Confidencial Digital

América Latina suma 37 asesinatos contra periodistas hasta noviembre pasado, según la Relatoría para la Libertad de Expresión, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Es la cifra más alta desde 1998.

En una región cruzada por distintas amenazas, entre ellas la del crimen organizado o del autoritarismo siempre presente en nuestra historia, Leopoldo Maldonado, director regional de Artículo 19, identifica a la “gobernanza criminal” como la principal amenaza del oficio de informar.

Artículo 19 es una de las más grandes e influyentes organizaciones en defensa de la libertad de expresión. Desde México, donde ha sido objeto de estigmatizaciones de parte del presidente Andrés Manuel López Obrador, Maldonado y su equipo tiene puesto el foco en una región en que los poderosos usan distintos métodos para acallar al periodismo: el más violento el crimen, y también menciona el exilio.

Actualmente, veinte medios y más de 150 periodistas de Nicaragua trabajan desde el exilio, producto de las agresiones directas de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. 

“Los autoritarios colocan al periodismo como un enemigo. El caso de Ortega y Murillo es el caso más doloroso de la región, pero desafortunadamente no es el único. El autoritarismo cunde como una pandemia y tenemos fuertes regresiones”, lamentó Maldonado en esta entrevista con CONFIDENCIAL y el programa Esta Noche, que se transmitirá este miércoles 14 de diciembre.

Maldonado felicitó al equipo de CONFIDENCIAL por ganar el tercer lugar del premio en la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación (COLPIN) por una investigación sobre la red empresarial de los Ortega-Murillo.

La CIDH publicó los datos de cómo termina el año con 37 homicidios de periodistas, ¿quiénes son los responsables de esta violencia?

En países como México, Guatemala, Honduras o Haití uno podría pensar que es el crimen organizado que tiene un basamento, o una interacción muy aceitada con los aparatos de Estado, los políticos locales o los políticos a nivel nacional. Sí es el crimen organizado, pero justo en contubernio con estos aparatos políticos o caciques locales. A eso se suman grupos de poder económico, incluso legales, formales, que tienen intereses. Nosotros le hemos llamado la gobernanza criminal. 

Si hacemos un acercamiento al número de agresiones que reciben los periodistas que cubren temas de corrupción y política, por mucho superan a los que cubren la fuente de seguridad o nota policíaca. Son primordialmente los periodistas que cubren temas de corrupción y política porque ahí están estas estructuras que ya te he mencionado.

¿Es esta la principal amenaza al periodismo en este momento?

Ahí suscribimos lo que ha dicho la Comisión Interamericana de Derechos Humanos: matar a una persona por lo que recopila, piensa, y por lo que dice, es la forma más brutal de censura, de antidemocracia. Podrán no estar de acuerdo, podrá incomodar lo que se dice, pero ya halar un gatillo, acabar con una vida por estar publicando, evidentemente da cuenta de la degradación social y del Estado democrático de derecho en nuestros países en América Latina. 

Porque además de eso viene la compañera de estos asesinatos que es la impunidad, una impunidad del 98% que inicia otra vez el ciclo. A mayor violencia, mayor impunidad; manda el mensaje de que (se) puede seguir cometiendo estas atrocidades. 

Artículo 19 denunció la semana pasada al presidente López Obrador por agresiones, ¿cómo influyen en los ataques a la prensa este discurso estigmatizante de los gobernantes?

A las viejas formas de autoritarismo y censura que desafortunadamente nos tienen bien acostumbrados en la región se suman estas nuevas. Estas nuevas formas que parten de la idea de que los jefes de Estado son víctimas, así de absurdo, del periodismo, del escrutinio público, la ciudadanía, de la sociedad. Ellos se hacen las víctimas y por eso se sienten—aunados a popularidad o presunta popularidad que algunos quizás ni la tengan tanto—, por eso se lanzan contra la población moviendo estos viejos resortes, esta vieja desconfianza contra la prensa. 

La meten a toda en un mismo costal como si todos los periodistas trabajaran en los mismos consorcios o fueran parte de las mismas empresas que tradicionalmente han vendido sus líneas editoriales al poder, pero aprovechan muy astutamente ese agravio social, descontento hacia el trabajo de cierto periodismo y comienzan a hostigar a la prensa: vendida, sicaria, chayotera como le dicen acá en México a la que recibe coimas

A nosotros, como organismo de la sociedad civil, el presidente (López Obrador) nos ha atacado. Ha dicho que somos del bloque conservador. A tal grado ha escalado esto que sus seguidores más cercanos dicen que somos golpistas. Lo delicado de todo esto: o no miden sus palabras, las implicaciones políticas y legales que tiene decirle a alguien golpista. O si la miden y lo que quieren son las consecuencias fatales.

En Nicaragua, el discurso del gobernante ha estigmatizado y perseguido a los medios de comunicación independientes. Actualmente hay 20 medios y más de 150 periodistas en el exilio, ¿cómo valorás la calidad de este periodismo?

Es un periodismo necesario, urgente, valiente. Por cierto, muchas felicidades a tí y ustedes por el premio que recibieron hace un mes en la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación. Ese es el periodismo que necesitamos, que se está haciendo contra viento, fuego y marea. Los autoritarios no entienden de eso, más bien, colocan al periodismo como un enemigo. El caso de Ortega y Murillo es el caso más doloroso de la región, pero desafortunadamente no es el único.

El autoritarismo cunde como una pandemia y tenemos fuertes regresiones en materia democrática. Lo que se está haciendo desde el exilio, lo que están haciendo ustedes desde el periodismo nicaragüense es necesario… sin perder la seriedad, la imparcialidad, pero siendo claros que la realidad se impone y no se trata de ser condescendiente ni hacerle concesiones al poder porque no le gusta la crítica.

Muchas gracias por las felicitaciones al equipo de CONFIDENCIAL, queremos preguntarte: ¿qué pasa cuando estás en situaciones como Venezuela y Cuba donde no hay un Estado de derecho que proteja el ejercicio del periodismo?

En el caso venezolano y cubano son regímenes que aniquilan moralmente al periodismo. Lo anula por completo. Cuba esta práctica ya recurrente del arraigo domiciliar. Pero además también todos los actos de repudio, cómo movilizan a la población misma para someter al ostracismo social a la prensa y a los y las periodistas críticos. Los amedrentan. Los excluyen, rompen sus redes de apoyo. Eso al final de cuentas es una muerte social. El exilio igual, Octavio.

El exilio lo que pretende es quebrar, lo que rompés es el tejido comunitario, vulnerarlos en su psiquis. En su economía, por supuesto. No solo a quienes están sujetos a estas presiones como El Faro en El Salvador, ustedes en Nicaragua, sino tiene un efecto expansivo, de irradiación en cadena. Cuando matan a un periodista en Tamaulipas, México, los demás periodistas se callan. Cuando alguien de Nicaragua sale, se empiezan a callar los demás.

¿Qué dirías del caso de Guatemala donde se fabricó un caso contra el periodista José Rubén Zamora?

Es un pésimo precedente, ya veíamos venir esta situación con lo que se ha llamado el regreso del pacto de corruptos o el pacto de los corruptos 2. Esta persecución descarnada contra periodistas, activistas y ahora también contra operadores judiciales llámese jueces, fiscales, que colaboraron o se nutrieron en los casos en contra de los genocidas militares, de la asistencia técnica de la ya desaparecida CICIG. Hay una revancha, hay una resolución de acabar con todos estos operadores judiciales y con los periodistas democráticos. El caso de El Periódico y José Rubén Zamora es atroz.

Junto a este escenario adverso para la prensa en la región, también hay una avalancha bastante marcada de desinformación, ¿pueden las redes ayudar frente a este problema?

Es muy complejo, porque hay quienes satanizan a las redes y dicen que son las fuentes de la desinformación. Hay quienes creemos que las redes son lo contrario. Tienen un enorme potencial democrático. Hacen falta muchas cosas. Por supuesto que, desde Artículo 19, no estamos de acuerdo en las intentonas regulatorias de internet, porque llevan trampa, quieren imponer la censura en el ámbito digital. 

Efectivamente hay grupos de poder político, económico, religioso incluso que han aprovechado la potencialidad de Internet, de llegar a millones de personas, de las redes sociales, sobre todo, para difundir mentiras. Para desinformar. 

Lo que sí hay que cuidar y hay que desnudar, justo desde el periodismo de investigación, son estas redes de desinformación y de ataque que operan no solamente en nuestros países, sino a lo largo y ancho de América Latina y que son patrocinadas por los gobiernos. Ese es si es un tema que se puede sancionar porque es una desviación de recursos. Está penado todavía.

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