¿Cuándo y bajo qué condiciones se pueden dinamizar los procesos emancipadores? Cuando la gente angustiada se encuentra con otras gentes en iguales condiciones, toman conciencia de ser oprimidas, identifican a quienes les oprimen, y entre todas buscan respuestas organizadas para pasar de peores a mejores condiciones de vida.

Cuando se emprende este camino, es muy difícil que las personas se dejen llevar por válvulas de escape. En su lugar, nacen la organización, la cooperativización, la presión, demandas y propuestas hacia quienes conducen el Estado y la economía. Lo mismo puede ocurrir cuando la población campesina no tiene tierra o la tierra ha sido acaparada por terratenientes. La negación de la tierra y la concentración de la misma, puede ser un factor movilizador si la población campesina toma conciencia de ser oprimida y se convence que nadie de arriba le dará solución a sus problemas, si no es con la lucha y la presión organizada.

Necesitamos válvulas para canalizar nuestras energías, esto es cierto. Construir válvulas que no sean de escape, sino canalizadoras positivas y creativas de energías acumuladas, es una gran tarea política. Ningún proceso de cambio hacia la ruptura con las válvulas de escape será posible mientras persistan las condiciones de precariedad económica, social, ambiental e institucional que siempre mantendrá a la sociedad en estado sistémico de subsistencia, estado que crea todas las condiciones para que se disparen las válvulas de escape.

Honduras ha carecido de un modelo propio, interno de desarrollo o de bienestar. El enclave bananero sentó las bases para un modelo definido desde el exterior, sin contar con la población y con frecuencia en contra del bienestar de la gente. Y desde entonces se ha dependido de fuerzas externas y nunca se logró un proceso de búsqueda de propuestas nacidas desde dinámicas internas. La sociedad, desde sus diversos liderazgos, se conformó con arañar apoyos y ayudas que vienen de afuera del país.

Hemos acabado aceptando casi como destino vivir en estado de sobrevivencia, y mientras esto persista no habrá manera de reorientar las válvulas para que dejen de ser de escape. El estado de sobrevivencia encierra a la gente en sus afanes individuales, y la desentiende de la atención ante los problemas comunes. Romper con los dinamismos que producen estado de sobrevivencia e invertir en procesos de formación y conciencia ciudadana, son tareas políticas ineludibles para la transformación nacional.

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