Por: SEGISFREDO INFANTE

            Cuando todavía era adolescente logré comprar un pequeño “radio receptor” a fin de poder captar las noticias internacionales. Lo adquirí en las proximidades del Mercado San Isidro, en Comayagüela, por la cantidad de veinte lempiras. A media noche, o en la madrugada, captaba las señales de “Radio Nederlan” de los Países Bajos; la “BBC” de Londres; Radio Progreso (creo que de Moscú); Radio Pekín; “La Voz de América” y otras extrañas radioemisoras localizada alrededor del planeta. No quería, a pesar de mi corta edad y de mi inexperiencia, que segundas o terceras personas de por acá, me contaran los acontecimientos mundiales, fueran verdaderos, sesgados, exagerados o falsos.

            Entre otras cosas interesantes de aquellas emisoras lejanas (ignoro si todavía existen), es que contaban con programas en español. Varias décadas más tarde la doctora Ana Belén Castillo me obsequió un radio receptor, de tamaño minúsculo, que yo utilizaba, únicamente, para escuchar en los amaneceres “Radio Francia Internacional”, cargado de interesantes programas culturales. Por medio de este mecanismo me enteré, casi en tiempo real, de la destrucción terrorista, conmovedora, de una por una de las simbólicas “Torres Gemelas” de Nueva York, mientras esperaba, en una larga fila, un taxi colectivo.

            Pero lo que hoy deseo destacar es que por aquellos años los buenos locutores, radiales y televisivos, ofrecían las noticias internacionales con una gran calidad de voz, por muy graves que fueran los acontecimientos. Había modulación y prudencia, o ciertos límites impuestos por el sentido común, la educación, la elegancia y el deseo de nunca desequilibrar los nervios de las audiencias nacionales e internacionales. Era, a mi juicio, como un rasgo distintivo de aquellas finas voces y radioemisoras mundiales, a pesar de las fuertes diferencias políticas, ideológicas y geopolíticas de los países desde donde se emitían las señales. Otro rasgo distintivo es que por regla general se constreñían a informar sin imponer opiniones individuales, tal como lastimosamente ocurre en los tiempos que corren, en donde varios periodistas desean encajonar sus hipotéticos criterios, a expensas de los invitados, metiéndolos en encerronas en donde de antemano los coordinadores de los programas  radiales o televisivos pretenden exhibir la “razón” en todo, aun cuando estén parcialmente desinformados respecto de aquello que vociferan. O aun cuando sólo estén repitiendo las modas impuestas desde afuera o desde adentro, sin poseer ningún criterio epistemológico acerca de los entramados íntimos; o de las consistencias o inconsistencias de tales modas. Parecieran ignorar que con estas prácticas le hacen un enorme daño al conocimiento en general y a la sensibilidad de la gente humilde en particular, sin medir las consecuencias autoliquidadoras que repercuten sobre cualquier sociedad.

            Naturalmente que ha habido, y siguen habiendo, algunas excepciones de la regla, tanto en lo positivo como en lo negativo, en tanto que todavía perviven algunos periodistas y conductores de programas bastante equilibrados, aun cuando parecieran predominar (espero equivocarme) los ruidosos, los sensacionalistas y hasta los desequilibrados, que le infieren mucho daño a las audiencias de adentro y de afuera de sus propios países. Incluso se hacen daño ellos mismos. No se dan por enterados de las señales altamente negativas que emiten desde las entrañas de sus propias personalidades. Y lo doloroso es que casi nadie les reclama nada, quizás por aquello de la reducción de los conocimientos de cultura general, a nivel mundial, que experimenta la mayor parte de la población que es víctima de cualquier amarillismo, sobre todo en las descontroladas redes sociales, en donde suele imperar la ofensa y la distorsión de los sucesos. También hay cosas edificantes, debemos reconocerlo, en esas redes sociales. (Pero, a propósito de este grave mal del siglo veintiuno, el poeta y ensayista hondureño Enrique Cardona Chapas, acaba de publicar en el número veintiséis de la “Revista Histórico-Filosófica Búho del Atardecer”, un interesante artículo de fondo titulado “Contra el Insulto”).

            En otros tiempos fui un “auscultador” de noticias y opiniones, especialmente internacionales, y también, podría decirse, soy ya un viejo lector de libros, periódicos y revistas. Varias veces, con sólo leer los titulares (nacionales o mundiales), me doy cuenta de las intenciones sensacionalistas o amarillistas de algunos de sus redactores, que están obedeciendo o simpatizando con ciertas líneas de turno. He tenido también la oportunidad de revisar documentales viejos a fin de comparar. Recuerdo las noticias relacionadas con la crisis mundial de los misiles atómicos instalados en Cuba en el contexto de octubre de 1962. Aquella circunstancia, en verdad, era extremadamente grave, pues ponía en peligro real la sobrevivencia de la especie humana. Sin embargo, los locutores radiales y los periodistas televisivos fueron moduladamente prudentes. Desarrollaron sus noticieros según fueran apareciendo los sucesos, con limitado nivel de rumores. Por aquellos mismos días, también, daba mucho gusto escuchar a los comedidos locutores hondureños.

            Tegucigalpa, MDC, 22 de diciembre del año 2019. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el jueves 26 de diciembre de 2019, Pág. Cinco). (Igualmente se reproduce en el diario digital “En Alta Voz” y diario digital “El Articulista”).

 567 total views,  1 views today

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here