Esta semana se desarrolló un encuentro entre pobladores, aglutinados en la Red de emergencias y solidaridad del valle de Sula (REDES-VS), con miembros del recién creado Instituto para la Prevención y Desarrollo del Valle de Sula, y con regidores y regidoras de 9 alcaldías de la región, entre ellos el alcalde de San Manuel, en su condición de presidente de la mancomunidad de municipalidades del valle de Sula.

Los liderazgos comunitarios presentaron sus preocupaciones, ya que los destrozos del paso de los huracanes Eta y Iota están muy vivos en la infraestructura comunitaria, así como en la mente y corazón de la población. Las preocupaciones aumentan porque la gente sabe de las calamidades financieras que heredó el nuevo gobierno, y también les preocupa las migajas presupuestadas para los bordos.

Esta región si bien es la más rica del país, fue la más golpeada con el paso de los huracanes, la pandemia y el abandono por la narco-dictadura. Actores públicos y privados reconocen la región como el pulmón económico del país y todos coinciden en que el problema central es su vulnerabilidad ambiental.

Sin embargo, su valor estratégico desaparece al momento de hacer el presupuesto, por eso nos preguntamos ¿cuánto vale el valle de Sula para el gobierno central?

Un consenso que salió de las distintas voces es la necesidad de una respuesta integral, para la que se requiere de al menos cinco componentes: uno, construcción de embalses diseñados para almacenar agua que sirva para alimentar sistemas de irrigación agrícola; dos, reparación y construcción de bordos del río Ulúa y Chamelecón y todos sus canales de alivio; tres, dragados de ambos ríos; cuatro, campañas de reforestación en la cuenca alta media y baja de ambos ríos; y cinco, una política de construcción de viviendas tipo barracón como lo hizo la empresa bananera.

El encuentro es esperanzador y hacer pensar que por ahí va el camino de salida a la crisis del valle. Normalmente la gestión de estas se ha quedado en círculos de políticos, empresarios y en unos poquitos líderes comunitarios que se convirtieron en mercenarios de las comunidades. El gobierno está comenzando, así como está naciendo el Instituto para la Prevención y Desarrollo del valle de Sula, ambos representan una oportunidad para hacer las cosas diferentes. Una oportunidad que puede ser capitalizada estableciendo una mesa interinstitucional con todas las fuerzas sociales del valle, desde donde se gestione un estudio y propuesta integral de la gestión de riesgo, y donde se definan las inversiones en el corto, mediano y largo plazo. Un espacio donde las comunidades tengan voz y voto en las decisiones que se tomen. Ahí subyace el poder de la ciudadanía y del gobierno. Por ahí va el camino de la transición soñada y por ahí va la vida querida de nuestra gente.

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