartar o generar autocensura. Sin garantías, ¿cómo se puede contrarrestar esto?

Estas amenazas legales son contrariar a los estándares interamericanos. Una de las cosas que los jueces tendrían que tener bastante claro al momento de tomar decisiones judiciales son los estándares que marca la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Es bastante clara cuando se trata de notas que están vinculadas a quienes ejercen responsabilidad pública. Si los jueces no tienen esos patrones bien asumidos, de que hay que garantizar el papel de la prensa independiente, el sistema de justicia también está atentando contra la actividad periodística.

Me preocupa muchísimo además, y lo hablo como periodista, el papel que los empresarios de medios asumen en torno a estas situaciones. A veces nos gustaría decirles ‘oye, defiendan más a su gente. No optes por el tema de la mordaza, defiende el buen periodismo’. Escuchaba a colegas diciendo que a veces cuando están siendo acosados digitalmente o amenazados son los directorios de los medios los que les piden no denunciar por temor a incomodar más. Por eso así como le exigimos a los Estados que asuman su rol, la FIP también le pide a los empresarios que no dejen a los periodistas solos.

¿Quién es?
Zuliana Lainez Vicepresidenta de la FIP
Trayectoria: Es presidenta de la Asociación Nacional de Periodistas del Perú y trabajó para La República y Crónica Viva.

¿Qué propone la FIP en este trabajo en conjunto con APES para ayudar a los periodistas salvadoreños en la actual coyuntura ?

Es fundamental la articulación que se puede hacer con la comunidad internacional. Sabemos cuál es la postura del Gobierno respecto a la comunidad internacional porque nos llega información de cada descalificación que hace el gobierno salvadoreño a todo el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Pero la comunidad internacional es la comunidad internacional y El Salvador no puede quedar aislado del mundo.

El Salvador no va a sobrevivir si es una isla, necesita estar conectado y ese es el papel que nosotros podemos jugar con el Sistema de Naciones Unidas, visibilizando lo que está pasando aquí. Si podemos movilizar a comunidad diplomática en El Salvador para que asuman también un rol más garantista respecto a la actividad periodística y a la libertad de expresión, y si podemos llevar muchos de esos casos a tribunales internacionales, creo que estaremos contribuyendo primero a que los periodistas aquí no se sientan solos. Por lo que escuchamos y vemos nos damos cuenta que a partir del 2024 la cosa podría agudizarse, entonces es mejor actuar ahora. Porque si una sociedad se queda sin periodismo independiente la que paga la factura es la democracia.

¿Intentarán buscar alguna conversación con instituciones gubernamentales o con la Asamblea Legislativa?

En esta misión la idea era tomar un primer diagnóstico con nuestros colegas periodistas y con organizaciones de la sociedad civil y de la academia. Formalmente no hemos pedido ninguna reunión con un órgano de la institucionalidad, porque si no teníamos el diagnóstico inicial era complejo ir y sentarnos sin tener documentado lo que estaba sucediendo. Yo voy a llevar el informe de lo que hemos recogido y una vez tengamos este diagnóstico estoy convencida que la FIP se dirigirá al gobierno salvadoreño, primero porque los periodistas siempre tenemos este principio de notificar inicialmente a todas las partes en el proceso, y segundo para pedirle al gobierno que cumpla con su deber. No es pedirle un favor, sino que como Estado tiene responsabilidades asumidas en tratados internacionales que tienen que ver con temas de libertad de expresión. Estoy convencida que la Federación le dejará en claro que estigmatizar a periodistas es atentatorio a la libertad de expresión aquí y en cualquier lugar del mundo.

¿Hay algo que personalmente le ha causado más impactado al escuchar a los periodistas salvadoreños?

Hay una cosa que de hecho sí me ha impactado mucho porque creo que refleja una situación muy complicada. Puede sonar hasta algo superficial, pero es algo para nosotros de fondo y es escuchar a colegas decir de que ya una fuente normal, incluso para hacer una nota médica, no le contesta el teléfono. Eso me ha impactado, porque creo que en nuestros países, incluso en México con la situación que tienen, aún ahí las fuentes te siguen dando información. Que ya una fuente para hablar de temas de educación o para hablar de temas de la inflación no te quieran dar declaraciones me parece un indicador muy grave y me llevaba a preguntarme qué pasará cuando nadie nos quiera declarar nada porque tiene miedo de que su declaración salga publicada en un medio.

¿Cuál debe ser el papel del periodista salvadoreño ante la situación actual?

Hacer más y mejor periodismo. En estas circunstancias más periodismo y mejor periodismo es la solución. Escuchaba a periodistas acá decir que en algún momento tenían la sensación de que las fuentes daban información falsa para que tú publiques eso, y luego se venga encima toda la contraofensiva, para desacreditarlos. En estas circunstancias, necesitan que el principio de la rigurosidad no se permita ni un desliz. Aquello que nos dicen en la facultad sobre contrastar, hay que llevarlo a la enésima potencia. Ustedes tienen no sólo el deber de resistir todo el acoso que se está dando tanto en lo económico como en lo digital, o en lo gubernamental con tanta negativa de información, y parece que el oscurantismo está ganando la batalla, pero no hay que perder la brújula de lo que es el periodismo, que es estar al servicio de la ciudadanía. Nosotros nos debemos a la gente, no a otro poder fáctico.

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