La pobreza es el indicador que se disparó en la última década, a una velocidad que solo es comparable con la concentración de la riqueza en pocas manos. Según datos de Instituto Nacional de Estadística casi tres cuartas partes de la población están viviendo bajo la línea de la pobreza, mientras que la revista Forbes de 2019 destacó que cinco personas en Honduras concentraban una riqueza ocho mil seiscientos millones de dólares.

Esta semana celebramos el Día internacional por la erradicación de la pobreza, un flagelo que amenaza la vida de nuestra gente, y aunque las estadísticas son frías es importante compartirlas para dimensionar el sufrimiento de millones de hombres y mujeres que arrinconados por el hambre no tuvieron otro camino que salir huyendo a buscar nuevos horizontes donde salvar sus vidas y la de sus seres queridos.

Estos días la Presidenta Xiomara se lució con su discurso, sobre la Seguridad Alimentaria en la sede de la FAO, es un buen signo que haya claridad al menos en ideas sobre la ruta que debemos seguir para hacerle frente a este flagelo, ya que heredó un país abatido por el hombre. Poder darle de comer a sus hijos es uno de los sueños de los hondureñas y hondureñas expresado por primera vez en el Sondeo de opinión pública del Equipo de Reflexión Investigación y Comunicación.

La pobreza y la corrupción son el binomio que hunde el país cada día. Según datos oficiales de 2001 a 2017 el Estado de Honduras invirtió 425 mil millones de Lempiras en la estrategia de combate a la pobreza, sin embargo, hoy estamos más pobres que hace 20 años. La pregunta obligada es dónde fue a parar ese montón de dinero.

Una estrategia de combate a la pobreza, el primer lugar pasa por una estrategia real de combate a las estructuras de corrupción instaladas en el régimen anterior, y para este negocio es determinante la instalación de la Comisión Internacional de Combate a la Corrupción y la elección de magistradas y magistrados que hagan rupturas con las elites corruptas del país.

En segundo lugar, el combate a la pobreza pasa por no quedarse en el asistencialismo. En paralelo a las bolsas solidarias se requiere de condiciones de trabajo y salarios dignos, vivienda segura, acceso a la alimentación, acceso a la justicia, a la atención médica y educación de calidad. No solo hablamos de las necesidades básicas, son los sueños de la sociedad hondureña. Trabajar en ello hará la diferencia entre el buen discurso y las prioridades presupuestarias de la administración de la primera mujer que lidera Casa Presidencial.

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